Pedagogía y didáctica en el mundo de las gallinas

Les comparto este relato de María Barrera de Aragón, sobre la maternidad de las gallinas y la vida cotidiana entre humanos y no humanos. Espero que la disfruten mucho, tanto o más que yo. Saludos amigos cibernautas 🙂

Reflexiones de María Barrera de Aragón

María Barrera de Aragón

Tengo la enorme fortuna de vivir en una casa rural. Este pequeño espacio en la superficie terrestre, lo hemos convertido es un territorio amigable para los animales. Tenemos varias gallinas y gallos, dos perritas labrador (Tora y Dana) y una gatica criolla y multitud de aves silvestres como torcazas, canarios silvestres, azulejos, petirrojos, y muchos más típicos de la región.

La gatica que llamamos Tobita, apareció siendo bebé en la portada, la adoptamos y desde ese día recibe el mismo tratamiento que las perritas. Es una gatica muy simpática y por demás, bastante pilla se la monta a las perritas, una de ellas no le brinda ni la menor atención, a pesar que Tobita le pasa la cola por la cara, le salta encima, le agarra la cola. Para Tora es como si la minina no existiera, Dana le responde y le pega sustos, que la…

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Proceso de arbitraje para la publicación en una prestigiosa revista, a través de un intercambio de correos electrónicos

Rosa Patricia Quintero Barrera

Este relato es ficticio, de un intercambio de correos electrónicos, entre Lluvia del Trópico que decide aceptar la invitación del Equipo Editorial de la revista “Somos los más” para presentar su ensayo titulado “¿Cómo salir exitoso en la evaluación editorial de una prestigiosa publicación académica?”. Con la investigadora interlocutan: Raimundo de Las Pléyades, Director Editorial; Estrella Plus Recontramillennial, Asistente editorial y Faustino de la Espriella, Asistente de la Asistente Editorial.

— Estimada Lluvia del Trópico, el Equipo Editorial de la revista “Somos los más” la invita a participar en la convocatoria de artículos de investigación acerca de la publicación y del proceso editorial, para el Vol. 22 Nº1 de 2020. Adjuntamos las bases de la convocatoria en este correo. Atentamente, Raimundo de Las Pléyades, Director Editorial.

Lluvia del Trópico ya tenía listo un ensayo sobre ese tema, ya que correspondía a su área de investigación. Reestructuró su escrito de acuerdo a los términos de la convocatoria y les envió su texto por correo electrónico, para someterse al arbitraje de la Revista “Somos los más”. Al no recibir respuesta:

— Apreciado ​Raimundo de Las Pléyades, espero que se encuentre muy bien. Le escribo para preguntarle por el resultado de la evaluación de mi ensayo “¿Cómo salir exitoso en la evaluación editorial de una prestigiosa publicación académica?”, que presenté a la Revista “Somos los más”. Muchas gracias por su respuesta.

— Estimada Lluvia del Trópico, su artículo aún se encuentra en proceso de evaluación por parte de pares. Esperamos que a más tardar en diez días le podamos comunicar un resultado del proceso de evaluación. Seguimos en contacto.

A los treinta días, por fin llegó la respuesta:

— Estimada Lluvia del Trópico, agradecemos la confianza depositada en la Revista “Somos los más” al proponer su artículo. De igual manera, le comentamos que el proceso de evaluación interna ha concluido, afianzando el siguiente veredicto:

a. La publicación de la Revista “Somos los más” en este momento fija su atención en la predilección de artículos que dialoguen la teoría con la experiencia de campo. Su ensayo no profundiza ni en lo uno, ni en lo otro.

b. Debió contar con otros referentes empíricos, aquellos en los que sustenta su trabajo de campo no los consideramos adecuados. Lo mismo ocurre con sus recursos teóricos y metódicos. Su análisis funcionalista, sí llegara a serlo, lo evaluamos como obsoleto.

c. El resumen propuesto no da cuenta del desarrollo real del texto.

d. Sí el resumen está mal, el abstract también. De paso las keywords debe ajustarlas.

e. Con respecto al breve análisis histórico que presenta, tampoco corresponde. En atención a nuestra infinita generosidad y con el ánimo de que mejore su escrito, le adjuntamos al presente correo electrónico, treinta archivos (libros, ensayos y algunas enciclopedias); con el fin de que los estudie concienzudamente y los incluya en su intento de análisis. En lo posible, pero insistimos en ello, recalque en la citación de nuestros propios textos, que seguramente le darán las luces que usted necesita en su “ensayo”. Cabe anotar, que este aspecto lo revisaremos con lupa en el archivo que nos retorne.

f. Usted utiliza el concepto de escritura científica sin darle un cuerpo teórico que lo sustente y lo enmarque en la discusión del artículo. Es decir, usted no dice nada.

g. Por último, nos parece inadecuado su análisis acerca de los procesos de arbitraje por parte de las Revistas académicas. Precisamente, aquello que caracteriza al sistema de evaluación editorial en el país es nuestra insistencia en apoyar la investigación y su divulgación, especialmente de los colegas amigos nuestros; lamentamos que usted no forma parte de nuestro exclusivo grupo “La rosca de la alteridad” avalado por Colciencias.

h. Olvidamos decirle que su texto presenta: redundancias, cacofonías, extensión de citas y epígrafes, está mal redactado; y la referenciación según el manual de estilo de la Universidad de Chicago, tampoco aplica.

Por los anteriores motivos, creemos que el artículo no cumple a cabalidad con los requerimientos del dossier “publicación de artículos y del proceso editorial”. De nuevo, agradecemos su colaboración y esperamos contar con usted para una próxima ocasión. Cordialmente, Estrella Plus Recontramillennial, Asistente editorial.

— Apreciada Estrella Plus Recontramillennial, agradezco mucho su respuesta y encuentro muy interesantes y oportunas las sugerencias, por supuesto las tendré en cuenta. De nuevo, le agradezco su tiempo y me complace formar parte de este riguroso proceso de evaluación. Qué tenga una buena tarde.

Entonces Lluvia del Trópico se dedicó a estudiar la bibliografía recomendada para revisar su propia disertación y realizar los debidos contrastes argumentativos. Envió su nueva versión, y al paso de los días:

— Estimada Lluvia del Trópico, lamento la demora en dar respuesta a su correo. Hemos recibido su nuevo texto, que la verdad nos dejó perplejos, más que en su primer envío. Ahora decidió incluir unas referencias bibliográficas que no sabemos de dónde las sacó. Notamos que nos cita repetidamente, desdibuja y malinterpreta nuestros sorprendentes hallazgos científicos sobre el tema. Es más, diríamos que usted nos involucra en chismes. Por favor, no nos quite más tiempo. Su “ensayo” es rechazado absolutamente por la Revista “Somos los más”. Ahhh, y aprovechamos para decirle que pronto cambiaremos de nombre, en breve nos encontrará  por “Revista de los Excelsos de la Neo-Ilustración Poscolonial”. Con respecto a la posibilidad de presentar de nuevo su investigación, existe la oportunidad de acomodarlo a la temática de la siguiente convocatoria: “Enredos y trabas editoriales”. Esta convocatoria ya cerró, pero recibimos artículos hasta finales de agosto. Adjunto la propuesta de la convocatoria para que considere su interés. Cordial saludo, Estrella Plus Recontramillennial, Asistente Editorial.

— Apreciada Estrella Plus Recontramillennial, recibí con mucho gusto y disposición académica las dos evaluaciones de los pares, las estudié con detenimiento y ajusté mi ensayo de acuerdo a las sugerencias que estimé pertinente para mi artículo; porque como autora de ese escrito tengo autonomía en las fuentes bibliográficas y en los ejes analíticos, igual que cualquier autor. Mi escrito es original, producto de mi experiencia y del análisis juicioso de los autores que tuve a bien examinar. Entiendo que en el ejercicio académico se tiene libertad para dialogar teóricamente con los autores que se considere adecuado; que no se trata de citar por citar, sino de exponer unos argumentos que para quien escribe en principio tienen relevancia, y que sean claros para quien lee.

Es obvio, que todos los análisis pueden ser complementados, eso es inobjetable. Ninguna obra está terminada, siempre queda algo por decir, precisamente ese es el ejercicio intelectual y académico. Desarrollar algunos de los aspectos que ustedes recomiendan, amerita otro ensayo y quizá a dos manos, con un ingeniero mecánico cibernético. Mi escrito es un ensayo, parte de una investigación -como todos los ensayos-, o de dónde resulta un ensayo. El estudio antropológico es muy solvente, ¿desde cuándo el hecho de no enfatizar en la etnografía al estilo de Malinowski desvalida el desarrollo de un ensayo? En fin, no me alargo más. No dejo de desconcertarme con su proceso de arbitraje. Sí bien no es de su interés considerar mi ensayo, no es necesario minimizar mi análisis de semejante modo. Saludos.

— Estimada Lluvia del Trópico, agradecemos su participación en la convocatoria de artículos de investigación para la edición Vol. 22 Nº 1 de 2020 de la Revista “Somos los más”. Hemos seguido el proceso editorial de evaluación de su artículo, y aunque consideramos que sus aportes investigativos son significativas, el texto aún requiere de varias revisiones importantes. Si decide no acoger las observaciones y sugerencias, tanto de los pares como del equipo editorial, comprenderemos y lamentaremos el retiro de su artículo de la revista. Esperamos poder contar con su participación en una próxima ocasión. Cordial saludo, Faustino de la Espriella, Asistente de la Asistente Editorial.

“¿En qué momento nace verdaderamente un libro? ¿Al ser concebido? ¿Cuando se escribe? ¿Al publicarse? ¿O más bien, sólo hasta el final de su sendero, cuando el lector lo descubre, lo lee y se reconoce en él? Eligio García Márquez

Del anterior relato, queda claro que los procesos para divulgar los resultados de una investigación, no son sencillos ni halagadores. Que también la interpretación y la vivencia del suceso depende desde dónde se mire: Quien escribe, generalmente lo hace a solas, interlocuta con sus hallazgos empíricos, sus maneras de abstraer, de relacionar la teoría; además de sus filiaciones institucionales, sus capacidades de escritura y de análisis crítico. Quienes evalúan, son expertos de acuerdo a los componentes de un proceso editorial y a los intereses de las instituciones académicas que los avalan. Contamos con muchos manuales para redactar y publicar, pero entre leer uno de ellos, o asistir a un curso, y llevar a la práctica sus enseñanzas, existe una enorme brecha.

Como canta Joan Manuel Serrat, caminante, no hay camino, se hace camino al andar, se aprende a escribir, escribiendo; y a publicar, publicando. No aporta mucho asumir un rol de reclamo o de beligerancia con los cuerpos editoriales, ya que quien somete su producción intelectual al arbitraje editorial está, justamente eso -sometido- a los resultados de las evaluaciones de los pares. Lo importante es obtener provecho de los fracasos, volver a revisar las sugerencias de los expertos que han asumido el papel de evaluadores, por remisión de los consejos editoriales de las revistas. Lo más razonable sería analizar los ejes argumentativos, rehacer el escrito; quizá presentarlo a otra publicación. Pero, no morir en el intento, ni dejarse apabullar; menos suicidarse en el árido campo de la escritura y de la publicación. Al contrario, volverlo a intentar. Nadie se las sabe todas. El ejercicio académico se sustenta en la permanente construcción y deconstrucción como diría Derrida.

“¿Funciona realmente el sistema de arbitraje? Según Bishop (1984), «la respuesta a esta pregunta es un resonante ¡sí! Todos los directores, y la mayoría de los autores, dirán que sería difícil encontrar algún trabajo publicado que no haya mejorado, a menudo considerablemente, como consecuencia de las enmiendas sugeridas por los árbitros»” ( Citado en, Day, 2005, P. 117).

Aunque como lo señala Lluvia del Trópico en su última comunicación: Entiendo que en el ejercicio académico se tiene libertad para dialogar teóricamente con los autores que se considere pertinente; que no se trata de citar por citar, sino de exponer unos argumentos que para quien escribe en principio tienen relevancia, y que sean claros para quien lee, los evaluadores deben partir del mismo punto de fuga analítico que se propuso el autor evaluado y propender porque el escrito mejore en sí mismo. No exponerlo a otro ámbito de discusión, que tal vez daría para construir otro ensayo. No olvidar la deontología inherente a las publicaciones, dar espacio a que investigadores que no forman parte de su propio circulo de amigos y de sus universidades, puedan divulgar sus resultados de investigación; por supuesto, en el caso de que el texto aplique a los términos de la convocatoria. En algunos casos el artículo es medido por el tamiz de la bibliografía, ya lo señaló Gabriel Zaid (2005) “Cítame, que yo te citaré: éste parece ser uno de los mandamiento centrales de la colmena intelectual, cada vez más parecida a un intrincado laberinto de citas infinitas”. En el gremio académico prima la competencia, la adulación, el egocentrismo, el intercambio de beneficios. Es necesario evidenciar el producto del propio capital cultural, para representarse en las fronteras sociales, es una cosificación del intelecto y de la innovación investigativa para estar acorde a las jerarquías de Colciencias y a las exigencias de las instituciones educativas.

“El ensayo no es un artículo, ni una meditación, ni una reseña bibliográfica, ni unas memorias, ni una disquisición, ni una diatriba, ni un chiste malo pero largo, ni un monólogo, ni un relato de viajes, ni una seguidilla de aforismos, ni una elegía, ni un reportaje, ni… No, un ensayo puede ser cualquiera o varios de los anteriores” Susan Sontag

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Referencias

Day, Robert A. (2005). Cómo escribir y publicar trabajos científicos. Washington: Publicación Científica y Técnica No.598.

Sontag, Susan. (1997). El hijo pródigo. Revista enero-febrero. Bogotá.

Zaid, Gabriel. (2005). Nota al pie de las notas al pie. Revista El Malpensante Nº 62. Bogotá.

Cultivos de mujeres afrodescendientes en las zoteas

Rosa Patricia Quintero Barrera

Doña Carmen recomienda hacer la zotea alternando cuatro horquetas con otros palos de guayacán atravesados y se echan en la tierra. Encima le colocan hoja de colino, amargo o platanillo para que el piso de la estructura quede junto. También recurren a la palma de chontaduro, montada en una horqueta o champa (canoa) en el Atrato.

El tamaño depende de las necesidades y del espacio disponible fuera de la casa. En algunas ocasiones la instalan en una olla vieja. Si la zotea es grande, quizá más de un metro y medio, utilizan una escalera para acceder a los cultivos. Si el tamaño lo requiere, los hombres se encargan de construirla. Las mujeres siempre se disponen a sembrar y a cuidar las plantas.

Los sembradíos alternan entre alimenticios, medicinales, para riego y para tener bebedizos en el caso de que alguien se enferme. La cantidad y la variedad de especies sembradas se ajustan a lo que se quiera y se pueda, dice doña Carmen. Prefieren el cultivo de tomate, pimentón, orégano, poleo, cebolla larga, pepino, cilantro de hoja más ancha porque es la más olorosa y albahacas de los siete tipos. Ella recalca que de cada planta existen siete variedades, que sólo crecen en el litoral Pacífico colombiano. También siembran plantas de remedio como toronjil, menta, yerbabuena y paico para las lombrices y las plantas para untarle al niño cuando se le cae el ombligo. La yerbasanta es buena para estudiar y para riego sirve la morada y la santísima que son más olorosas.

Al recordar sus cultivos en tierra chocoana, ella siente tristeza y dice que para construir una zotea en su casa de Soacha necesitaría conseguir una tabla que allí es imposible de adquirir. Sin embargo, doña Carmen,  ha acondicionado un pequeño cultivo en el suelo del patio, porque aquí no hay cómo hacerla. Es claro considerar que las mujeres quisieran tener sus cultivos adaptados al nuevo ámbito urbano, que les proporcionaría un gran apoyo alimenticio y simbólico, sobre todo ante la carencia económica y los límites para acceder a estos productos.


Inmensa gratitud a, 

Hilda, Josefina, Azael, Fanny, Sky, Samuel, Nurys, Elsa, Consuelo, Amanda, Francisco y Félix; habitantes de los Altos de Cazucá, quienes entre el destierro rehacen su propia historia.

Año viejo, año nuevo

De acuerdo al calendario gregoriano que rige en casi todo el mundo, el año se termina en 31 de diciembre. Para los chinos el 2020 iniciará el 25 de febrero y será el año de la Rata de metal. El final de cada año es un momento cargado de simbolismos de acuerdo a los contextos culturales. Una tradición que se resalta en Latinoamérica es la del “Año viejo”: Un muñeco elaborado generalmente con ropa vieja, inspirado en personajes del mundo político y social reconocido, y que genera impacto de renovación, cambio, expectativas para las personas. Aunque en el presente se encuentra prohibido, aún en algunas partes de Colombia, en particular zonas rurales y ciudades intermedias se acostumbra a llenarlo con pólvora, para ser prendido justo a las 12 de la noche.

La tradición del año viejo nos hace pensar en aquello que se quiere dejar atrás. Es una especie de catarsis que elimina lo malo, desagradable y desafortunado del año que termina; y los nuevos propósitos para el que comienza. Cuando deseamos “Feliz año”, hacemos una alegoría a los buenos augurios. Por eso, la intencionalidad de muchos de los rituales que algunos suelen hacer: usar ropa interior amarilla o roja, comer 12 uvas junto con el mismo número de deseos, darle una vuelta a la manzana con una maleta deseando viajar, regalar espigas de trigo, comer lentejas para la abundancia, abrazar a alguien del género opuesto para tener relaciones afectivas exitosas, portar dinero en los bolsillos para que no falte la plata a sus portadores, encender todas las luces de la casa para las buenas vibras, entre otras.

Sea cual sea la tradición cultural o su ausencia, acá en Etnicográfica aprovechamos la oportunidad para desearle a todo el parche cibernético un 2020 pletórico de nuevas ideas, innovación, creatividad, responsabilidad con nuestro planeta, mucha lectura y escritura y, sobre todo mucha unión y amor familiar. Felicidades y abrazos a todos.

 

 

El amor entre los subalternos de la película “La forma del agua”

Natalia Calle Otero
Lina Valentina Vargas Vargas
Rosa Patricia Quintero Barrera

Ilustración sin fuente

“La forma del agua” de Guillermo del Toro, es una película que debemos ver con todas nuestras emociones encendidas; ya que, más que una simple cinta cinematográfica, es una experiencia sensorial. El uso de tonos oscuros entre verde y azul, propio del insistente ambiente acuático, junto con el jazz y las texturas narrativas, nos sumerge en el surrealismo del amor entre dos seres de agua.

Podríamos suponer que la trama se desarrolla en un mundo de fantasía, misterio o suspenso; pero no, lo que vemos es la realidad de una sociedad que aunque este situada hace unas décadas, se asemeja a la de hoy en día. Esta película presenta varios aspectos para analizar, pero aquí nos centraremos en el drama del amor.

Se evidencia cómo es la cotidianidad. Esa rutina a la que nos sometemos diariamente y que al final terminamos acostumbrándonos. En la película, el encuentro entre Elisa Esposito y el Hombre Anfibio, hace que para ambos ocurra un giro trascendental, al sentir emociones nuevas que inciden en sus modos de actuar y de percibir todo a su alrededor.

Elisa , es la princesa sin voz y decide comunicarse con el lenguaje de señas. Es cuidadosa del tiempo, coqueta, divertida, logra pasar inadvertida. Se conecta con el Dios del Río Amazonas, porque ambos son seres del agua. Ella se considera incompleta y él logra llenarla. Elisa es una chica solitaria, que no quiere hablar,  es rechazada e incomprendida, salvo por dos amigos.

El Hombre Anfibio es capturado en las aguas del Amazonas por unos científicos, que a la larga no saben qué hacer con él. Su rapto ocurrió cuando defendía a su naturaleza y a sus humanos. Es exuberante, colorido, luminoso, con la majestuosidad y la virilidad propia del Hombre Dios que los nativos de la selva adoraban. Es un personaje que se mueve entre lo fuerte/violento y lo suave/tierno; al defenderse de su captor, despojándolo de un par de dedos de la mano de un mordisco, o, en contraste, al conmoverse con los huevos y la música de Benny Goodman y Glenn Miller, que le lleva su Princesa sin voz.

Ilustración sin fuente

El Hombre Anfibio, al pertenecer a una especie extraña y desconocida que no puede comunicarse con los humanos, también es rechazado y tomado como cierto fenómeno que solo será usado para experimentos científicos. Por ello, el encuentro de los dos personajes transforma su rutina y los prepara para las diferentes situaciones que se avecinan; construyen una comunicación mediante las señas, permitiendo que se rompan las barreras del lenguaje entre especies. Al respecto, es importante considerar que no siempre es necesario emitir sonidos o palabras para manifestar lo que sentimos o queremos. Muchas veces nuestra expresión corporal, facial e incluso las señas y gestos dicen más que mil palabras y hacen que podamos comunicarnos con otras especies, como sucede en el desarrollo de la película.

Por otra parte, resaltamos el tema de la diversidad cultural e identitaria. Vemos una película ambientada en la década de los sesenta, con una propuesta narrativa de Guillermo del Toro, que habita a personajes en campos sociales abiertos y diversos para la época.

Zelda Delilah Fuller es la mejor amiga de Elisa, es una afroamericana que también trabaja en los servicios de aseo del laboratorio. Ella es solidaria, cariñosa, valiente, divertida y cómplice del plan para liberar al Hombre Anfibio de la muerte que se le agenda en el laboratorio.

Giles comparte el apartamento con Elisa, ubicado en los altos del Cinema. Dibujante de carteles, queda en el desempleo durante la madurez de su vida y se enamora sin ser correspondido del dueño de una pastelería. Giles disfruta con Elisa de ver en televisión programas cómicos y películas clásicas; también es su cómplice en la liberación del Hombre Anfibio. Él es quien descubre el don de curar que tiene el ser de agua.

Entonces, los personajes de la película son subalternos, los que no tienen nada que perder: Afroamericanos discriminados que trabajan en servicios generales. Un homosexual desempleado e ignorado. Un monstruo acuático raptado, torturado y enamorado. Una mujer insignificante, muda y enamorada. Incluso el antagónico es un marginado del social: el Coronel Richard Strickland que se caracteriza por su arrogancia, ejemplifica al villano que solo busca pisotear a quienes él considera que no están a su nivel, todo para alimentar su egocentrismo. Del Toro nos deja tener una perspectiva crítica acerca del machismo, del racismo, de la experimentación y de la homofobia.

Apreciamos dos ámbitos analíticos. (i) Representado por la gente humilde y trabajadora, que a pesar de conocer las barbaridades y atrocidades que ocurren en el laboratorio; trabajan sin parar. No alcanzan el reconocimiento y el protagonismo que se merecen. (ii) El contexto de la Guerra Fría, los norteamericanos y los soviéticos disputándose el dominio del mundo, los científicos trabajando para los militares.

El tiempo no es sino un río fluyendo de nuestro pasado, lee Elisa en una hoja del calendario.

La forma del agua es constante en la película: la lluvia, la tina en la que se baña y se complace Elisa, el tanque y la piscina del laboratorio que guarda al Hombre Anfibio, el río y el mar de los dos seres del agua, las gotas en la ventana del bus, en la olla que cocina los huevos que se lleva Elisa al trabajo, en el vaso en que toma Strickland las pastillas para el dolor que le genera su mano gangrenada, en los baldes de Elisa, Zelda y Yolanda para limpiar el lugar.

En medio de la tragedia de la experimentación y del maltrato a los subalternos, la obra fílmica se desenvuelve entorno al amor –amorfo- porque el agua no tiene forma y la adquiere cuando Elisa y el Hombre Dios del Amazonas lo permiten. Tampoco pueden evitarlo, ambos pertenecen al agua.

La vida es solo el naufragio de nuestros planes, lee Elisa en una hoja del calendario.


 

Referencia de la película

Del Toro, Guillermo. (Director). (2017). The Shape of Water. USA:
Fox Searchlight Pictures
TSG Entertainmen. 123 minutos.


Gratitud a,

Natalia y a Lina, por aceptar la invitación para escribir a tres manos sobre lo importante de la vida.

Y al curso de Formación Ciudadana del Programa de Diseño Visual de la Facultad de Arte y Diseño de la Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

El desarraigo en la etnografía y escritura de Alfredo Molano

Rosa Patricia Quintero Barrera

Mientras regreso… fue el título de la última columna de Alfredo Molano en El Espectador, cuando fue designado como miembro de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad de Colombia, allí escribió:

Renuncio por un tiempo a lo que más quiero: escribir lo que le oigo decir a la gente en las calles y en las veredas con su lenguaje, con su bella claridad. Lo haré en otro papel, pero con la misma mano. La que chuzaba letra por letra en el computador los viernes desde la madrugada un texto que se ha venido cocinando solo durante toda la semana. La misión que nos ha sido dada es borrascosa. Reconocer la verdad será doloroso, pero ese sufrimiento, hecho conciencia, será liberador y quizás a partir de allí podamos ser pasajeros del mismo barco (Molano, 2017).

Era comprensible que fuera designado a formar parte de tan distinguida, comprometedora y necesaria misión. La de unir los esfuerzos requeridos para el Proceso de Paz, en la búsqueda del Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición. En Colombia el conflicto y la guerra han sido de larga duración. La polisemia de la muerte, tanto de facto como simbólica es quizá uno de los aspectos que más terror forja. Ejemplos en la historia y en el presente del país se hallan por doquier: torturas, falsos positivos, crímenes de Estado, matanzas y ajusticiamientos de los actores armados; señalamientos y asesinatos a intelectuales, profesores, estudiantes, sindicalistas, indígenas, ambientalistas, líderes de movimientos sociales. Quienes ejercen el poder han logrado gran audiencia en la población, debido a la complicidad de los medios de comunicación; al punto de polarizar al país entre una derecha y una izquierda, cuyos bordes son difusos y contradictorios. Incluso han logrado el beneplácito ante la muerte de personas de tendencias políticas disidentes, junto a la añoranza por sus desapariciones de las maneras más impunes. Al sociólogo colombiano, Alfredo Molano, este escenario le representó su vida entera.

En “Desterrados. Crónicas del desarraigo” narró a modo literario ocho historias de los desterrados en Colombia, porque Molano acogió ese término en lugar de «desplazamiento forzoso», ya que para él desplazarse era una acción que se hace a voluntad, mientras que el destierro:

Es, como lo sabe y lo grita el que lo vive, un “desentierre”, un brutal corte de la raíz que se hunde en el pasado y que dice quién se es, para dónde se mira y hacia dónde se va (…) La gente no se desplaza, huye. Deja atrás lo que la hizo y lo que le enseñó a mirar el mundo (Molano, 2003, p.17)

En el primer capítulo “Desde el exilio”, cuenta su propio destierro cuando debió exiliarse en Barcelona para proteger su vida, porque “Mis artículos se hicieron muy críticos, en particular contra los paramilitares, que crecían masacrando campesinos, incendiando pueblos y asesinando selectivamente defensores de derechos humanos, crímenes cometidos todos en la más absoluta impunidad (…). El paramilitarismo es una vieja estrategia de un sector poderoso del establecimiento, que ha contribuido a impedir que prospere una salida civil del conflicto armado” (Molano, 2008, p. 18 y 13). En ese mismo ápice, Molano reflexiona acerca de su rompimiento con la pretensión de entender nuestra realidad desde un escritorio, rodeado de los tratados de las ciencias sociales, para entender que “el camino para comprender no era estudiar a la gente, sino escucharla”:

Y me di obsesivamente a la tarea de recorrer el país, con cualquier pretexto, para romper la mirada académica y oficial sobre la historia (Molano, 2008, p. 14).

En el resto de “Desterrados. Crónicas del desarraigo”, Molano le da voz a los que no tienen voz. Aplica el «sentipensamiento» que le aprendió a su profesor Orlando Fals Borda. Construye crónicas basadas en la puesta en escena de personajes ficticios inspirados en relatos de muchos actores reales que cuentan en primera persona sus vivencias, modos de entender y de explicar las situaciones. En suma, cada una de sus obras proporciona fuentes invaluables de información producto de un sinfín de entrevistas a profundidad e historias de vida, en las que campesinos, afrodescendientes, indígenas excavan entre sus recuerdos, olvidos y silencios, narrativas excepcionales de hechos vividos y conocidos.

Al recibir el Premio a la vida y obra Simón Bolívar en el 2016, explicó lo que para él significaba escribir. Su fascinación por viajar, por recorrer a la Colombia desterrada, por conocer a los colombianos que padecen en carne viva a la guerra y por ende, a la muerte. En ese corto discurso, nos dejó las enseñanzas de un investigador de campo que es —autoconsciente/sentipensante— de su compromiso ético, más que cualquier texto técnico de metodología:

[Escribir] Es ir hasta mis confines guiado por la vida del que está al otro lado.

En la universidad mi escritura se volvió acartonada y seca, no encontraba ni el tono ni el tema porque mis lectores eran profesores.

No fue propiamente un libro sino un cuaderno de campo escrito en una canoa, en una hamaca, en una estación de bus. No buscaba contar sino contarme.

Quería conservar el eco de una madrugada a orillas del río Guayabero oyendo los micos churucos –que gruñen como tigres mariposos–.

Escribí buscando los adentros de la gente en sus afueras, en sus padecimientos, su valor, sus ilusiones. Borraba más que escribía, hurgaba, rebuscaba el acorde de las sensaciones que vivía la gente con las que yo mismo llevaba cargadas en un morral.

Creo que sólo ahí, en el acecho, en el peligro, en el miedo aparecía el reclamo de justicia que yo buscaba para contarlo.

Escribir para mí es templar mis más secretas cuerdas y por eso tengo que borrar hasta traspasar la hoja, hasta encontrar el tono de la pasión por la vida y por la belleza que tiene la gente con la que me topo.

La gente cuenta cuando se le oye y lo hace con una sinceridad limpia, cuenta lo pasado como si lo estuviera viviendo, en presente. Y lo hace con generosidad, con soltura, con humor, con fuerza. Chisporrotea.

No es difícil oírla porque habla lo que vive. La dificultad comienza cuando el que trata de escribir no oye porque está aturdido de juicios y prejuicios, que son justamente la materia que debe ser borrada para llegar al hueso.

Mi oficio de escribir se reduce a editar voces que han sido distorsionadas, falsificadas, ignoradas. No puedo escribir una línea que, de alguna manera, yo no haya vivido.

El país está lleno de prejuicios, sometido a ellos. Han sido construidos con método, calculadamente, a mansalva y sobre seguro. Surgen de los miedos e intereses de los poderosos. Y avasallan, envuelven y destruyen. No sólo no dejan oír, sino que tampoco dejan ver.

[Escribir es] Sólo editar lo que cuenta la gente, darle cierta colocación. Sólo escuchar…

 

En un intercambio de ideas sueltas, entre Alfredo Molano y Ángel Beccassino, sobre la crítica y el disentir, ellos conversan sin preparaciones acartonadas. Al modo de dos amigos que han compartido en lo intelectual y en lo espiritual las experiencias que resultan luego de los viajes hacia la otredad, hacia lo subalterno. Desde la introspección que lleva a la profunda sinceridad, piensan en las voces que se pueden escuchar. Hablan de los caminos, las montañas recorridas, los encuentros con aquellos que antes no conocían. Los momentos inolvidables de abrirse al otro, esperando que también llegase al encuentro. Departen de la sorpresa, también del miedo, que brota cuando se descubre cómo viven, sienten y explican el mundo aquellos otros recién conocidos. Entre ambos analizan cómo se llega al disentimiento, a la crítica; sin más, mejor disfrutar de su encuentro:

 

Alfredo Molano disfrutó en vida de importantes reconocimientos a su obra y a su método. Fue invitado a Canadá por varias organizaciones, como la Alianza de Acción y Solidaridad con Colombia en Toronto, la Asociación Quebequense de Organismos de Cooperación Internacional y el Comité por los Derechos Humanos en América Latina, entre otras. Allí concedió una entrevista a la Radio Canadá Internacional en la que habló sobre el proceso de paz en Colombia. El audio está disponible ACÁ

También analizó los usos de la coca, en la Conferencia de Ciencia en Bicicleta con Alfredo Molano en el marco de la exposición fotográfica “Amazonia Perdida” el 10 de febrero de 2011. Aludió a la coca como una planta sagrada de los pueblos indígenas que ha sido satanizada por occidente. Resaltó los diferentes usos: como moneda, como elemento imprescindible en ceremonias chamánicas y también en el narcotráfico. Aquello que expuso fue producto de su trabajo de campo en donde reconstruyó la historia a partir de la tradición oral.

Los de Molano son libros especiales no sólo por lo que dicen, sino cómo lo dicen. Su modelo consiste en hacer crónicas de viaje que retratan con exactitud de cartógrafo la geografía áspera y amable del país y dibujan atmósferas, amaneceres, atardeceres y seres humanos con palabras simples y sencillas, con el fin de que el lector perciba las mismas sensaciones que las de los «viajeros» (Bautista, 2009).

Alfredo Molano no regresó como columnista a su casa periodística de El Espectador, pero no dejó ni un instante de recorrer a la Colombia olvidada y sometida por las inclemencias del neoliberalismo; ni de dejarnos recorrer con él sus vivencias etnográficas a través de su magnífica e inspiradora pluma.

Fuentes consultadas

Bautista, Myriam. (2009). Alfredo Molano adentro. Especial para El Espectador. Disponible en https://www.elespectador.com/impreso/cultura/articuloimpreso157331-alfredo-molano-adentro

Conferencia “El crítico no es un enemigo: Voces disidentes en un relato de país”, Ciclo de Conferencias Contexto Público 2015 – Di-sentir. Biblioteca Luis Ángel Arango, Sala de Audiovisuales. Bogotá, 26 de septiembre de 2015. Coordina la entrevista Alexis De Greiff, Director de la Red de Bibliotecas del Banco de la República. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=XF3bKj6LyR4

Entrevista de Pablo Gómez Barriosa a Alfredo Molano Bravo, sobre el proceso de paz en Colombia. (2016). Radio Canadá Internacional. Disponible en https://www.rcinet.ca/es/2016/05/06/alfredo-molano-bravo-y-el-proceso-de-paz-en-colombia/

Molano, Alfredo. (2017). Mientras regreso… Bogotá: El Espectador. Disponible en https://www.elespectador.com/opinion/mientras-regreso-columna-723813

Molano, Alfredo. (2014). 50 años del conflicto armado.  El Espectador. Disponible en https://etnicografica.files.wordpress.com/2016/05/50-ac3b1os-de-conflicto-armado.pdf

Molano, Alfredo. (2008). Desterrados. Crónicas del desarraigo. Bogotá: El Áncora Editores.

 

La filosofía de la economía humana de Manfred Max-Neef

Rosa Patricia Quintero Barrera

Los latinoamericanos no hemos sabido cómo un científico habría administrado uno de nuestros países. Los chilenos no respondieron al llamado de Manfred Max-Neef, en las urnas de votación, cuando se postuló como candidato a la presidencia por el Movimiento Ecologista en 1993.

Su formación académica en economía, junto con sus conocimientos de música, humanidades, ecología; y, sobre todo su mirada crítica acerca  de las repercusiones del capitalismo exacerbado en la vida de los moradores de este planeta, incidió en que a lo largo de su vida construyera una teoría robusta centrada en que la economía debe estar al servicio de los seres humanos.

“Desarrollo a escala humana” es producto de un trabajo interdisciplinario realizado por un equipo de investigadores de distintos países. Parte de la reflexión de la crisis económica, social, cultural y política, o en los propios términos de los autores, resulta de una convergencia de todas ellas. Esta crisis desde lo político, significa insuficiencia de las instituciones frente a las élites del poder financiero, ausencia de fundamento ético, auge del armamentismo y falta de una cultura democrática. En lo económico incide en la mundialización de la economía y en la concentración del capital, entre otros complejos problemas que han incrementado la pobreza, la miseria y la crisis ambiental que tenemos hoy día en el mundo. Desde esta teoría, es importante tener en cuenta la confrontación de dos grandes concepciones económicas que vienen dominando el escenario: el desarrollismo y el monetarismo neoliberal. En suma, los postulados  que desarrolló en su obra son:

La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. El desarrollo tiene que ver con las personas y la vida, no con objetos. Crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento. Ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas. La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo tanto el crecimiento permanente es imposible.

“El desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos” es el postulado básico de la teoría de Max-Neef. Propende por elevar la calidad de vida, que a su vez, depende de las posibilidades que tengan para satisfacer sus necesidades. Las necesidades humanas son “finitas, pocas y clasificables”, además de ser “múltiples e interdependientes”, están dentro de categorías existenciales (ser/tener/hacer/estar) y axiológicas (subsistencia/protección/afecto/entendimiento/participación/ocio/creación/identidad/libertad). Las necesidades humanas son las mismas en todas las culturas y en todos los periodos históricos, la diferencia está en la manera de satisfacerlas. Lo que cambia es la elección de cantidad/calidad de los satisfactores y las posibilidades reales de tener los accesos requeridos. Desde luego, que en este contexto analítico, también influye la cultura de cada miembro, de cada sistema humano.

Max-Neef nos habla de pobrezas -en plural- porque no solo se trata del aspecto económico. El abastecimiento de los satisfactores (sinérgicos/singulares/inhibidores/pseudo-satisfactores/violadores) no es equitativo. Así, las pobrezas en conjunto representan grandes patologías “toda vez que rebasa límites críticos de intensidad y duración”. Vivimos de manera frustrada y apática debido al desarrollismo y al monetarismo, que ha llevado a que la economía se haya convertido en la pseudo-religión actual, que ha naturalizado a las enormes brechas económico-sociales, entre los ricos y los pobres:

“El rescate de la diversidad es el mejor camino para estimular los potenciales creativos y sinérgicos que existen en toda sociedad. De allí que parece aconsejable y coherente aceptar la coexistencia de distintos estilos de desarrollo regionales dentro de un mismo país, en vez de insistir en la prevalencia de «estilos nacionales» que han demostrado ser hasta ahora eficientes para el enriquecimiento de algunas regiones a costa del empobrecimiento de otras. Los«estilos nacionales»están concebidos en su mayor parte con el propósito de reforzar o mantener la unidad nacional. No debe, sin embargo, olvidarse que la unidad no significa uniformidad. Puede existir una base más sólida para la unidad real cuando un cúmulo de potenciales culturales afloran libre y creativamente, contando con las oportunidades, el respaldo técnico y el estímulo para hacerlo” (Max-Neef, 1986, p. 49).

La perspectiva ética y comprometida de Max-Neef le llevó a destacarse como un activista político y ecologista. Propuso una economía disidente a la neoclásica basada en el dinero, el consumo, el individualismo, la competencia, la explotación del medio ambiente sin control. Para este importante científico la diferencia más notable entre el ser humano y los animales es la estupidez, porque para ser estúpido, se requiere de la inteligencia, “un acto estúpido consiste en hacer algo en contra de las evidencias que tú tienes” (2016). Mencionaba que la pseudo-religión imperante se vale del truco de la “externalidad”, que rehuye a las responsabilidades que cada uno provocó con sus actos. Este truco, nos recuerda al Método de la no Reciprocidad Lógica de Estanislao Zuleta, que incluye al circunstacialismo y al esencialismo para explicar la naturaleza de los errores y de los fracasos cuando son propios o son de los otros.

¡Cuánta falta hace que se apliquen sus postulados en la vida y en el sistema político-económico que nos regula! Nos urge tener otra visión de la economía y contar con economistas que tengan una formación académica y ética acorde a la realidad; al respecto, en la entrevista de  la periodista Amy Goodman, a la pregunta: “Si tú estuvieras al frente de la economía ¿qué harías para evitar otra catástrofe?”, el economista descalzo, contestó:

“Primero que nada, necesitamos de nuevo economistas cultos, que sepan historia, de dónde vienen, cómo se originaron las ideas, quién hizo qué y así sucesivamente. Lo segundo, una economía que entienda que es subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera, y como consecuencia la imposibilidad de tener un crecimiento económico infinito. En tercer lugar, un sistema que tenga claro que no puede funcionar sin tomar en serio los ecosistemas. Pero los economistas no saben nada de ecosistemas, no saben nada de termodinámica, nada de biodiversidad, son totalmente ignorantes respecto a estos temas. Un economista debe tener claro que si los animales desaparecen, él también desaparecerá porque entonces ya no habrá qué comer. Pero él no sabe que dependemos totalmente de la naturaleza ¿te das cuenta? Sin embargo, para los economistas de hoy en día la naturaleza es un subsistema de la economía, ¡concepto que es totalmente absurdo!”

La filosofía de la economía humana de Manfred Max-Neef está analizada con mayor profundidad por la antropóloga Nubia Barrera Silva en su Blog Maliaoceano.wordpress.com. Les dejo con su escrito:

Partió Manfred Max-Neef, político, ecologista, escritor y Nobel alternativo de Economía


Referencias citadas

Goodman, Amy. (2013). Manfred Max-Neef: “Necesitamos economistas cultos”. Recuperado de https://www.aporrea.org/actualidad/n241937.html

Max Neef, Manfred, et. al. (1986). Desarrollo a escala humana. Conceptos,aplicaciones y algunas reflexiones. Santiago de Chile: Cepaur.

Max Neef, Manfred. (21, 03, 2016). La Economía desenmascarada: Manfred Max Neef. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=66n9v9uK_PA&t=1363s

Zuleta, Estanislao. (1980). El elogio de la dificultad. Recuperado de https://www.utp.edu.co/rectoria/documentos/el-elogio-de-la-dificultad.pdf