Sentimientos de los estudiantes en la educación virtual debido al aislamiento social

Rosa Patricia Quintero Barrera

 

Caricatura de Betto, en El Espectador

Uno de los tantos aspectos de la interacción humana que ha cambiado con la visita al mundo entero del Covid-19 ha sido en la educación. Me centraré en las maneras como se han sentido los estudiantes universitarios al recibir las clases por medio de las estrategias virtuales, durante tres de los cuatro meses que dura el semestre.

En cuanto a la metodología del presente escrito, me valí de encuestas a un curso de veinte estudiantes de tercer semestre de la carrera de Diseño Visual; cabe anotar que esta carrera “es un área de conocimiento que aplica las nociones de las ciencias de la información, la comunicación y la estética, a procesos de investigación, producción, desarrollo y gestión de sistemas y estrategias de comunicación visual” (Presentación de la Carrera de Diseño Visual, 2020); por lo tanto su estudio requiere del uso de herramientas digitales dispuestas en equipos de cómputo que dispongan de la capacidad de almacenar con generosidad programas de diseño específicos y de conexiones consistentes al internet.

Abordar el terreno de los sentimientos y de las emociones suena muy subjetivo, por su fluidez constante y dependencia de factores externos e internos al sujeto mismo y a los habitus a los que pertenece, tanto en las clases presenciales como en las virtuales. Sin embargo, este tópico es fundamental en la enseñanza-aprendizaje; compartir el conocimiento requiere de un acto comunicativo y cognoscitivo amable, atento, crítico, constructivo. Las respuestas de los jóvenes universitarios están contenidas en dos ámbitos:

(i) Relacionado con la experiencia académica: dificultad para entender los temas de manera profunda y adecuada de acuerdo a la complejidad de las asignaturas, exceso de diversas actividades de evaluación, pocas posibilidades para solucionar las dudas en las clases y la necesidad de aclararlas por su propio esfuerzo.

(ii) Relacionado con la experiencia personal: extrañeza de la interacción personal con los compañeros de clase y con los profesores, extrañeza del campus universitario y de las posibilidades de interacción social que cada espacio ofrece (cafetería, lugares de estudio, oficinas, biblioteca). Aunque en general los estudiantes plantean que se han esmerado por adaptarse a las herramientas virtuales, que reconocen el esfuerzo de sus profesores por realizar del mejor modo las clases y que han estado dispuestos a esta nueva metodología; algunos jóvenes manifiestan que han sentido frustración, mucho estrés, ansiedad, inconformidad, pereza, aburrimiento y ganas de cancelar el semestre. A continuación algunos de los testimonios de los universitarios:

Un poco agotador, a pesar de encontrarme en mi propia casa, el tiempo casi no alcanza, uno pasa de ver un tutorial a ver un video y luego a terminar otro trabajo. Ha sido la verdad una experiencia bastante difícil, pero a la que cada vez más uno se va adaptando.

También hace demasiada falta interactuar con los profesores y con los compañeros, estamos acostumbrados de ir y venir por toda la Facultad: saludar, hablar, reírse.

A pesar de que nunca había recibido clases virtuales me siento bien recibiéndolas, es una experiencia nueva y me ha gustado, lo único en lo que no me siento cómoda es en la forma que se pueden a llegar a generar tantos trabajos para un solo día.

La verdad no me siento bien, no solamente en cuanto a estar acostumbrado a lo presencial, si no que la verdad casi no aprendo nada por este medio de la virtualidad.

Ya que la carrera va muy de la mano con todas estas herramientas digitales ha sido muy interesante porque este medio es el que nos va acompañar para toda nuestra vida profesional y estando en casa he podido involucrarme más en lo que es el mundo del diseño.

Los cambios derivados de la virtualidad obligada han requerido de adaptaciones tanto para los estudiantes como para los profesores. En particular con la socialización en el aula de clase que implica la cercanía física al estar juntos en un salón y las posibilidades de interactuar de manera personal. Pasamos a un frío y distante contacto a través de la pantalla del computador o del celular.

Boceto a lápiz de Camilo Renza

Los profesores han tenido que aprender sobre la marcha a manejar plataformas virtuales, a llenar contenidos, a grabar las sesiones, a contestar un sinfín de correos electrónicos. Por su parte los estudiantes han tenido que recibir sus clases por los medios dispuestos por las Universidades y ajustarse a las peripecias de auto-aprendizaje de las herramientas virtuales que sus profesores han tenido a bien acoger. A la larga ha sido una mutua experimentación obligada y a la carrera, porque las exigencias contractuales y académicas han continuado. Aunado al interés –también compartido- por hacer del mejor modo el trabajo respectivo.

Con el peligro al contagio del Covid-19 muchos sectores productivos se quedaron inactivos, el de la educación continuó y pasó a la virtualidad, que implica contar con adecuadas conexiones a internet y equipos tecnológicos que soporten este trabajo. Las posibilidades de accederlos no son iguales para todos, algunos estudiantes habitan lugares rurales en donde resulta esquiva la tecnología, además de las condiciones socio-económicas de cada uno. Lo anterior se ha visto reflejado en el cumplimiento de los deberes académicos: asistencia  y permanencia en las clases, participación en las actividades de discusión grupales y las disposiciones emocionales. Se han acentuado el individualismo y la competencia: “La educación en el sistema occidental no es para la solidaridad ni para el mutualismo, sino para el emprendedurismo o para la libre iniciativa o para el éxito a toda costa, un individualismo posesivo. Y la gente está reaccionando de esa forma” Sousa Santos (Citado por González, 2020).

El aislamiento social, en efecto ha profundizado las brechas socio-económicas  y las facilidades que los humanos tenemos para adaptarnos a las situaciones privilegiando a los más cercanos. En ese punto nos encontramos en el presente tiempo, dando  y recibiendo las clases por los administradores de internet:

“Yo pienso lo siguiente, por un lado, veo la oportunidad, y en esta área estratégica es donde veo más claramente la contradicción entre la buena oportunidad y el alto riesgo. La buena oportunidad es que nosotros nos podemos comunicar de una manera que nos permite quedarnos en un aislamiento total durante una pandemia; el gran riesgo es que el capitalismo educativo, en general, entrará fuertemente en este campo diciendo: “Nosotros no necesitamos de campus ni de nada para la educación, solo necesitamos el internet y distribuir las computadoras”. Eso va a aumentar la infoexclusión, porque no todo el mundo tiene smartphones ni todo el mundo tiene computadores” Sousa Santos (Citado por González, 2020).

Sin duda la pandemia nos ha puesto a pensar en los vínculos que tenemos con los demás, en cómo nos relacionamos en el estudio, en el trabajo y en lo doméstico. Nos ha tocado ceder ante la virtualización, que ha provocado el distanciamiento estético del mundo en los sentidos y en el actuar, al arrojarnos cada vez con más sevicia hacia el espectáculo de la vida. Somos ahora, más que nunca, espectadores de nuestras vidas, acorralados por el miedo en nuestros resguardos asépticos e individualizados. Uno de los papeles de la educación es contribuir al proceso de humanización de los estudiantes en sus acercamientos a otras formas de entender la vida, dotada de simbologías y de organizaciones culturales distintas a las conocidas por la empiria. Lo anterior nos lleva a considerar que estamos analizando un evento en el que confluyen varios factores, es decir, que aquello que ocurre en el salón -sea presencial o virtual- es un resultante de la sumatoria entre las motivaciones/emociones, los propios contextos personales y sociales, las disposiciones cognocitivas y metodológicas de los estudiantes y de los profesores, y de las políticas de las Facultades, por nombrar algunas.


Bibliografía

Encuestas del Experimento colaborativo de análisis de datos. (2020).  Asignatura Metodología de la investigación, Programa de Diseño Visual, Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

González, Diego Felipe. (2020). Boaventura de Sousa Santos y la cruel pedagogía del virus. Una entrevista con el sociólogo portugués, sobre la sociedad en tiempos de cuarentena. En, https://www.eltiempo.com/bocas/entrevista-con-boaventura-de-sousa-santos-501262?cid=SOC_PRP_POS-MAR_ET_FACEBOOK

Presentación de la Carrera de Diseño Visual (2020). En, https://unimayor.edu.co/web/oferta-academica/programas-profesionales/diseno-visual

Controversia de Valladolid: el dilema acerca de la humanidad de los nativos de las Américas españolas y la trata esclavista

Rosa Patricia Quintero Barrera

Al descubrir el Nuevo Continente surgió el dilema más grande que el mundo pudo prever: sí los nativos eran verdaderos hijos de Dios, descendientes de Adán; o sí pertenecían a una categoría distinta, sujetos del Demonio. Unos treinta años de rumores de que los pobladores de las Américas conquistadas por los españoles, habían sido tratados con gran crueldad en el nombre de la Iglesia, motivó al Papa a organizar la Junta de Valladolid (1550 – 1551) y envió al Cardenal Salvatore Roncieri, para que en su nombre dirimiera tal dilema. El debate contó con la ávida participación de Fray Bartolomé de Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda; veamos algunos de los argumentos de cada uno:

Fray Bartolomé de Las Casas defendió la humanidad de los nativos desde su propia experiencia. Vio como los españoles esclavizaron, torturaron y masacraron a los indios.  Narró con generosidad las atrocidades que los españoles habían protagonizado: marcaban los nombres de los propietarios de turno en sus rostros, gustaban de masacrar de a grupos de trece en memoria de los doce apóstoles y de Cristo, quemaban, ahogaban, mutilaban, lanzaban a perros hambrientos, entre otros vejámenes. Contó con los detalles de una generosa etnografía el espectáculo de horror y de terror en que se ensañaron los europeos motivados por la avaricia propia de hallar oro en las Américas españolas. De los nativos argumentó que eran hermosos, pacíficos, dulces como corderos, generosos, abiertos, ingenuos, hospitalarios, inteligentes, que estaban dispuestos a recibir la fe cristiana; en suma que eran la imagen del paraíso. Complementó diciendo que ante la ignominia de los europeos, los nativos preferían no tener descendencia, que estaban llenos de las enfermedades llegadas con estos hombres que violaban a sus mujeres, que habían perdido el deseo de vivir.

El profesor Juan Ginés de Sepúlveda, conocido por sus trabajos filosóficos, erudición y profundidad de espíritu, consideró que su contradictor estaba fascinado, seducido, que hablaba en exceso, que había perdido la cabeza; que estaba velado, trastornado, desviado y cegado. Defendió con vehemencia que Dios estaba del lado de los conquistadores porque los nativos se merecían el trato recibido, por sus pecados e ídolos. Por supuesto, se apoyó en Aristóteles, al plantear que los indios habían nacido para ser esclavos por naturaleza. Ya que todos los humanos estaban predestinados a la religión universal, consideraba al cristianismo como una verdad probada; y desde este punto de vista se debía hacer lo que resultase necesario para convertirlos a la fe verdadera. 

El veredicto del Cardenal Salvatore Roncieridio no fue contundente, pero fue un inicio  para otro tipo de trato a los indios a través de la revisión de las Leyes de Indias y también justificó la infame trata esclavista de africanos.

La esclavitud puede ser vista como una institución social y económica desde tiempos muy antiguos como consecuencia de guerras tribales, en las cuales los vencedores tomaban prisioneros a  guerreros, mujeres y niños, y luego eran puestos a su servicio.  Para Aristóteles “el hombre puede funcionar de varias maneras; una de ellas es como cosa y, este rango incluye a la hembra y al esclavo;  los trabajos inferiores [de finalidad económica] están a cargo de esclavos […]” (Martínez y Martínez, 2001, p. 171). Esta visión fue predominante en el desarrollo y ejercicio de la escolástica, y por lo tanto la tenían en mente la mayoría de misioneros que vinieron a América y que participaron activamente en la sumisión de los africanos y de sus hijos nacidos en tierras americanas. Por ejemplo en 1535, Fray Bartolomé de Las Casas le escribió al Rey y al Consejo de Indias: “[…] el remedio de los cristianos es este, muy cierto, que Su majestad tenga por bien de prestar a cada una de estas  islas 500 ó 600 negros, o los que le pareciere que al presente bastaren para que se distribuyan por los vecinos que hoy no tienen otra sino indios” (Friedemann y Arocha, 1986, p.108). Este dominico, obtuvo licencias para importar negros, mientras argumentaba que era legitimo rescatar esclavos que ya lo eran en sus propias tierras con la excusa de la “redención de almas”.

Mintz (1977) sostiene que la esclavitud de africanos en el Nuevo Mundo fue el “componente esencial e intrínseco” de la expansión económica, política y religiosa de occidente. Los esclavizados y sus descendientes fueron llevados a Europa y empleados en la producción de los elementos básicos de consumo en los mercados europeos. En complemento a lo anterior,  “[…] la acumulación de capital en Occidente no hubiera bastado para, en poco más de un par de siglos, pasar de la llamada Revolución Mercantil a la Revolución Industrial (p. 380).

De acuerdo con Maya (2002), durante los siglos XVI y XVII, “España enfrentó el debate sobre la humanidad de la gente del África” (p. 5). Por ello, esta sinopsis no puede excluir la visión que difundió el dominico Bartolomé de Las Casas en 1531 en defensa de humanidad de los indios y que llevó a la promulgación de las leyes españolas que legitimaron la trata africana.

Los negros no motivaron escritos a su favor y como consecuencia fatal de las sugerencias del sacerdote, transcurrieron tres siglos de esclavización africana. Sin embargo, entre 1580 y 1592, la población aborigen del Nuevo Reino de Granada estaba diezmada a causa de epidemias, guerra y  trabajo forzado, lo cual causó una preocupación  para la monarquía española, máxime ante el reciente descubrimiento de las minas auríferas en ese territorio (Maya, 1998).  Para entonces, los portugueses tenían contactos establecidos con jefes africanos e iniciaron la explotación masiva de africanos cautivos hacia América: “El monarca [Felipe II] había encontrado así la solución geopolítica al problema de cómo reemplazar a los indígenas que morían en las minas y cuyo exterminio afectaba los intereses económicos del Imperio” (Maya,1998); desde ese momento hasta 1640, Cartagena de Indias se convirtió en el principal puerto negrero de América hispánica.


Bibliografía

Friedemann, Nina S y Arocha, Jaime. (1986). De Sol a Sol. Génesis, transformación y presencia de los negros en Colombia.  Bogotá:  Editorial Planeta.

Martínez, Leonor y Matínez, Hugo. (2001). [1996]. Diccionario de Filosofía. Bogotá: Panamericana Editorial.

Maya, Adriana. (2002). “Memorias en Conflicto y paz en Colombia: la discriminación hacia lo(s) negro(s)”. Argentina: Clacso.

Maya, Adriana. (1998). “Demografía histórica de la trata por Cartagena 1533-1810”. En: Geografía Humana de Colombia.  Los Afrocolombianos.  Tomo IV. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica.  P.12-51.

Mintz, Sidney W. 1977. “África en América Latina; una reflexión desprevenida”. En  Manuel Moreno Fraginals. África en América Latina. México: Siglo XXI Editores. Pp. 378-397.

Verhaeghe, Jean-Daniel. (Director). (1992). La controverse de Valladolid . Francia: Bakti Productions / FR3 Marseille / La Sept / Radio Télévision Belge Francophone (RTBF). 90 minutos.

 

Fotografía etnográfica para Richard Evans Schultes según Wade Davis

Wade Davis

Jirijirimo Río Apaporis, septiembre de 1943

Jirijirimo – Río Apaporis, septiembre de 1943. Amazonia perdida, Banco de la República

“Hace casi 75 años mi profesor Schultes estuvo aquí y tomó una foto de la figura de este perfil humano en la roca. Siempre dijo que les pareció algo muy místico, a él y a las personas con quienes viajaba. Schultes nunca se consideró un fotógrafo, estaba orgulloso de sus fotos, pero de hecho decía que había sido el hombre correcto, en el lugar y la hora correctos para recopilar un extraordinario registro.

Se acercó a la fotografía con la misma disciplina y la precisión con la que se acercó a las ciencias botánicas.

Casi ninguna de las personas que fotografió había visto antes una cámara. Pueden apreciar en las fotografías un aire de inocencia y de cautela en los rostros de quienes nunca habían posado para una fotografía.

De muchas formas podemos aprender de su experiencia, con tan solo examinar la cámara con la que trabajaba. Básicamente con la Rolleiflex clásica para capturar una imagen hay que ser muy cuidadoso y eso era perfecto para la película limitada que tenía en el Amazonas.

Lo más importante es que para fotografiar con una Rolleiflex hay que sostenerla a la cintura o en un trípode. Y eso transforma la perspectiva del sujeto. En lugar de enfocar hacia abajo como lo haría una persona alta con una cámara CRL hay que enfocar hacia arriba y es por eso que todos sus sujetos lucían tan grandes en escala y dimensiones.

Para Schultes la cámara exigía una especie de acto de gracia. Incluso para enfocar la cámara hay que mirar a través de la lente. Lo que en efecto transforma el acto de la fotografía de una agresión a un gesto de gracia. El fotógrafo reverencia a su sujeto antes de cada toma y creo que eso es una muestra de la sensibilidad y de la relación que Schultes tenía con la fotografía. Eso le permitió crear este asombroso registro que vivirá por siempre.

Todas estas cosas en combinación le permitieron recopilar lo que probablemente siempre será uno de los registros de la fotografía etnográfica más completos en la historia de la exploración del Amazonas”.


Fragmento literal del documental “El Sendero de la Anaconda” ( Minutos 21:52 – 25:00)


Referencia de la película

Angulo, Alessandro. (Director). (2019). El Sendero de la Anaconda. Colombia: Caracol Televisión. 73 minutos.

Diario de campo y artesanía del análisis de datos: Segunda Parte

Rosa Patricia Quintero Barrera

Diario de campo. Primera parte presenta el contexto de la importancia de tomar notas en el proceso investigativo. Es recomendable anotar en una o en varias libretas de campo, no dejar a la memoria o a los dispositivos electrónicos la información recolectada. Escribir es una manera de ir procesando más a profundidad la información. Ahora veremos algunas ideas para analizar los datos allí consignados, desde el enfoque cualitativo:

Cada diario guarda su propia memoria, la del momento de su uso; tanto durante el trabajo en terreno como en la fase de la interpretación. Los diarios son desordenados, con las hojas dobladas, rasgadas, con vestigios de un exquisito café colombiano saboreado por quien escribe mientras lo manipula. Almacena descripciones de personas, de eventos y de geografías; reflexiones, tareas por hacer, listas de compras, números de celulares, correos electrónicos, preguntas que van surgiendo en la medida en que se avanza en el intento de explicar el fenómeno estudiado, textos por leer, películas para ver. Están llenos de notas rápidas de otras más detenidas, de papelitos con temas que luego van a resultar de mucha utilidad para categorizar la información.

El análisis de datos, va junto con la escritura y la lectura, no podemos desligar los datos primarios (recolectados por el mismo investigador: observación-entrevistas) de los datos secundarios (provienen de otras investigaciones: rastreos bibliográficos); porque justo de eso se trata, de armar al propio riesgo las interpretaciones que crucen, que relacionen los datos de distintos métodos, sin olvidar la trascendencia de la observación sea participante o no.

Este proceso es toda una artesanía intelectual, como aparece en las siguientes fotos que muestran las clasificaciones que han hecho los investigadores por preguntas y por temas. En las cinco primeras vemos recortes de una encuesta, pegados en el diario. En la última foto, las preguntas están almacenadas en unos sobres que indican los temas que contienen.

Es preferible conservar el anonimato de las fuentes, se trata de profundizar en un fenómeno desde el propio contexto de la gente, de hallar generalidades sin descuidar aquello que se sale del grueso de las respuestas. Aunque siempre nos quedemos con muchos datos sin saber en dónde ubicar. Por fortuna ocurre este fenómeno, ya que el acercamiento etnográfico a la otredad nos puede maravillar e inquietar, y de pronto nos puede abrir posibilidades de mirar desde otros puntos de fuga, ya sea para reorientar las relaciones entre las variables pensadas al inicio en la fase del Diseño de la investigación o para futuras indagaciones.

“Sea un buen artesano: evite un conjunto rígido de procedimientos. Por sobre todo, trate de desarrollar y aplicar la imaginación sociológica. Eluda el fetichismo del método y la técnica. Impulse la rehabilitación de una artesanía intelectual no presuntuosa, y trate de convertirse en artesano usted mismo. Que cada hombre sea su propio metodólogo” (Wright Mills).

Wright Mills nos invita a pensar en la manualidad del ejercicio de interpretar la información almacenada en las distintas herramientas que el investigador tiene a su disposición: diarios de campo, fotografías, grabaciones de audio, videos, formatos de entrevistas y/o de encuestas; además de las posibilidades que ofrecen los formatos digitales, que también constituyen valiosas formas de llegar a personas que de manera presencial sería muy difícil. Llega el momento en que se tiene lo recolectado en campo de manera separada y sin procesar. Esa etapa de la investigación es la del análisis o de sistematización de datos:

“El análisis de los datos, como vemos, implica ciertas etapas , diferenciadas. La primera es una fase de descubrimiento en progreso: identificar temas y desarrollar conceptos y proposiciones. La segunda fase, que típicamente se produce cuando los datos ya han sido recogidos, incluye la codificación de los datos y el refinamieto de la comprensión del tema de estudio. En la fase final, el investigador trata de relativizar sus descubrimientos (Deutscher, 1973), es decir, de comprender los datos en el contexto en que fueron recogidos (Taylor y Bogdan, 1987, p. 159).

A manera de complemento, los mismos autores sugieren:

Lea repetidamente sus datos.
Siga la pista de temas, intuiciones, interpretaciones e ideas.
Busque los temas emergentes.
Elabore tipologías.
Desarrolle conceptos y proposiciones teóricas. 
Lea el material bibliográfico.
Desarrolle una guía de la historia (Pp. 160 – 166).

En las fotos anteriores vemos un avance en la redacción del producto final. Los investigadores ya han estudiado todas las respuestas previamente clasificadas por categorías analíticas e interpretan, han seguido a su propio modo las instrucciones de Taylor y Bogdan. Finalmente los manuales de metodología, como todos los manuales dan ideas de procedimientos que los autores han probado; pero cada uno arma sus propios métodos, de acuerdo a su capital cultural e intereses.

El lector crítico se engancha con un texto novedoso, que aunque en apariencia trate sobre un tema ya estudiado, exponga referentes que lo sorprendan e inquieten. A menos de que se trate de un informe técnico, que pretenda probar hipótesis planteadas desde los escritorios e intereses político-económicos de los contratantes. En esos informes el investigador no aparece, escriben en impersonal, porque no hay autor ni responsable. Por fortuna, en los ensayos académicos y literarios, el escritor sí aparece, establece una diálogo con el lector que puede generar gustos o disgustos. El que escribe desde lo que sabe y siente termina exponiéndose.


Bibliografía

Arana, Michell. (2019). Diario de campo de la investigación “La fotografía una moda en los jóvenes” con Alejando Bolaños. Asignatura “Técnicas de Investigación”, Programa de Diseño Visual, Facultad de Arte y Diseño. Popayán: Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

Males, Andrés y Baquero, Julián. (2019). Diario de campo. Asignatura “Técnicas de Investigación”, Programa de Diseño Visual, Facultad de Arte y Diseño. Popayán: Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

Quintero, Patricia. (2015 y 2019). Diarios de campo de dos investigaciones (s.f.).

S.l. Taylor y R. Bogdan. (1987). Introducción a los métodos cualitativos de investigación. La búsqueda de significados. Buenos Aires: Paidós.

Habitar la mente y el cuerpo de un indigente: ejercicio de Ética

El ejercicio de la clase de Ética fue muy sencillo: analizar el video “Mentira la verdad – El otro” del filósofo Darío Sztajnszrajber, tomar nota en el cuaderno de aquello que no quisieran olvidar en particular teniendo en la mente ¿Quién soy yo? y ¿Quién es el otro? Luego de conversar entre todos un buen rato, decidimos habitar la mente y el cuerpo de un joven indigente que deambula por la ciudad. A continuación aparecen algunos de los escritos que quedaron del momento de ponerse en el lugar de un otro sujeto, muy distante a cada uno:

 

Juan David Coral Arcila

Recuerdo aquel día que cometí el error. Lo tenía todo: familia, estudio, hogar, alimento diario; todo lo que se requiere para vivir y ser feliz lo tenía yo, pero ahora no tengo nada. Ya no recuerdo muy bien como inició todo, pero si el día en que cambió; desearía poder retroceder unos años atrás para poder vivir aquellas pequeñas cosas que me hacían feliz, como cuando mi madre me regañaba porque no lavaba mis manos antes de comer o cuando me gustaba aquella niña en el colegio, eran cosas tan simples o tal vez insignificantes para mí, o incluso para cualquier otra persona que siempre lo dejaría pasar por alto, y es que la verdad no deseo mucho, solo un poco, algo mínimo nuevamente, quiero que las personas me miren como antes, como una persona normal, quisiera despertar en mi cama acolchada y enfurecer con ojeras porque tengo que ir a estudiar, deseo sentirme parte de esta sociedad, que no me excluya nadie por como estoy o por como me veo en este momento, pero sé que eso nunca pasará, las personas me ven como una cosa rara, como un perro callejero sucio que deambula por las calles de Popayán sin un destino fijo.

Solo quiero sentirme como una persona más, que nadie huya o inventen cosas sobre mí, quiero recibir hospitalidad y tolerancia de nuevo, quiero solo ser feliz y parar de sufrir, porque cada día que despierto en un lugar diferente sé que me espera el día a día, sufrimiento y discriminación por parte de todos, y esto por un error que cometí hace años como un simple ser humano que somos todos, pero sé que nadie lo entenderá ni llegará a ver lo que era antes, mi sufrimiento se ha vuelto cotidiano hasta el punto de perder mi dignidad frente a todos, no pido mucho, solo quiero que entiendan que todos cometemos errores  como humanos que somos y así, dejar de sufrir tan solo unos minutos.

 

Isabella Castro Martínez

Las personas se alejan de mi apenas me ven, les aterroriza mi aspecto físico y mi ropa rasgada. Nadie se detiene a pensar en cómo me siento. Es incómodo ver como todos a mi alrededor se quitan. Acepto que huelo mal. Mi casa es cualquier esquina del centro de Popayán, mi comida es incierta, a veces no sé quién se apiada de mi para darme una migaja de pan. Mi mente está en otro mundo, no sé si es por tantas drogas que he consumido, pero solo sé que sobrevivo por esa ansiedad de consumo. Nadie se pone en mi lugar, todos creen que ya estoy completamente ido y fuera de órbita, que mis pies solo caminan por inercia, pero en realidad es porque debo ir pidiendo algo de comida en las calles.

Suelo ser grosero, pero mi cabeza ya no razona como antes y nadie entiende eso. Pero en esta vida no todos se atemorizan de mí, o de los demás que están en la calle. Algunos se acercan a preguntarme cómo estoy y con cualquier vaso de aromática o café con un pan, me ayudan a completar la comida del día. Vivimos en una tierra con dos mundos, donde solo vemos una cara de la moneda, una civilización tolerante para lo que le conviene e intolerante para lo que no, muy pocos son personas hospitalarias que nos ayudan cuando más lo necesitamos, pero como muchos no pertenecemos a esa clase social alta, no nos notan, ni siquiera somos importantes, porque en esta vida, eres tu contra el mundo.

 

Alejandro Bolaños Valencia

Yo, una persona indigente, que no puedo imponer mi identidad ya que ahora no soy nadie solo otro más, una persona de la calle, a veces siento que soy una amenaza o un objeto en la sociedad, alguien que golpea a las personas con el mal olor o con repugnancia. Pienso que las demás personas son más que yo, en que hay una gran diferencia, pero soy yo cuando puedo tolerar o rechazar lo que me ofrecen las demás personas, cuando alguien quiere ser hospitalario conmigo, soy yo cuando puedo decidir entre aceptar o no.

 

Jesús David Zúñiga Ceballos

¿Habito un cuerpo desolado que da pasos sin fe o esperanza alguna, acaso existe un lugar para este peregrino? Lo más probable es que no, tal vez aquí no, pues estas paredes blancas que aunque dicen ser nobles están manchadas  de una suciedad peor de la que cargo, de un olor más fétido  que el que me posee, pues ellas me sometieron sin tocarme un pelo, pero si mi conciencia y de muchos más quienes como yo aclaman algo, anhelan una mano ayuda que ciertamente no está dentro de aquella blanca ciudad de estereotipos, de nombres ya apellidos donde el hambre tuya y mía es un circo nada más.

 

Ángela Gerardin Pachón Malaver

El desprecio hace parte de mi vida y en muchos casos paso desapercibido entre el afán del día. No es fácil lidiar con los demonios, pero aprendí a convivir con los míos, somos uno desde siempre, me les uní y me hundieron un poco más; muy pocos sabemos lo que es tocar fondo de esta manera, con la soledad como única compañía, y lo agrietada que tengo el alma de tanto caminar sin rumbo, pues lo perdí hace mucho, al mismo tiempo que me perdí.

Indiferencia, esa misma con la que me ves cuando vamos por la misma acera y pareciera como si en ese mismo instante fuera invisible. Causo miedo y soy el ejemplo de lo que no se debe seguir, puntos extremos y mil suposiciones del porqué llegué hasta aquí, pero tan solo yo conozco mis pasos y la manera en la que el camino me va a abriendo espacio para continuar, tan roto, que me convertí en tierra infértil. Con el hambre siguiéndome los pasos y mis manos rebuscando entre la basura, para comer, y con el agradecimiento intacto hacia aquellos que me tendieron la mano con un poco de comida. Vacío pero con el baúl de los recuerdos un poco más lleno, aunque no los recuerde siempre, porque la lucidez y la cordura son significados que se me esfuman por ratos.

 

Libny Joel Ulloa Vidal

Siento que cada día que pasa busco la forma de sobrevivir en esta sociedad que me ve con ojos indiferentes y poco comprendidos. Sobrevivo cada día con lo que me ofrecen las personas. Mis expectativas de vida son muy bajas. Siento un vacío que me invade de soledad y todo me abandona. Lo único que puedo hacer es deambular para sobrevivir con lo que hay, no creo poder salir de este círculo en el que me encuentro. Mi mente tuvo un estado de proyección y no surgió lo que esperaba en mi vida puede que las oportunidades no las tuve presente, donde solo hago las cosas por hacer sin tener un propósito en mi vida, todo lo que tenía lo he perdido debido a mis adicciones.

 

Yency Gabriela Muñoz Viveros

Saber que estamos ligados a una sociedad discriminadora que no sabe por las cosas que pasé, por ser el otro ante la sociedad lo que me llevó a ser lo que soy ahora. Tuve muchos problemas antes de llegar aquí, tal vez en ese momento de mi vida no supe afrontarlos y llegué a tocar fondo. Me perdí en un mar de dolor, no supe afrontar los problemas y caí en lo más profundo del olvido. Quizá mi familia no supo darme consuelo y me dieron la espalda. Salí un día de mi casa sin rumbo alguno y me perdí, no sé ni me acuerdo qué era de mi antes de llegar aquí. Me acostumbré a vivir en esta miseria. Me miran porque huelo mal, como los desperdicios de la ciudad, Para ellos siempre voy hacer el otro, el que huele mal, al que si ayudan se va a convertir en mi. Por eso sigo aquí y no sé hasta cuando más voy a recorrer las calles de esta vieja ciudad de paredes blancas, no sé si mi familia se acuerda de mi o simplemente no soy familia para ellos, soy simplemente un extraño para todas las personas. Si dependo del otro para poder salir de aquí, pero ¿quién es ese otro que me ayudará a salir de esta miseria?

Duermo en cualquier calle de esta ciudad, donde el sol se caiga. Para muchas personas hago estorbo, soy un estorbo. Son pocas las personas que me dan un poco de comida, pero muchas más las que me ven como una cosa rara, si tan solo tuviera quien me ayudara a salir de esta miseria a la que he llegado por no tener el suficiente valor de enfrentar los problemas, como quiero ser una persona normal.


Gratitud a los estudiantes:

Isabella Castro Martínez, Alejandro Bolaños Valencia, Sara Isabel Ledezma Valencia , Yency Gabriela Muñoz Viveros , Jesús Zuñiga Ceballos, Juan David Coral Arcila, Libny Joel Ulloa Vidal y Ángela Geraldin Pachón Malaver, por la generosidad de publicar sus escritos (Asignatura Ética, Programa de Diseño Visual, Facultad de Arte y Diseño, Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca).


Referencia

Sztajnszrajber, Dario. (2014). “Mentira la verdad – El otro”. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=-5jXIkjG0Tk&t=10s

La sabedora de plantas para el día de la Afrocolombianidad

Fotografía de Alfredo Valderrutén

Doña Inocencia ha cogido camino por varias partes del litoral Pacífico, desde Guapi, el resto del Cauca y el Valle del Cauca; en la plenitud vivida de sus largos años. Es una mujer viajera, sabedora de los usos de las plantas para curar y de las maneras de venderlas en los lugares en donde bien la reciben. La conocí en las cercanías del Puente del Humilladero en Popayán. Se había apropiado a su antojo del espacio, dispuesto con el orden que ya tiene memorizado para colocar sus plantas, que entre formas redondas y alargadas, lucen bellos tonos de marrón. A pleno sol, ofrecía sus productos botánicos con el regalo de su eterna sonrisa. Por eso, resultó del todo inevitable arrimarse a conversar con ella, sobre los asuntos importantes de la sanagua, del chaparro, de la zarzaparrilla, de la hoja de gualanday. Seguir leyendo

La soledad del adulto mayor, antes y después del confinamiento

a través de La soledad del adulto mayor, antes y después del confinamiento

Del MaliaOcéano Blog de Antropología sociocultural y medioambiental de Nubia Barrera Silva 


 

El virus es una creación perfecta de la naturaleza, se adapta a todos los escenarios posibles, viaja por avión, tierra, agua y aire, es más efectivo que cualquier otro invento de la sacrosanta inteligencia artificial. Por eso, ha llegado primero a los países industrializados de Asia, China, Corea del Sur, Japón, Italia, España, New York, de España viajó al Ecuador, Colombia y Brasil.

Desde el Sur, vimos tambalear las decisiones de los gobiernos europeos, bien acostumbrados a enterarse de las pandemias en las zonas cálidas de los Países del Sur Global. El poder de la dominación capitalista, en ocasiones, confunde las fronteras políticas con la subvaloración de la grandeza ilimitada de  la naturaleza.

Las especulaciones van y vienen, ¿qué sucederá un día después del confinamiento? Existe un caos total en las estadísticas oficiales, no se sabe, si es premeditado o un producto de la improvisación: nadie conoce las cifras del pico, el personal médico permanece sin protección sanitaria;  los medios oficiales de comunicación continúan la desinformación cotidiana, especialmente para el 65- 70% de la población vulnerable y de otros estratos sin suficientes hábitos de lectura en fuentes internacionales.

Los gobiernos de los países subdesarrollados afirman que cada persona  es responsable ante sí misma y del otro, es decir, tendrá que auto vigilarse y evaluar exhaustivamente cada nueva sensación corporal o psicológica, si el virus la eligió en su vertiginosa expansión, sin límites ni fronteras geográficas en el planeta.

Fuente: Martirena

Sin embargo, cuando el virus se posesiona del individuo, empieza el calvario de opciones: si tiene enfermedades preexistentes y genéticas, cubre todas las franjas de las edades; si es pobre, trabajador itinerante, unos meses tiene ingresos y otros no;  si por correo electrónico el jefe lo ha despedido de la noche a la mañana y situaciones similares abundan. De todo lo escrito e informado sobre el virus, es que ataca de manera diferente a cada humano elegido como huésped, todo depende del estado de salud.

La etapa previa, es una verdadera odisea, aparte de los síntomas generalizados: “tos, fiebre, cansancio, congestión nasal,  secreción nasal, dolor de garganta, dolor de cabeza, diarrea, fatiga y dificultad para respirar” [1]. En definitiva, la naturaleza pario un virus inteligente. Parece ser, que el problema central no es el virus, ni el estado de salud/enfermedad  de la persona afectada como lo hacen creer, la causa está en la privatización del sistema de salud. En Colombia es la Ley 100, inspirada en la de Pinochet en Chile.

Por la precariedad del sistema de salud, los gobiernos han impuesto a cada ciudadano, la auto vigilancia basada en el miedo a la muerte y la permanente desconfianza hacia cualquiera que estornude a nuestro lado. Es paradójico, aunque la vida es inseparable de la muerte, en el interior de la mayoría de las personas occidentales, es una opción tan lejana como la niñez de la vejez, excepto en países dominados por la guerra y la violencia. Un persona sale de casa y no sabe si regresará. De lo contrario es  “asunto de  viejos”, “no me llegará…”; incluso he escuchado a personas con sesenta abriles, decir que la muerte es para “ abuelos”. Es aceptable, hoy en día, si la persona tiene hábitos saludables de alimentación, entiende  cómo funciona su cuerpo y sabe cuidarse, mantiene buenas defensas, entonces, la edad golpea menos con el correr de los años; podría decirse que la unidad indisoluble de vida/ muerte está rodeada de mares de subjetividades. Un Maestro espiritual hindú, dice que “no creemos en la muerte, ni siquiera cuando  cargamos los ataúdes de nuestros seres queridos hacia el cementerio o la incineración”.

Desde las subjetividades culturales, los “jóvenes”, están en franjas imprecisas  entre 20/ 60 años, y de ahí en adelante, los adultos mayores están sufriendo el auge de la discriminación, se refieren a ellos, los “abuelitos”, concepto extrapolado del contexto de filiación familiar. En este caso es  sinónimo de anciano y desechable, más que todo, en países de poblaciones relativamente jóvenes. En las competencias frenéticas de las emisoras radiales de multinacionales y banqueros para subir el rating, los #Hashtag  sueltan respuestas como estas: “ya vivió mucho… deje camas libres en los hospitales para los jóvenes”,  “ustedes ya tuvieron su tiempo”, “salga a la calle, si quiere, antes deje comprado el ataúd y los servicios funerarios” .

¿Acaso, todos y todas son abuelitos (as)?   Es el momento de exigir un  trato digno, la edad no nos define como seres humanos, es lo de  menos, cuenta más la sabiduría de la experiencia y el conocimiento;  el aporte a la sociedad en toda una vida de actividad laboral, familiar y social. Por ejemplo en España, los adultos abandonados por sus hijos, parientes cercanos y tirados a los camiones refrigerados por los servicios sanitarios del estado; en sus días de esplendor y de utopías de un mundo mejor, para sí mismos y su descendencia, construyeron el estado de bienestar que el neoliberalismo sepultó, y este putrefacto sistema, también arrasó con sus propias vidas en lo que va del siglo XXI. No es el virus, ni la edad de la persona fallecida, Caro M. afirma: “Las razones son claras: privatización de un servicio esencial, precarización del personal, falta de previsión, desmantelamiento de la atención primaria y hospitalocentrismo”  en todos los países globalizados [2].

Fuente: Stephens

Muchos de los adultos mayores, cargan la nostalgia y la decepción de vivir el momento más crítico de la vida, sin saber qué hacer; sintiéndose un estorbo; otros, al menos,  ni siquiera se han enterado, perdidos en el inframundo de la demencia senil, aún con pensión del estado, han sido totalmente abandonados.  En la entrevista de  López, a Caro M. sobre el COVID-19, menciona las denuncias anónimas de trabajadoras del País Vasco, sobre las 11.000 personas muertas en residencias, muchas no murieron en los hospitales. Fueron sometidas al criterio de exclusión en UCI, hacían parte de los más vulnerables y con todas las probabilidades de quedarse sin cama y respirador. La misma lógica se da con los ancianos y ancianas [3].  Lo más sorprendente de todo, es que, si bien, Covid 19 obliga al metro de distancia social entre unos y otros; la clase social del enfermo, determina la brecha socioeconómica entre ricos y pobres y le cierra el acceso a los servicios de salud a la población empobrecida por sistemas de políticos corruptos, y si los recibe es tan precario, que rápidamente lo conduce a la muerte.

Por el efecto de imitación, este comportamiento de exclusión neoliberal se ha copiado en todos los países sin importar el nivel de desarrollo. En el momento de escribir estas líneas, me asalta el temor, que este escenario se repita en Colombia, han enviado  personas infectadas a las casas. El diario El Tiempo publica: “Un dato que llama la atención es que casi cuatro de cada 10 muertes registradas (38,10 %) tuvieron diagnóstico positivo de coronavirus solamente después del deceso” [4]. Además, la capacidad hospitalaria de Bogotá se ha concentrado en el norte, lugar de residencia de estratos altos, en tanto que, los hospitales de Kennedy y Tunjuelito del Sur con más de cuatro millones de habitantes están colapsados.

Ojalá, sea posible, otro mundo más humano y cercano a la naturaleza. Si no ocurre, seguiremos avanzando hacia el colapso final.

Notas y Bibliografía

[1] “Las personas no necesariamente presentan todos los síntomas. En algunos casos pueden no tener ninguno” Eloisa Ravagnani, (SBI-DF). Paulo Sergio Ramos. OMS. Tomado de la BBC

[2-3] “Es un concepto de salubristas como Javier Padilla, se refiere a que el centro de gravedad de la atención sanitaria se desplaza a los centros hospitalarios y se adelgaza la atención primaria. En el caso de la pandemia está claro que los hospitales fueron fuente de contagio, y que mucha de su saturación se podría aliviar en los centros de atención primaria”.

https://rebelion.org/miles-de-mayores-han-muerto-prematuramente-en-las-residencias-abandonadas-por-el-sistema/

[4]  https://www.eltiempo.com/salud/los-datos-que-dan-una-real-dimension-de-la-pandemia-en-colombia-492244

 

Diario de campo: Primera parte

Rosa Patricia Quintero Barrera

Sí no hubiese sido porque el profesor Richard Evans Schultes, considerado como el más importante explorador de plantas amazónicas del siglo XX no guardó sus diarios de campo, nos habríamos perdido de la maravillosa obra de Wade Davis. Resultado de su primera travesía fue “El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica” (2001). Ese libro surge de su generosísima etnografía al recorrer lo inhóspito de la selva, junto con el etnobiólogo Timothy Plowman.

“Cuando decidí escribir El Río, hace cerca de dos décadas, no tenía ni idea de que el proyecto iba a consumir seis años de mi vida. El profesor Schultes no guardaba sus diarios de campo y era necesario reconstruir sus trece años de experiencias en la Amazonia colombiana a partir de una serie de fuentes de archivo no siempre fáciles de conseguir. El esfuerzo de investigación fue prodigioso, pero sólo después de haber adquirido una visión completa del material histórico, que se grabó en mi mente como sobre piedra, me sentí con la confianza suficiente para convertirlo en sílabas, palabras, frases, párrafos y páginas” (Davis, 2004, p. 1).

La investigación promueve el pensamiento lógico y crítico mediante el cruce de lo empírico y de lo teórico que sugiere lo cotidiano. Incentiva espacios para preguntarse y asombrarse ante la diversidad –de comportamiento y de posibles representaciones- humanas. Durante el proceso investigativo resulta trascendental pasar las realidades captadas a interpretaciones escritas en el diario o bitácora. Ese cuadernito, porque generalmente es pequeño para poderlo llevar a todas partes, guarda toda suerte de conocimientos adquiridos durante el trabajo en terreno, como se le conoce al acercamiento a aquellos con quienes se quiere hablar a profundidad sobre algo, implica –tanto- interés de quien pregunta como de quien responde, para lograr enredarse ambos en el diálogo del salir al mutuo encuentro.

El delicado hilo que une al estudioso de alguna problemática con los datos empíricos que logra entender, tiende a fragmentarse, diluirse, transformarse cuando se concentra en entretejer lo recolectado por medio de la observación y de las entrevistas con las relaciones que va construyendo en su mente y en sus emociones al entender los conceptos enredados en intrincadas y a veces laberínticas teorías.

Diario de Campo de Karenc Michell Arana

Diario de campo de Karenc Michell Arana

Esa interpretación casi siempre se queda en la descripción, en la facilidad y comodidad de traducir, de armar el rompecabezas del conjunto de datos almacenados en los diarios de campo, en las grabaciones de audio y de video, en las fotografías, en los resúmenes, en los textos. Inherente al proceso investigativo, es clara la importancia de increparse no solo en el plano del episteme sino de la propia existencia. Ese propósito tan fácil de escribir, en la práctica, representa –sin duda- gran dificultad. Dificultad porque el academicismo ha hecho lo suyo en nuestras mentes y por ende en los procedimientos metodológicos. No resulta sencillo tomar distancia de la comodidad, de la conveniencia, del miedo de apartarse de lo ya conocido. Tomar para sí, la trascendencia de estudiar otredades y mismidades, con libertades interpretativas, pueden llevar a construcciones de textos con una propia impronta y sentido, incluso con piezas de diferentes rompecabezas, aunque al final no tengan acogida, ni lectores.

En efecto cuando no logramos adentrarnos, ni ir más allá de los datos, nos quedamos en la reproducción hegemónica y colonial del conocimiento. Este asunto tiene doble filo: (i) Las exigencias en el mundo académico (títulos, publicaciones, trayectorias profesionales, empatías con colegas, calificaciones). (ii) Investigaciones propias, colocaciones (disciplina de estudio, posicionamientos políticos e ideológicos, capacidad e interés de salir del facilismo, de esa inmensa sala-cuna, de ese país de Cucaña que plantea Estanislao Zuleta). El conocimiento, entonces se convierte en una mercancía, en un don maussiano, que se da, se recibe o se devuelve. Se convierte en un consumo, en donde se instalan la producción, el mercado y el intercambio de privilegios.

“Las notas de campo deben incluir descripciones de personas, acontecimientos y conversaciones, tanto como las acciones, sentimientos, intuiciones o hipótesis de trabajo del observador. La secuencia y duración de los acontecimientos y conversaciones se registra con la mayor precisión posible. La estructura del escenario se describe detalladamente. En resumen, las notas de campo procuran registrar en el papel todo lo que se puede recordar sobre la observación. Una buena regla establece que si no está escrito, no sucedió nunca” (Taylor y Bogdan, 1987, p. 75).

Aunque a ratos aquello que no se escribe puede ser porque se quiere dejar al secreto de los recuerdos que perduran y que no se quieren contar. Por eso, en la mirada antropológica prefiere la observación. Sin colocación/suelta/divertida/espontánea, in situ como dirían los que se guardan en el saber. Diálogos y encuentros de ethos que subsisten en el mismo calendario, pese a que las existencias no sintonicen. No tienen por qué acordar, son senti-razones plurales. Y justo, eso, hace tan excepcional/maravillosa/inquietante la naturaleza humana, que –siempre- merece ser sorprendida por unas ciertas notas en una libreta de campo; que con letras de colores no sólo registran las palabras y las corporalidades, sino también las pausas, las metáforas y los silencios intermitentes que más cuentan. En consideración a los tecnicismos, que es necesario aprender para luego aparentemente desaprender, solo porque ya forman parte de la mente inquieta y crítica del investigador, Taylor y Bogdan (1987), recomiendan:

Prestar atención. 

Cambiar la lente del objetivo: pasar de una de “visión amplia” a otra de “ángulo pequeño”.

Busque “palabras claves” en las observaciones de la gente. Concentrarse en las observaciones primera y última de cada conversación.

Reproduzca mentalmente las observaciones y escenas.

Abandone el escenario en cuanto haya observado todo lo que esté en condiciones de recordar.

Tome sus notas tan pronto como le resulte posible, después de la observación. 

Dibuje un diagrama del escenario y trace sus movimientos en él. 

Después de haber dibujado un diagrama y trazado nuestros movimientos, bosquejemos los acontecimientos y conversaciones especificas que tuvieron lugar en cada punto antes de que tomáramos nuestras notas de campo. 10. Si hay un retraso entre e! momento de la observación y el registro de las notas de campo, grabe un resumen o bosquejo de la observación. 

Después de haber tomado sus notas de campo, recoja los fragmentos de datos perdidos (p. 75).

A manera de complemento, los mismos autores señalan que aunque cada uno toma las notas como quiere y como puede, es importante:

Comenzar cada conjunto de notas con una caratula marcada con los datos que recuerden el lugar, los participantes y la intencionalidad del encuentro.

Incluya el diagrama del escenario al principio de las notas.

Deje márgenes suficientemente amplios para comentarios

Utilice con frecuencia el punto y aparte.

Emplee comillas para registrar observaciones tanto como le resulte posible. No es necesario incluir reproducciones literales

Use seudónimos para los nombres de personas y lugares.

Las notas deben conservarse por lo menos triplicadas (Pp. 81-82).

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Los diarios de campo, a la larga son íntimos como lo que ocurre en una investigación, los vínculos que se logran, lo que se quiere escribir; luego mucho de lo que contienen quedará en algún escrito de la Universidad, en un trabajo de grado, en un ensayo de revista, en un libro, en un informe técnico; pero como los diarios de los adolescentes guardan frases, dibujos, hojitas pegadas, puntos suspensivos, puntos finales; el descubrimiento de todo un universo interpretativo de lo importante para las personas que salen al encuentro. En palabras de Alfredo Molano (2016) “Escribí buscando los adentros de la gente en sus afueras, en sus padecimientos, su valor, sus ilusiones. Borraba más que escribía, hurgaba, rebuscaba el acorde de las sensaciones que vivía la gente con las que yo mismo llevaba cargadas en un morral”.


Bibliografía

Arana, Michell. (2019). Diario de campo de la investigación “La fotografía una moda en los jóvenes” con Alejando Bolaños. Asignatura “Técnicas de Investigación”, Programa de Diseño Visual. Facultad de Arte y Diseño. Popayán: Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

Davis, Wade. (2004). El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica. Bogotá: Fondo de Cultura Económica.

Molano, Alfredo. (2016). Las inspiradoras palabras de Alfredo Molano al recibir el Premio a la Vida y Obra. Revista Semana. 

S.l. Taylor y R. Bogdan. (1987). Introducción a los métodos cualitativos de investigación. La búsqueda de significados.

Zuleta, Estanislao. (1980). El elogio de la dificultad. Recuperado de https://www.utp.edu.co/rectoria/documentos/el-elogio-de-la-dificultad.pdf

 

Discurso y praxis política en Colombia: Construcción hegemónica del miedo

Rosa Patricia Quintero Barrera

El miedo ha funcionado como una columna estructural de toda organización social. Es inculcado desde la educación, la religión, las historias de descubrimiento y de colonización de los pueblos, los ideales de valores, hasta los mitos y los cuentos infantiles. El miedo surge ante la incertidumbre, lo móvil, aquello que no ofrece conocimiento ni explicación. Adquiere solidez en la oscuridad, la noche, el silencio, lo insondable, lo desconocido, lo solitario, la inseguridad, la muerte. Se convierte en maldiciones de dioses, demonios, monstruos, castigos, enfermedades, malquerencias. Jean Delumeau (1989) alude a una “auténtica hipocresía” al silencio prolongado del miedo en la historia hasta que Sartre en 1945 diferenció los componentes de la ecuación interpretativa que funcionó largo tiempo en occidente entre: el miedo y la cobardía, el “bajo nacimiento” y la burguesía (p. 21). Con Sartre comenzó a construirse la noción del miedo como natural e inherente al hombre. El miedo permite sobrevivir en situaciones de riesgo, conlleva a tomar decisiones de maneras inmediatas e insospechadas. Es un rasgo que compartimos con el resto de animales.
Conduce a las ciudades sitiadas, con poternas de hierro, puentes colgantes e intrincados sistemas de vigilancia y control en el Medioevo. A conjuntos residenciales, cámaras por doquier, alarmas en la actualidad. Han cambiado las formas de implantar la seguridad y de apropiarse de la tecnología, pero la sensación de vulnerabilidad hacia la otredad ha prevalecido.
El ejercicio del miedo ha sido una práctica recurrente en nuestra historia, como un fuerte mecanismo para controlar las maneras de pensar, los estilos de vida, las formas de explotar el medio ambiente, los comportamientos y, por supuesto, las intencionalidades políticas tanto de quienes ejercen el poder como de quienes se someten a sus dinámicas.
Se hace institucional en aquello que no se aparta de lo hegemónico. De ahí la trascendencia y vigencia en las prácticas culturales del modelo capitalista, de los sofismas que pretenden inculcar a través de la familia, la religión, el Estado y los medios de comunicación en las maneras como los sujetos representan sus expectativas y comportamientos de diferente índole, tanto desde su mismidad como desde su alteridad identitaria. Reguillo (2006) plantea que “Los miedos son individualmente experimentados, socialmente construidos y culturalmente compartidos” (p.32). Uno de los ámbitos en donde se evidencia esa construcción colectiva es a través de la vivencia política.

Nada más difícil de analizar que el miedo, y la dificultad aumenta más todavía cuando se trata de pasar de lo individual a lo colectivo (…) [porque] es una emoción-choque, frecuentemente precedida de sorpresa, provocada por la toma de conciencia de un peligro presente y agobiante que, según creemos, amenaza nuestra conservación (Delumeau, 1989, Pp. 27 – 28).

La urdimbre de representaciones, intencionalidades, diferencias que se entrecruzan en la mente de los sujetos políticos –que no parten de supuestos neutros- abre un escenario interesante para el análisis académico, sobre todo si se piensa en el papel que desempeña el miedo como un control social eficaz que se mueve entre lo privado y lo público. Las relaciones sociales inmersas entre los administradores de lo político y sus adeptos están permeadas por distinciones socio-económicas y por poderosos discursos que de alguna manera logran generar una especie de creencia.
En Colombia el miedo político es un instrumento que la élite ha utilizado para gobernar y sostenerse en el poder. Las tres últimas administraciones presidenciales han basado su práctica política en la noción de seguridad democrática. La seguridad connota certidumbre/certeza/credibilidad/verdad, o sea, es lo inverso al miedo. ¿Quiénes son los sujetos involucrados? Estamos considerando relaciones sociales entre los administradores de la política y los sujetos ciudadanos. Esos vínculos humanos están marcados por jerarquías socio-económicas, intereses políticos, estilos de pensar ¿En dónde se encuentran esas prácticas y actores políticos? Hallan escenarios a través de los diversos medios de comunicación, de eventos (consejos comunitarios, plazas públicas en momentos de elecciones), también mediante comentarios, chismes, rumores cotidianos. ¿Cuáles son los mecanismos comunicativos? El discurso, las políticas públicas y las formas identitarias propias de los administradores de la política. Aquí ajusta la dimensión pseudoreligiosa de Max Neef a las formas narrativas que emplean los estilos de gobierno Uribe y Santos engalanado con los lemas: “Mano firme, corazón grande” y “Prosperidad para todos”, respectivamente. Dejando en los ambientes exegéticos de la gente las ensoñaciones de una Colombia imaginada de equidad y oportunidades públicas. En consideración a que en Colombia el conflicto y la guerra han sido de larga duración, un ámbito imprescindible en este tema de estudio es la significación de la muerte como una práctica implementada por sus protagonistas. Según Taussig (2012):

“El espacio de muerte es importante en la creación de significado y de consciencia, y en ninguna parte tanto como en las sociedades donde la tortura es endémica y en donde florece la cultura del terror” (32).

La polisemia de la muerte, tanto de facto como simbólica es quizá uno de los aspectos que más terror forja. Al respecto, ejemplos en la historia y en el presente del país se hallan por doquier: torturas, matanzas y ajusticiamientos de los actores armados; señalamientos e inculpaciones a intelectuales, profesores, sindicalistas, líderes de movimientos sociales, ambientalistas. Aquí se ha evidenciado la mirada esencialista desde quienes ejercen el poder, y que han difundido a un gran sector de colombianos por medio de la vehemencia de sus retóricas y la complicidad de los medios de comunicación, como una estratagema de colonización ideológica.
En este sentido surgen otras preguntas: ¿Por qué la gente cree en estos discursos? ¿Cuál es la relación entre la noción de la seguridad y el miedo? ¿Cuáles son las connotaciones del uso frecuente de formas lingüísticas intimidadoras del discurso político de los sectores dominantes? ¿Cómo percibe esas intencionalidades el ciudadano del común? ¿Cuáles son los cambios que se evidencian en la participación política y en la pertenencia a determinados partidos políticos? ¿Cuáles son los referentes identitarios, simbólicos, interculturales que operan en la mente de los sujetos-ciudadanos para aprehenderse o no de un discurso político basado en el miedo? ¿Cómo se insertan y de qué manera participan los movimientos sociales marginales conformados por grupos de izquierda, indígenas, campesinos, afrodescendientes y miembros de la comunidad LGBT? La anterior pregunta lleva a pensar en las posibles maneras de imaginar y pretender un país incluyente que admita la multiculturalidad en términos democráticos. Cada uno de esos grupos individualiza y exterioriza sus propios miedos frente a la diversidad ideológica, de libertades de pensamiento y de acción, legitimadas por la Constitución Política de 1991.
En Colombia se ha naturalizado y trivializado el clientelismo, la corrupción de los políticos en las más -diversas y magnas- escalas, el asalto a los derechos humanos, la participación en el sector legislativo de delincuentes y asesinos, la existencia de la pobreza y desigualdad en cifras espeluznantes, el destierro de ciudadanos vulnerables que habitan zonas de inmensa riqueza biogeográfica y el desempleo, entre otros aspectos. Me increpa la resonancia que motivó el fallecimiento del exmagistrado Carlos Gaviria: todos los sectores políticos han exaltado su ética, talante académico, compromiso humanista y respeto ante los adversarios, como sí esas cualidades no debiesen ser impronta de cualquier político y ciudadano colombiano. ¿Por qué estamos tan acostumbrados al comportamiento infame de nuestros políticos? Parto de la premisa de que la política debe estar al servicio de los seres humanos. Entender los sentidos entre el miedo, el discurso y praxis política y sus repercusiones en las realidades de la gente puede motivarnos a pensar una nación más incluyente y libre en cuanto al pensamiento y la acción. Al respecto, Gnecco (2008) plantea:

“Colombia es un lugar más para imaginar escenarios posibles, pero no es un lugar particular cualquiera sino nuestro lugar, la plataforma de despegue y aterrizaje de nuestros cohetes discursivos” (p.24).


Bibliografía

Delumeau, J. (1989). El miedo en Occidente (siglos XIV-XVIII): una ciudad sitiada. Madrid: Taurus. 

Gnecco, C.  (2008). Discursos sobre el otro. Pasos hacia una arqueología de la alteridad étnica. En, Revista CS. Facultad de Derechos y Ciencias Sociales.  Cali: Editorial Universidad Icesi.

Max-Neef, M. (2006). Entrevista de Verónica Gago. Periódico El País. Argentina. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-2616-2006-09-17.html

Reguillo, R. (2006). Los miedos contemporáneos: sus laberintos, sus monstruos y sus conjuros. En, José Miguel Pereira y Mirla Villadiego (Ed). Entre miedos y goces. Comunicación, vida pública y ciudadanías. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Pp. 25-54.

Taussig, M. (2012). Chamanismo, colonialismo y el hombre salvaje. Un estudio sobre el terror y la curación. Popayán: Editorial Universidad del Cauca.

 

 

Epitafio a un bromista: In memoriam de Marcos Mundstock

 

(Les Luthiers)

 

Una de las razones para que Eddie Blake pensara que “la vida es un mal chiste”,
Probablemente era, el que no hubiese conocido a Mundstock.
Y cuando Chaplin dijo que un día sin reír era un día perdido,
Mundstock se aseguró de que nosotros tuviéramos muchos días ganados.

Johann Sebastian Mastropiero, está de luto.
Mundstock, el compositor, el artista, el Luthier, se ha ausentado.
El telón se ha cerrado, pero su obra sigue viva.

Un cómico de la música y músico de la risa,
Ha abandonado el pódium de los grandes,
Para seguir el camino de los inmortales.

¡Cuidado!
¡Algún día un ejército de bledos, se lanzará sobre los hispanoparlantes para vengarse de tantos siglos de ninguneo!

Etnicográfica brinda un muy especial homenaje a este grande y entrañable amante de los recovecos idiomáticos y de las jovialidades del lenguaje cuyos chistes, era imposible no tomarse enserio.