El amor entre los subalternos de la película “La forma del agua”

Natalia Calle Otero
Lina Valentina Vargas Vargas
Rosa Patricia Quintero Barrera

Ilustración sin fuente

“La forma del agua” de Guillermo del Toro, es una película que debemos ver con todas nuestras emociones encendidas; ya que, más que una simple cinta cinematográfica, es una experiencia sensorial. El uso de tonos oscuros entre verde y azul, propio del insistente ambiente acuático, junto con el jazz y las texturas narrativas, nos sumerge en el surrealismo del amor entre dos seres de agua.

Podríamos suponer que la trama se desarrolla en un mundo de fantasía, misterio o suspenso; pero no, lo que vemos es la realidad de una sociedad que aunque este ambientada en los años sesenta, se asemeja a la de hoy en día. Esta película presenta varios aspectos para analizar, pero aquí nos centraremos en el drama del amor.

Se evidencia cómo es la cotidianidad. Esa rutina a la que nos sometemos diariamente y que al final terminamos acostumbrándonos. Es importante mencionar que a veces hay ciertas experiencias, genera cambios. En la película, el encuentro entre Elisa Esposito y el Hombre Anfibio, hace que para ambos ocurra un giro trascendental, al sentir emociones nuevas que inciden en sus modos de actuar y de percibir todo a su alrededor.

Elisa , es la princesa sin voz y decide comunicarse con el lenguaje de señas. Es cuidadosa del tiempo, coqueta, divertida, logra pasar inadvertida. Se conecta con el Dios del Río Amazonas, porque ambos son seres del agua. Se considera incompleta y él logra llenarla. Elisa es una chica solitaria, que no quiere hablar,  es rechazada e incomprendida.
El Hombre Anfibio es capturado en las aguas del Amazonas por unos científicos, que a la larga no saben qué hacer con él. Su rapto ocurrió cuando defendía a su naturaleza y a sus humanos. Es exuberante, colorido, luminoso, con la majestuosidad y la virilidad propia del Hombre Dios que los nativos de la selva adoraban. Es un personaje que se mueve entre lo fuerte/violento y lo suave/tierno, como cuando se defiende de su captor, despojándolo de un par de dedos de la mano de un mordisco, o, en contraste, cuando se conmueve con los huevos y la música de Benny Goodman y Glenn Miller, que le lleva su Princesa sin voz.

Ilustración sin fuente

El Hombre Anfibio, al pertenecer a una especie extraña y desconocida que no puede comunicarse con los humanos, también es rechazado y tomado como cierto fenómeno que solo será usado para experimentos científicos. Por ello, el encuentro de los dos personajes transforma su rutina y los prepara para las diferentes situaciones que se avecinan para vivir y compartir; construyen una comunicación mediante las señas, permitiendo que se rompan las barreras del lenguaje entre especies. Al respecto, es importante considerar que no siempre es necesario emitir sonidos o palabras para manifestar lo que sentimos o queremos. Muchas veces nuestra expresión corporal, facial e incluso las señas y gestos dicen más que mil palabras y hacen que podamos comunicarnos con otras especies tal y como sucede en el desarrollo de la película.

Por otra parte, resaltamos el tema de la diversidad cultural e identitaria. Vemos una película ambientada en la década de los sesenta, con una propuesta narrativa de Guillermo del Toro, que habita a personajes en campos sociales abiertos y diversos para la época.

Zelda Delilah Fuller es la mejor amiga de Elisa, es una afroamericana que también trabaja en los servicios de aseo del laboratorio. Ella es solidaria, cariñosa, valiente, divertida y cómplice del plan para liberar al Hombre Anfibio de la muerte que se le agenda en el laboratorio.

Giles comparte el apartamento con Elisa, ubicado en los altos del Cinema. Dibujante de carteles,  queda en el desempleo durante la madurez de su vida y se enamora sin ser correspondido del dueño de una pastelería. Giles disfruta con Elisa de ver en televisión programas cómicos y películas clásicas; también es su cómplice en la liberación del Hombre Anfibio. Él descubre el don de curar que tiene el ser de agua.

Entonces, los personajes de la película son subalternos, los que no tienen nada que perder: afroamericanos discriminados que trabajan en servicios generales. Un homosexual desempleado e ignorado. Un monstruo acuático raptado, torturado y enamorado. Una mujer insignificante, muda y enamorada. Incluso el antagónico es un marginado del social: el Coronel Richard Strickland que se caracteriza por su arrogancia, ejemplifica al villano que solo busca pisotear a quienes él considera que no están a su nivel, todo para alimentar su egocentrismo. Del Toro nos deja tener una perspectiva crítica acerca del machismo, del racismo, de la experimentación y de la homofobia.

Apreciamos dos ámbitos analíticos. (i) Representado por la gente humilde y trabajadora, que a pesar de conocer las barbaridades y atrocidades que ocurren en el laboratorio; trabajan sin parar. No alcanzan el reconocimiento y el protagonismo que se merecen. (ii) El contexto de la Guerra Fría, los norteamericanos y los soviéticos disputándose el dominio del mundo, los científicos trabajando para los militares.

El tiempo no es sino un río fluyendo de nuestro pasado, lee Elisa en una hoja del calendario.

La forma del agua es constante en la película: la lluvia, la tina en la que se baña y se complace Elisa, el tanque y la piscina del laboratorio que guarda al Hombre Anfibio, el río y el mar de los dos seres del agua, las gotas en la ventana del bus, en la olla que cocina los huevos que se lleva Elisa al trabajo, en el vaso en que toma Strickland las pastillas para el dolor que le genera su mano gangrenada, en los baldes de Elisa, Zelda y Yolanda para limpiar el lugar.

En medio de la tragedia de la experimentación y del maltrato a los subalternos, la obra fílmica se desenvuelve entorno al amor –amorfo- porque el agua no tiene forma y la adquiere cuando Elisa y el Hombre Dios del Amazonas lo permiten. Tampoco pueden evitarlo, ambos pertenecen al agua.

La vida es solo el naufragio de nuestros planes, lee Elisa en una hoja del calendario.


 

Referencia de la película

Del Toro, Guillermo. (Director). (2017). The Shape of Water. USA:
Fox Searchlight Pictures
TSG Entertainmen. 123 minutos.


Gratitud a,

Natalia y a Lina, por aceptar la invitación para escribir a tres manos sobre lo importante de la vida.

Y al curso de Formación Ciudadana del Programa de Diseño Visual de la Facultad de Arte y Diseño de la Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

El desarraigo en la etnografía y escritura de Alfredo Molano

Rosa Patricia Quintero Barrera

Mientras regreso… fue el título de la última columna de Alfredo Molano en El Espectador, cuando fue designado como miembro de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad de Colombia, allí escribió:

Renuncio por un tiempo a lo que más quiero: escribir lo que le oigo decir a la gente en las calles y en las veredas con su lenguaje, con su bella claridad. Lo haré en otro papel, pero con la misma mano. La que chuzaba letra por letra en el computador los viernes desde la madrugada un texto que se ha venido cocinando solo durante toda la semana. La misión que nos ha sido dada es borrascosa. Reconocer la verdad será doloroso, pero ese sufrimiento, hecho conciencia, será liberador y quizás a partir de allí podamos ser pasajeros del mismo barco (Molano, 2017).

Era comprensible que fuera designado a formar parte de tan distinguida, comprometedora y necesaria misión. La de unir los esfuerzos requeridos para el Proceso de Paz, en la búsqueda del Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición. En Colombia el conflicto y la guerra han sido de larga duración. La polisemia de la muerte, tanto de facto como simbólica es quizá uno de los aspectos que más terror forja. Ejemplos en la historia y en el presente del país se hallan por doquier: torturas, falsos positivos, crímenes de Estado, matanzas y ajusticiamientos de los actores armados; señalamientos y asesinatos a intelectuales, profesores, estudiantes, sindicalistas, indígenas, ambientalistas, líderes de movimientos sociales. Quienes ejercen el poder han logrado gran audiencia en la población, debido a la complicidad de los medios de comunicación; al punto de polarizar al país entre una derecha y una izquierda, cuyos bordes son difusos y contradictorios. Incluso han logrado el beneplácito ante la muerte de personas de tendencias políticas disidentes, junto a la añoranza por sus desapariciones de las maneras más impunes. Al sociólogo colombiano, Alfredo Molano, este escenario le representó su vida entera.

En “Desterrados. Crónicas del desarraigo” narró a modo literario ocho historias de los desterrados en Colombia, porque Molano acogió ese término en lugar de «desplazamiento forzoso», ya que para él desplazarse era una acción que se hace a voluntad, mientras que el destierro:

Es, como lo sabe y lo grita el que lo vive, un “desentierre”, un brutal corte de la raíz que se hunde en el pasado y que dice quién se es, para dónde se mira y hacia dónde se va (…) La gente no se desplaza, huye. Deja atrás lo que la hizo y lo que le enseñó a mirar el mundo (Molano, 2003, p.17)

En el primer capítulo “Desde el exilio”, cuenta su propio destierro cuando debió exiliarse en Barcelona para proteger su vida, porque “Mis artículos se hicieron muy críticos, en particular contra los paramilitares, que crecían masacrando campesinos, incendiando pueblos y asesinando selectivamente defensores de derechos humanos, crímenes cometidos todos en la más absoluta impunidad (…). El paramilitarismo es una vieja estrategia de un sector poderoso del establecimiento, que ha contribuido a impedir que prospere una salida civil del conflicto armado” (Molano, 2008, p. 18 y 13). En ese mismo ápice, Molano reflexiona acerca de su rompimiento con la pretensión de entender nuestra realidad desde un escritorio, rodeado de los tratados de las ciencias sociales, para entender que “el camino para comprender no era estudiar a la gente, sino escucharla”:

Y me di obsesivamente a la tarea de recorrer el país, con cualquier pretexto, para romper la mirada académica y oficial sobre la historia (Molano, 2008, p. 14).

En el resto de “Desterrados. Crónicas del desarraigo”, Molano le da voz a los que no tienen voz. Aplica el «sentipensamiento» que le aprendió a su profesor Orlando Fals Borda. Construye crónicas basadas en la puesta en escena de personajes ficticios inspirados en relatos de muchos actores reales que cuentan en primera persona sus vivencias, modos de entender y de explicar las situaciones. En suma, cada una de sus obras proporciona fuentes invaluables de información producto de un sinfín de entrevistas a profundidad e historias de vida, en las que campesinos, afrodescendientes, indígenas excavan entre sus recuerdos, olvidos y silencios, narrativas excepcionales de hechos vividos y conocidos.

Al recibir el Premio a la vida y obra Simón Bolívar en el 2016, explicó lo que para él significaba escribir. Su fascinación por viajar, por recorrer a la Colombia desterrada, por conocer a los colombianos que padecen en carne viva a la guerra y por ende, a la muerte. En ese corto discurso, nos dejó las enseñanzas de un investigador de campo que es —autoconsciente/sentipensante— de su compromiso ético, más que cualquier texto técnico de metodología:

[Escribir] Es ir hasta mis confines guiado por la vida del que está al otro lado.

En la universidad mi escritura se volvió acartonada y seca, no encontraba ni el tono ni el tema porque mis lectores eran profesores.

No fue propiamente un libro sino un cuaderno de campo escrito en una canoa, en una hamaca, en una estación de bus. No buscaba contar sino contarme.

Quería conservar el eco de una madrugada a orillas del río Guayabero oyendo los micos churucos –que gruñen como tigres mariposos–.

Escribí buscando los adentros de la gente en sus afueras, en sus padecimientos, su valor, sus ilusiones. Borraba más que escribía, hurgaba, rebuscaba el acorde de las sensaciones que vivía la gente con las que yo mismo llevaba cargadas en un morral.

Creo que sólo ahí, en el acecho, en el peligro, en el miedo aparecía el reclamo de justicia que yo buscaba para contarlo.

Escribir para mí es templar mis más secretas cuerdas y por eso tengo que borrar hasta traspasar la hoja, hasta encontrar el tono de la pasión por la vida y por la belleza que tiene la gente con la que me topo.

La gente cuenta cuando se le oye y lo hace con una sinceridad limpia, cuenta lo pasado como si lo estuviera viviendo, en presente. Y lo hace con generosidad, con soltura, con humor, con fuerza. Chisporrotea.

No es difícil oírla porque habla lo que vive. La dificultad comienza cuando el que trata de escribir no oye porque está aturdido de juicios y prejuicios, que son justamente la materia que debe ser borrada para llegar al hueso.

Mi oficio de escribir se reduce a editar voces que han sido distorsionadas, falsificadas, ignoradas. No puedo escribir una línea que, de alguna manera, yo no haya vivido.

El país está lleno de prejuicios, sometido a ellos. Han sido construidos con método, calculadamente, a mansalva y sobre seguro. Surgen de los miedos e intereses de los poderosos. Y avasallan, envuelven y destruyen. No sólo no dejan oír, sino que tampoco dejan ver.

[Escribir es] Sólo editar lo que cuenta la gente, darle cierta colocación. Sólo escuchar…

 

En un intercambio de ideas sueltas, entre Alfredo Molano y Ángel Beccassino, sobre la crítica y el disentir, ellos conversan sin preparaciones acartonadas. Al modo de dos amigos que han compartido en lo intelectual y en lo espiritual las experiencias que resultan luego de los viajes hacia la otredad, hacia lo subalterno. Desde la introspección que lleva a la profunda sinceridad, piensan en las voces que se pueden escuchar. Hablan de los caminos, las montañas recorridas, los encuentros con aquellos que antes no conocían. Los momentos inolvidables de abrirse al otro, esperando que también llegase al encuentro. Departen de la sorpresa, también del miedo, que brota cuando se descubre cómo viven, sienten y explican el mundo aquellos otros recién conocidos. Entre ambos analizan cómo se llega al disentimiento, a la crítica; sin más, mejor disfrutar de su encuentro:

 

Alfredo Molano disfrutó en vida de importantes reconocimientos a su obra y a su método. Fue invitado a Canadá por varias organizaciones, como la Alianza de Acción y Solidaridad con Colombia en Toronto, la Asociación Quebequense de Organismos de Cooperación Internacional y el Comité por los Derechos Humanos en América Latina, entre otras. Allí concedió una entrevista a la Radio Canadá Internacional en la que habló sobre el proceso de paz en Colombia. El audio está disponible ACÁ

También analizó los usos de la coca, en la Conferencia de Ciencia en Bicicleta con Alfredo Molano en el marco de la exposición fotográfica “Amazonia Perdida” el 10 de febrero de 2011. Aludió a la coca como una planta sagrada de los pueblos indígenas que ha sido satanizada por occidente. Resaltó los diferentes usos: como moneda, como elemento imprescindible en ceremonias chamánicas y también en el narcotráfico. Aquello que expuso fue producto de su trabajo de campo en donde reconstruyó la historia a partir de la tradición oral.

Los de Molano son libros especiales no sólo por lo que dicen, sino cómo lo dicen. Su modelo consiste en hacer crónicas de viaje que retratan con exactitud de cartógrafo la geografía áspera y amable del país y dibujan atmósferas, amaneceres, atardeceres y seres humanos con palabras simples y sencillas, con el fin de que el lector perciba las mismas sensaciones que las de los «viajeros» (Bautista, 2009).

Alfredo Molano no regresó como columnista a su casa periodística de El Espectador, pero no dejó ni un instante de recorrer a la Colombia olvidada y sometida por las inclemencias del neoliberalismo; ni de dejarnos recorrer con él sus vivencias etnográficas a través de su magnífica e inspiradora pluma.

Fuentes consultadas

Bautista, Myriam. (2009). Alfredo Molano adentro. Especial para El Espectador. Disponible en https://www.elespectador.com/impreso/cultura/articuloimpreso157331-alfredo-molano-adentro

Conferencia “El crítico no es un enemigo: Voces disidentes en un relato de país”, Ciclo de Conferencias Contexto Público 2015 – Di-sentir. Biblioteca Luis Ángel Arango, Sala de Audiovisuales. Bogotá, 26 de septiembre de 2015. Coordina la entrevista Alexis De Greiff, Director de la Red de Bibliotecas del Banco de la República. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=XF3bKj6LyR4

Entrevista de Pablo Gómez Barriosa a Alfredo Molano Bravo, sobre el proceso de paz en Colombia. (2016). Radio Canadá Internacional. Disponible en https://www.rcinet.ca/es/2016/05/06/alfredo-molano-bravo-y-el-proceso-de-paz-en-colombia/

Molano, Alfredo. (2017). Mientras regreso… Bogotá: El Espectador. Disponible en https://www.elespectador.com/opinion/mientras-regreso-columna-723813

Molano, Alfredo. (2014). 50 años del conflicto armado.  El Espectador. Disponible en https://etnicografica.files.wordpress.com/2016/05/50-ac3b1os-de-conflicto-armado.pdf

Molano, Alfredo. (2008). Desterrados. Crónicas del desarraigo. Bogotá: El Áncora Editores.

 

La filosofía de la economía humana de Manfred Max-Neef

Rosa Patricia Quintero Barrera

Los latinoamericanos no hemos sabido cómo un científico habría administrado uno de nuestros países. Los chilenos no respondieron al llamado de Manfred Max-Neef, en las urnas de votación, cuando se postuló como candidato a la presidencia por el Movimiento Ecologista en 1993.

Su formación académica en economía, junto con sus conocimientos de música, humanidades, ecología; y, sobre todo su mirada crítica acerca  de las repercusiones del capitalismo exacerbado en la vida de los moradores de este planeta, incidió en que a lo largo de su vida construyera una teoría robusta centrada en que la economía debe estar al servicio de los seres humanos.

“Desarrollo a escala humana” es producto de un trabajo interdisciplinario realizado por un equipo de investigadores de distintos países. Parte de la reflexión de la crisis económica, social, cultural y política, o en los propios términos de los autores, resulta de una convergencia de todas ellas. Esta crisis desde lo político, significa insuficiencia de las instituciones frente a las élites del poder financiero, ausencia de fundamento ético, auge del armamentismo y falta de una cultura democrática. En lo económico incide en la mundialización de la economía y en la concentración del capital, entre otros complejos problemas que han incrementado la pobreza, la miseria y la crisis ambiental que tenemos hoy día en el mundo. Desde esta teoría, es importante tener en cuenta la confrontación de dos grandes concepciones económicas que vienen dominando el escenario: el desarrollismo y el monetarismo neoliberal. En suma, los postulados  que desarrolló en su obra son:

La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. El desarrollo tiene que ver con las personas y la vida, no con objetos. Crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento. Ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas. La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo tanto el crecimiento permanente es imposible.

“El desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos” es el postulado básico de la teoría de Max-Neef. Propende por elevar la calidad de vida, que a su vez, depende de las posibilidades que tengan para satisfacer sus necesidades. Las necesidades humanas son “finitas, pocas y clasificables”, además de ser “múltiples e interdependientes”, están dentro de categorías existenciales (ser/tener/hacer/estar) y axiológicas (subsistencia/protección/afecto/entendimiento/participación/ocio/creación/identidad/libertad). Las necesidades humanas son las mismas en todas las culturas y en todos los periodos históricos, la diferencia está en la manera de satisfacerlas. Lo que cambia es la elección de cantidad/calidad de los satisfactores y las posibilidades reales de tener los accesos requeridos. Desde luego, que en este contexto analítico, también influye la cultura de cada miembro, de cada sistema humano.

Max-Neef nos habla de pobrezas -en plural- porque no solo se trata del aspecto económico. El abastecimiento de los satisfactores (sinérgicos/singulares/inhibidores/pseudo-satisfactores/violadores) no es equitativo. Así, las pobrezas en conjunto representan grandes patologías “toda vez que rebasa límites críticos de intensidad y duración”. Vivimos de manera frustrada y apática debido al desarrollismo y al monetarismo, que ha llevado a que la economía se haya convertido en la pseudo-religión actual, que ha naturalizado a las enormes brechas económico-sociales, entre los ricos y los pobres:

“El rescate de la diversidad es el mejor camino para estimular los potenciales creativos y sinérgicos que existen en toda sociedad. De allí que parece aconsejable y coherente aceptar la coexistencia de distintos estilos de desarrollo regionales dentro de un mismo país, en vez de insistir en la prevalencia de «estilos nacionales» que han demostrado ser hasta ahora eficientes para el enriquecimiento de algunas regiones a costa del empobrecimiento de otras. Los«estilos nacionales»están concebidos en su mayor parte con el propósito de reforzar o mantener la unidad nacional. No debe, sin embargo, olvidarse que la unidad no significa uniformidad. Puede existir una base más sólida para la unidad real cuando un cúmulo de potenciales culturales afloran libre y creativamente, contando con las oportunidades, el respaldo técnico y el estímulo para hacerlo” (Max-Neef, 1986, p. 49).

La perspectiva ética y comprometida de Max-Neef le llevó a destacarse como un activista político y ecologista. Propuso una economía disidente a la neoclásica basada en el dinero, el consumo, el individualismo, la competencia, la explotación del medio ambiente sin control. Para este importante científico la diferencia más notable entre el ser humano y los animales es la estupidez, porque para ser estúpido, se requiere de la inteligencia, “un acto estúpido consiste en hacer algo en contra de las evidencias que tú tienes” (2016). Mencionaba que la pseudo-religión imperante se vale del truco de la “externalidad”, que rehuye a las responsabilidades que cada uno provocó con sus actos. Este truco, nos recuerda al Método de la no Reciprocidad Lógica de Estanislao Zuleta, que incluye al circunstacialismo y al esencialismo para explicar la naturaleza de los errores y de los fracasos cuando son propios o son de los otros.

¡Cuánta falta hace que se apliquen sus postulados en la vida y en el sistema político-económico que nos regula! Nos urge tener otra visión de la economía y contar con economistas que tengan una formación académica y ética acorde a la realidad; al respecto, en la entrevista de  la periodista Amy Goodman, a la pregunta: “Si tú estuvieras al frente de la economía ¿qué harías para evitar otra catástrofe?”, el economista descalzo, contestó:

“Primero que nada, necesitamos de nuevo economistas cultos, que sepan historia, de dónde vienen, cómo se originaron las ideas, quién hizo qué y así sucesivamente. Lo segundo, una economía que entienda que es subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera, y como consecuencia la imposibilidad de tener un crecimiento económico infinito. En tercer lugar, un sistema que tenga claro que no puede funcionar sin tomar en serio los ecosistemas. Pero los economistas no saben nada de ecosistemas, no saben nada de termodinámica, nada de biodiversidad, son totalmente ignorantes respecto a estos temas. Un economista debe tener claro que si los animales desaparecen, él también desaparecerá porque entonces ya no habrá qué comer. Pero él no sabe que dependemos totalmente de la naturaleza ¿te das cuenta? Sin embargo, para los economistas de hoy en día la naturaleza es un subsistema de la economía, ¡concepto que es totalmente absurdo!”

La filosofía de la economía humana de Manfred Max-Neef está analizada con mayor profundidad por la antropóloga Nubia Barrera Silva en su Blog Maliaoceano.wordpress.com. Les dejo con su escrito:

Partió Manfred Max-Neef, político, ecologista, escritor y Nobel alternativo de Economía


Referencias citadas

Goodman, Amy. (2013). Manfred Max-Neef: “Necesitamos economistas cultos”. Recuperado de https://www.aporrea.org/actualidad/n241937.html

Max Neef, Manfred, et. al. (1986). Desarrollo a escala humana. Conceptos,aplicaciones y algunas reflexiones. Santiago de Chile: Cepaur.

Max Neef, Manfred. (21, 03, 2016). La Economía desenmascarada: Manfred Max Neef. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=66n9v9uK_PA&t=1363s

Zuleta, Estanislao. (1980). El elogio de la dificultad. Recuperado de https://www.utp.edu.co/rectoria/documentos/el-elogio-de-la-dificultad.pdf

Feliz día a todos los gatos y a los que los quieren

Mis gatos en las redes sociales

 

“Siempre me pareció que la fotografía era una cosa traviesa; para mi fue uno de sus aspectos favoritos” ― escribió Diane Arbus ―, y cuando lo hice por primera vez me sentí muy perversa”.

Hace unos días publiqué fotografías de dos de mis gatos, en un página de Facebook de gustadores de los Felis silvestris catus, quedé muy sorprendida por el número de interacciones que obtuvieron en unas pocas horas. Reflexioné al respecto, porque este blog, al que le he dedicado gran esfuerzo, y cuyas entradas quedan enlazadas automáticamente en mis redes sociales, gracias a las bondades de WordPress, nunca han tenido tal acogida. Pensaré detenidamente, sí mejor me dedico a compartir fotografías de mis animales, y lo haría muy orgullosa, sí fueran buenos registros fotográficos.

Este tema amerita estudiarlo más a fondo. Por un lado el papel del cibermundo en los vínculos humanos, que nos motivan a formar parte de determinados grupos, talvez buscando cierta aprobación y complicidad con personas virtuales que jamás conoceremos; y por otro lado, la trascendencia de los vínculos entre humanos y no humanos, que ha dado para hablar de las familias multi-especie, en el abanico de posibilidades que nos ofrece este tiempo cada vez más individualizado.

Mientras tanto, les comparto los momentos que Clio y Milán, dos de los de mi manada, dejaron que quedaran en las recordaciones de lo transitorio de las redes sociales.

Relato de la funebria chocoana

Rosa Patricia Quintero Barrera

 

La gente que uno quiere debería morirse con todas sus cosas.

Gabriel García-Márquez

 

Doña Estrella mencionó que cuando en su tierra muere una persona, acostumbran a arreglar la tumba con un aro adornado con una sabana blanca y encima colocan en la pared una mariposa negra y una cruz. Coincide con la descripción que hace Jaime Arocha (1998) del velorio de doña Genara Bonilla en el alto Baudó, a sólo 70 kilómetros de Bagadó, la tierra natal de doña Estrella:

“moños anudados en tela negra que se colocaban en la parte más alta del altar y desde los cuales se desprendían velos blancos que llegaban hasta la tarima para el féretro” (P. 371-372). Esos moños anudados en tela negra o la mariposa representan “dos triángulos isósceles, unidos por el vértice más agudo, que en los altares afrocubanos o afrobrasileños simbolizan el hacha de Changó y, por lo tanto, la presencia del oricha de la religión yoruba” (p. 372).

Colocan el cajón o el cuerpo del difunto en el centro y cirios blancos a ambos lados. Las coronas de flores quedan ubicadas debajo de la tumba o “altar erigido para el muerto” como señala José Fernando Serrano. La cabeza de la persona queda hacia la tumba y los pies apuntando hacia afuera. Pero a la hora de sacarla, al amanecer del último día de la novena, se hace con los pies hacia adentro. Ponen un vaso de agua con una ramita de remedio que puede ser yerbabuena, albahaca, paico o seledonia, cortada de la parte trasera de la casa en donde está la zotea.

— Porque el muerto toma agua, dice doña Estrella.

“No falta en el altar el vaso de agua con una rama de albahaca blanca. El agua debe ser fresca, limpia, destinada a ser aliciente del muerto, si por desgracia se marchó con sed” (Velásquez, 2000, p. 143).

—Canta el que sepa cantar, como don Genaro que en Andágueda sabe cantar alabaos. Aunque, hay gente que no le gusta que canten, dice Doña Estrella.

Pero la mayoría de las veces cantan alabados como “Dios te Salve” durante todas las nueve noches de la novenita y la novena. La novena consiste en nueve noches corridas. Las ocho primeras la gente reza y la última se llama la novenita. Es común amanecer en vigilia. Los anfitriones se esmeran por atender a sus parientes y amigos. Les ofrecen café negro, café con leche, chocolate, aguadepanela, aguardiente, aromáticas, carne u otros alimentos y bebidas que tengan a su disposición. Sin embargo, sí falta algún familiar importante, deciden esperar unos dos o tres días para el entierro. En una situación común, cuentan los nueve días y entierran al difunto. Los sacerdotes católicos a veces acuden al velorio en la novenita y ofician una misa. Por su parte, los asistentes se encargan de rezar las letanías y los Padrenuestros.
Doña Estrella manifiesta que es muy importante acompañar al muerto. Los parientes van anotando en un cuaderno las ayudas económicas que reciben y las depositan en una vasija. Llevar las cuentas es útil para saber cuándo dinero deben, cuánto van a abonar a las deudas y cuánto van a fiar. Algunas personas disponen de un seguro que les cubre el entierro, mientras que las novenas corridas van por cuenta de ellos. Algunos de los asistentes también cooperan en la cocina y en la distribución de bebidas y alimentos. Al amanecer el último día levantan la tumba, con la participación de todos, quienes sin dejar de rezar, ayudan a guardar los objetos y a arreglar la casa.
Finalmente, doña Estrella señala que en la ciudad los “entierros son distintos”. En este sentido, Marta Abello (2004) halló que entre las mujeres del barrio 20 de Julio en Bogotá acostumbran a enviar al Chocó sus ayudas económicas o pagar la “cogida del puesto” cuando fallece algún conocido o familiar, ya que “este es compromiso que se adquiere por lazos de solidaridad y a los que se responde con un aporte en dinero para colaborar con los gastos de velorio y entierro” (p. 73).


Fuentes consultadas

Abello, Marta Elena. (2004). Boraudo: Una cultura afrochocoana en Bogotá. Bogotá. Monografía de grado. Departamento de  Antropología.  Facultad de Ciencias Humanas.  Universidad Nacional de Colombia.

Arocha, Jaime. (1998). “La inclusión de los Afrocolombianos ¿Meta Inalcanzable?”. Santafé de Bogotá. En: Geografía Humana de Colombia.  Los Afrocolombianos.  Tomo IV. Instituto Colombiano de Cultura Hispánica.   Pp. 339-395.

Quintero, Rosa Patricia.  (2005). “En el nombre del Padre, de la Madre, del Hijo y del Espíritu Santo”: dimensión afro de la religiosidad católica bogotana”. Tesis de Maestría. Departamento de Antropología. Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.

Serrano, José Fernando.  (1998).  “Hemo de Mori Cantando, porque Llorando Nací. Ritos fúnebres como forma de cimarronaje”.  En: Geografía Humana de Colombia.  Los Afrocolombianos.  Tomo IV. Instituto Colombiano de Cultura Hispánica. Pp. 243-262

Velásquez, Rogerio. (2000) [1935-1959]. Fragmentos de historia, etnografía y narraciones del Pacífico colombiano negro. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia.

El Sendero de la Anaconda

Rosa Patricia Quintero Barrera

“Colombia es un país de colores y cariño, esa intensidad que resulta tan atractiva, tan seductora y maravillosa me entró como un virus y nunca me fui”.

Wade Davis

El “Sendero de la Anaconda” es un documental de Alessandro Angulo (2019), estrenado a finales de junio en las salas de cine colombianas. Muestra el viaje de los antropólogos Wade Davis y Martín Von Hildebrand por el bosque tropical más extenso del planeta, la Amazonia.

Para Davis esta fue la segunda oportunidad de andar los pasos de su profesor Richard Evans Schultes, considerado como el más importante explorador de plantas amazónicas del siglo XX.  Resultado de su primera travesía fue “El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica” (2001). Ese libro surge de su generosísima etnografía al recorrer lo inhóspito de la selva, junto con el etnobiólogo Timothy Plowman.

Un lector desprevenido podría pensar que es una novela de ficción; sin embargo, narra la tragedia de la aculturación entre los pueblos indígenas del Amazonas. A manos de los colonizadores de las mentes y de las epistemologías locales, armados con la Biblia. La Operación Auca es uno de los más brutales ejemplos; evidencia las estrategias de evangelización que utilizan los que se creen y actúan como los poseedores de la moral y de las verdades absolutas. Davis evidencia cómo -tras ese proceso de colonización- los misioneros aprendieron las lenguas de los indígenas para traducir las Biblias y al adueñarse de sus mentes; de paso, generar cambios identitarios por siempre.

Para los científicos las selvas se convirtieron en territorios de exploración, descubrimiento de plantas, encuentros con humanos de otras etnias, aprendizajes compartidos. Para los –otros- colonizadores, el Amazonas fue determinante en la explotación de la naturaleza: petróleo, caucho, coca; además se apropiaron de la fuerza de trabajo de los nativos.

Davis y Von Hildebrand han dedicado sus vidas a la defensa de la biodiversidad, cada uno desde los caminos que han tenido a bien seguir. En este documental, ellos legan a la humanidad la exuberancia de la selva tropical de la cuenca del río Amazonas, guardada celosamente por las comunidades indígenas que la habitan. Davis recuerda cada vez a Schultes y a Plowman, con la nostalgia de sus partidas y con la admiración que ambos le han inspirado.

“Cuando decidí escribir El Río, hace cerca de dos décadas, no tenía ni idea de que el proyecto iba a consumir seis años de mi vida. El profesor Schultes no guardaba sus diarios de campo y era necesario reconstruir sus trece años de experiencias en la Amazonia colombiana a partir de una serie de fuentes de archivo no siempre fáciles de conseguir. El esfuerzo de investigación fue prodigioso, pero sólo después de haber adquirido una visión completa del material histórico, que se grabó en mi mente como sobre piedra, me sentí con la confianza suficiente para convertirlo en sílabas, palabras, frases, párrafos y páginas” (Davis, 2004, p. 1).

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El título del documental enaltece el conocimiento cosmológico que los pueblos del Amazonas le confieren a la Anaconda. Ella se hace Río que va fecundando a las tierras, poblándolas con personas, que sí entienden y sienten a la naturaleza como parte de sí mismas. Ya Gerardo Reichel-Dolmatoff (2000) había señalado que:

“Parece que los viejos estereotipos están desapareciendo por fin; en su lugar se nos presenta una imagen nueva: el Indio, no sólo como un pensador altamente pragmático y como individuo dotado de un buen sentido de la realidad, sino también, el Indio como filósofo abstracto, como constructor de modelos cósmicos intrincados, y como planificador de vastos esquemas morales” (p. 13).

Este documental, más que una producción de muchísima valía audiovisual; es una alerta para repensar, para asumir una auto-consciencia con respecto a la crisis ambiental y humana que estamos viviendo en nuestro planeta. Ojalá que su magnífico registro visual y etnográfico no quede sólo para recordar lo inconmensurable de la naturaleza. Martín Von Hildebrand reflexiona acerca de las implicaciones éticas que constituyen a la cultura, no como una mera abstracción intelectual, sino como posibilidades de interpretar y de asumir las necesarias dependencias entre los mundos que ha fertilizado la Anaconda, y de paso a sus hijos, los seres que habitan sus tierras.


 

Fuentes bibliográficas consultadas

Angulo, Alessandro. (Director). (2019). El Sendero de la Anaconda. Colombia: Caracol Televisión. 73 minutos.

Davis, Wade. (2004). El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica. Bogotá: Fondo de Cultura Económica.

Reichel-Dolmatoff, Gerardo. (2000). Cosmología como análisis ecológico: una pespectiva desde la selva pluvial. Bogotá: Visión Chamánica.

Wade Davis. (2019). [Episodio 13].  #ElPodcast con Alejandro Marín. 13 may. 2019. Disponible en https://www.youtube.com/watch?time_continue=1&v=vOVoOyhoh6k