Dejación de armas de las FARC-EP: “Adiós a las armas, adiós a la guerra, bienvenida la paz”

 

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Rosa Patricia Quintero Barrera

Adiós a las armas, adiós a la guerra, bienvenida la paz, fueron las palabras que con ahínco pronunció Rodrigo Londoño, Comandante de las FARC-EP, al finalizar su discurso del acto simbólico de dejación de las armas por parte del movimiento revolucionario. Este acto fue producto de acuerdos bilaterales entre la guerrilla y el gobierno, en los que ambas partes se comprometieron a no usar más las armas en el ejercicio de la política.

Según el discurso de Londoño, las FARC-EP dejan su alzamiento armado de 53 años, para constituirse en un movimiento legal que desarrollará su accionar ideológico, político, organizativo y propagandístico por vías exclusivamente legales –sin armas- y pacíficamente. Es la apertura a una democracia liberal en que el Estado se compromete a no utilizar las armas para perseguir a opositores políticos o al pensamiento crítico.

Manifestó que ellos cumplieron con la dejación de armas de conformidad con lo pactado, quedan ellas en manos de las Naciones Unidas para la construcción de los monumentos previstos. (…) A partir de hoy, debe cesar toda persecución política en Colombia. Aspiramos a que la Reforma Rural Integral pactada en el primer punto del Acuerdo Final sea implementada con celeridad, pues entendemos la necesidad estratégica del desarrollo del campo colombiano, sin perder nunca de vista, que el conflicto armado, en gran medida obedeció al despojo y a la violencia sufrida por nuestros campesinos. (…) No nos opusimos, por principio, a que los grandes empresarios del agro puedan adelantar sus proyectos. Sólo exigimos que el desarrollo de estos, no arrolle ni impida el auge de la economía campesina. Esperamos que la democracia colombiana abra generosa sus brazos a todas las fuerzas, organizaciones y movimientos excluidos centenariamente de las garantías políticas.

Londoño, aludió a algunos de los puntos del Acuerdo Final, como a las circunscripciones especiales, al problema de los cultivos de uso ilícito, a los carteles del narcotráfico, redes de apoyo y lavado de activos, lucha contra la corrupción, al Acuerdo de víctimas, que se resume en el sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición, el desmantelamiento de organizaciones criminales y sucesoras del paramilitarismo, el sistema de seguridad integral para el ejercicio de la política.

Aprovechó para expresar su preocupación por la negligencia estatal en la honra de su palabra. Los asesinatos de líderes populares no se detienen, mientras crece la amenaza paramilitar en todo el país. La muerte agrede y alcanza a milicianos, amnistiados, y son varios los casos ya, de familiares de estos que han sido asesinados, el cumplimiento de la Ley de amnistía e indulto.

Este acto, ocurrió en el Municipio de Mesetas (Meta, Colombia) el 27 de junio de 2017; con el acompañamiento de las Naciones Unidas y la presencia del Presidente Juan Manuel Santos, parte de su gabinete de gobierno, delegados internacionales, líderes de iglesias, entre otras personas interesadas e implicadas en el tema.

El Proceso de Paz en Colombia ha generado muchísimas expectativas y sobre todo opiniones de diversas coloraciones políticas. El país se encuentra polarizado, entre opositores, defensores, simpatizantes e indiferentes al evento histórico de la transformación del grupo armado insurgente más antiguo de Latinoamérica, en movimiento político, como resultado en un intenso y controvertido proceso de negociación, que debió realizarse fuera del país y con el arbitrio de otros países y organizaciones internacionales expertas en este tipo de asuntos.

En el mundo han ocurrido fenómenos similares, para centrarnos en Latinoamérica, tres exguerrilleros han ocupado cargos presidenciales: Pepe Mujica en Uruguay que militó en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, Dilma Rousseff en Brasil que perteneció a la Organización Revolucionaria Marxista de Brasil, y Salvador Sánchez en El Salvador que formó parte de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí. Tampoco es la primera vez que en Colombia, un grupo alzado en armas se reincorpora a la vida civil: Guerrillas de Llano (1953), M-19 (1990), EPL (1991), Movimiento Armado Quintín Lame (1991), Corriente de Renovación Socialista (1994), Autodefensas Unidas de Colombia (2003-2006).

El M-19 fue la segunda fuerza política en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Carlos Pizarro quien fuera su comandante en jefe fue candidato presidencial en 1996 y asesinado en plena campaña. La Unión Patriótica también ha participado de manera activa en la política colombiana, y muchos de sus partidiarios fueron asesinados; al igual que tantos colombianos que han sido encarcelados y que han entregado sus vidas por soñar a una Colombia distinta; quizás democrática e incluyente.

Las preocupaciones que planteó Rodrigo Londoño, acaecidas en la seguridad de los suyos al reincorporarse a la sociedad, son compartidas por muchos colombianos. El Presidente Santos manifestó: “Lo dije hace un año y lo repito ahora: no estoy y seguramente nunca estaré de acuerdo sobre el modelo económico y político que según ustedes (las Farc) debe tener nuestra nación, pero defenderé sus derechos para expresar sus ideas porque esa es la esencia de la libertad”. Y justo, con esa intención, queremos quedarnos y unirnos al clamor de una reconciliación nacional. De darnos la posibilidad de una construcción de país sin la intervención de armas; aunque pensemos distinto, tengamos una religión u otra, o quizá ninguna, a que tengamos determinadas preferencias sexuales, o luzcamos colores de piel y fenotipos. Una Colombia en donde sea derecho y opción el trabajo digno, el acceso a los bienes y servicios, a la educación, a la salud, a la vivienda, al ocio, a la diversión, a la palabra escrita y pronunciada, a los sentimientos encontrados, a la identidad y a la otredad. En suma, a vivir sin miedo y poder mirar a la cara a los otros y a que nos miren, sin juzgamientos ni estereotipos, y menos sin la violencia de facto de las armas.


El uso de la letra cursiva corresponde a transcripciones literales de los discursos. Las caricaturas fueron tomadas de El Espectador y El Tiempo. Las transcripciones vienen de Las Farc dejan todas sus armas. El Espectador. 26 de junio de 2017  

 


Algunos enlaces de interés:

52 años en pie de guerra. Multimedia El Tiempo

“Decir que en Colombia nada cambia demuestra una falta de sensibilidad histórica”: María Emma Wills. Laura Ramírez León. Lunes, 26 Junio, 2017 – 19:00

¿Por qué no hay euforia en Colombia con la entrega de armas de las FARC? Natalio Cosoy (@nataliocosoy)
BBC Mundo, Bogotá

Ahora solo falta que se desmovilicen los uribistas. “El pueblo es ignorante pero la historia no. La historia es tremenda jueza y, Uribe, el Gran Colombiano, va a ser recordado como el saboteador de la paz” Por: Jorge Castro  Junio 27, 2017. Las 2 Orillas.

Llegó la hora del desarme ciudadano. Por: Jorge Torres. 27 Jun 2017 – 6:57 PM. El Espectador

“Así fue el día en que me entregaron el arma y el día que la dejé”: recuerdos de guerrilleros de las FARC en un día histórico para la paz en Colombia. Cuando se completa el proceso de dejación de armas de la guerrilla más antigua de América Latina, tres combatientes de las FARC le cuentan a BBC Mundo cómo fue el día que se sumaron al conflicto armado colombiano y cómo fue el día en que finalmente abandonaron el fusil. POR NATALIO COSOY / BBC MUNDO* MESETAS, COLOMBIA. 2017/06/27. Arcadia

No le fallamos a Colombia, hoy dejamos las armas: Rodrigo Londoño. Paz. 27 Jun 2017 – 12:01 PM-Redacción paz. El Espectador

El adiós a las armas y el futuro de Colombia. Por Jairo Rivera. 27 JUN 2017 – 5:20 PM. El Espectador.

El omnipresente fordismo

Rosa Patricia Quintero Barrera

Qué se muevan las industrias, cantan Los Prisioneros. La frase alude al sistema económico, que tuvo gran empuje con la Revolución Industrial, y los subsecuentes cambios estructurales en la economía del mundo occidental. Desde allí, se marca tarjeta al ingresar a las industrias para dejar constancia del cumplimiento de horarios, de la realización de actividades repetidas y seriadas, de la sumisión a las órdenes, a investirse de uniformes tanto corporales como simbólicos que indican la pertenencia de facto y mental a quienes pagan los sueldos. Ya canta Alberto Beltrán en ‘El negrito del Batey”, porque el trabajo lo hizo Dios como castigo.

Así, inició ese miércoles 8 de marzo en la Ciudad de Paredes Blancas (Popayán – Colombia). Las personas atravesaron el Parque de Caldas, transitaron afanadas, recién bañadas, colocadas para llegar a sus lugares de trabajo. Algunos jóvenes lucían uniformes de instituciones educativas, se preparan para ingresar en breve al mundo laboral, a vender su fuerza de trabajo, de acuerdo a su especialidad en los oficios y en las profesiones, a representarse en lo social en esta sociedad de la toga como diría Bourdieu.

Sin embargo, en medio de los transitares humanos, algunos se instalaron en lugares definidos en el Caldas, como los lustrabotas, los que vendían maíz para detener a las palomas que aún motivan a conversar con ellas y a hacerles fotografías, quienes vendían minutos, el señor que ofrecía: ¡Tamales a la orden, grandes y calientes! Ellos y otros más, vendedores informales, sin seguridades, invisibles para la economía que excluye a muchísimos colombianos, de contar con un sueldo mensual y las debidas garantías legales propias de un contrato de trabajo.

Entre tanto, en la banca del lado, otro señor habló por celular en tono energético. Resultó inevitable, detenerse en la etnografía de voces; además porque el tema de su conversación motivó a relacionar con la productividad que se exige en el social:

– Y don Jesús está también tirado en el lecho?

– Y vos que? Feliz día mujer! Rocío usted tiene que dejarlo que sufra, tiene frío que sufra frío, tiene chucha que se eche limón con sal. Usted trabajando, matándose el lomo. Y lo poquito que se gana se lo va a gastar en él? Déjelo que lleve del bulto. Deja la bulla, ponete seria. La verdad es que nada aprende.

Se le cortó la llamada, y la restableció para seguir con su perorata durante largos minutos:

-Usted sabe cómo es la vida. Usted trabaja, así debe ser. Estoy mamado, cansado de decirle. Ese muchacho va a ser un berraco problema como Sebastián. Si ve! Los muchachos no son bobos!

La consecución del dinero, por el medio que sea, por el que se pueda, forma parte de las prioridades actuales. La mayoría se ajusta a las normas de los sistemas pautados en términos económicos, políticos, religiosos; lo que no necesariamente implica una responsabilidad ética. En Colombia en son de chiste se habla del onceavo mandamiento –no dar papaya-, seguido por –a papaya puesta, papaya partida-. Por supuesto, recuerda los diez mandamientos de la tradición judeocristiana, con la extensión que acá, para algunos es berraquera, pujanza, avionada que implica no dejársela montar, pero sí alguien lo permite, sí alguien da papaya, entonces toca montársela, porque el vivo vive del bobo.

Bastaron unos pocos minutos de observación, para evidenciar la omnipresencia del cumplimiento de horarios y de la sumisión a órdenes que motiva a los jóvenes para preparar su inserción en el mercado laboral y los que ya definieron cómo se desenvuelven en los mundos de las empresas, a levantarse temprano para acudir a donde les corresponde, para invertir su tiempo útil del día haciendo muchas veces actividades arbitrarias y desmotivantes. Porque como increpaba el señor de la banca del lado, a don Jesús y a Sebastián que aún estaban durmiendo y por lo tanto, no estaban prestos a romperse el lomo y que constituían un gran problema; o sea, una carga económica.

Voy a llegar a la gran máquina/Todo es oscuridad/Si agacho un poco la cabeza/Nadie me descubrirá; cantan los chilenos, parece ser el sentir de muchos trabajadores de una obligación que toca cumplir por el miedo a que les cierren las puertas de las industrias, “el que no tiene miedo a perder el trabajo, tiene miedo de no encontrarlo” plantea Eduardo Galeano. Por eso, seguimos madrugando, colocándonos al trajín del estudio y del trabajo, para participar de esta ontología política-económica; ojalá en la que prime la moral de no atropellar a los demás, de no aprovecharse de la eventual falencia del otro, de actuar con honestidad y solidaridad hacia los demás, para construir unos mundos más incluyentes y plurales. Mundos en donde cumplir con las responsabilidades individuales y sociales no sea un castigo, ni esté impulsado por el miedo al marginamiento; sino en donde el transitar por lugares reiterados, como el parque de Caldas, sea la seguridad de encuentros gratos de crecimiento y disfrute.

 

 

La otra mira de Campanario

La otra mira de Campanario recuerda las posibles maneras de sentirse y de narrar lo observado, a partir de quién siente y escribe sobre lo que ve. En este bello texto, Luz Helena, es generosa y sincera al contar con sus propios términos cómo percibe el consumo, la publicidad, la acumulación, la bulla y lo ficticio que nos ofrece un Centro Comercial de una ciudad, en donde los artificios de objetos -la mayoría innecesarios- se exponen para ser soñados y sí se puede, comprados.

Ella contrasta dos mundos: el de quienes viven inmersos en el capitalismo y el de ella -el mundo Misak-, en donde la opulencia del verde y de la solidaridad, no dejan olvidar que otras cosmologías y maneras de sentir la vida son posibles.

Gratitud a Luz Helena por permitirnos publicar su escrito y re-conocer la otredad

Por: Luz Helena Almendra Aranda

Al llegar a Campanario, admiré todo lo visto por mis ojos, sólo caminaba a donde la profesora y con afán. Pensé por qué hay un mundo de lujo, obvio no va ser para todo el mundo, yo ya había caminado por algunas partes antes, sólo que omito con quien, y el por qué, un pasado que no olvido al caminar allá, pero no importa, llegué como primera vez a ver, que es lo más triste. Mi padre me decía: nunca se entra a ver cosas sin tener plata, pero una miradita no pasaba nada.

Campanario lo veo como un castillo para princesas, príncipes y reyes, donde su patio de bailes es grande y lujoso, todo de oro, donde todos los acudientes a ese castillo son personas de alta economía. Observando tanto producto, no miraba su validez, o su sabor, o su belleza, sino qué hay detrás de todo ese castillo, qué hay detrás de esas paredes tan relucientes, qué hay detrás de tanta gente creyendo ser ilustres.

Miré fijamente sus patios profundos, llorando por tanta construcción sólo para satisfacer a los reyes. Los siervos estaban tan en ese mundo obedeciendo que pensaban que eran uno de los reyes, y dejaban poco a poco su moral, ética, o algunos sólo por ser incluidos en ese mundo trabajan arduo solo para seguir siendo ignorados y nunca salir del puedo dado.

Al ver personas (los reyes o príncipes de ese castillo) vi que su razón los dominaba, y que su alma, se había alejado demasiado, alma donde los llena de sentimientos verdaderos solo se alimenta de amor y paz. Pero sólo viven en medio de oro, joyas, plata, y los llena el egoísmo, el poder, y no ven más allá de su realidad, o de su pueblo que lucha, trabaja día a día, para que ellos vivan como están.

Ese castillo es uno de tantos en el mundo que es completamente mágico, donde lo mágico son sus trabajadores; y sí sus raíces se desgastan, mueren, o ya no pueden más, se derrumbaría como en un terremoto, que sin piedad hace caer lentamente ladrillo por ladrillo, dejando que brille la igualdad, y liberando a miles de esclavos del maltrato, o violencia laboral; sé que en esta vida si no se trabaja, se muere de hambre, pero sé que la unión hace el hombre un hombre igualitario, pero la realidad es que gana la desigualdad arrasando con todo y que a pesar de eso luchamos por salir adelante, porque unos nos nacen con estrellas y otros nacen estrellados.

Sólo digo que la observación me demuestra, lo poderoso que son un pueblo unido, pero que esa unión sea para servicio de todos no de unos cuantos, casi no voy allá no porque no pueda, sino porque, duele ver personas que no están satisfechas de la vida, o que fingen estar felices. En cambio, mi mundo a pesar de no ser un castillo ni de ladrillos, si es árboles grandes que abrigan mi ser, terrenos extensos que brillan de felicidad al seguir produciendo agua para todo el mundo, este mundo mío tan pequeño pero a la vez inmenso en sabidurías y natural ello lo hace más valioso que todo el oro o la plata, un mundo de estrecha relación entre hombre y naturaleza donde ahí si hay igualdad se respetan uno a otros y permanece en pertenencia mutua.


Luz Helena Almendra es estudiante de tercer semestre de Diseño Visual del Colegio Mayor del Cauca. Este escrito fue realizado por ella para la Asignatura de Métodos de Investigación.

Tzvetan Todorov y el descubrimiento del otro

todorovRosa Patricia Quintero Barrera

 

Tzvetan Todorov, piensa y vuelve a pensar sobre su propio quehacer intelectual y vital. Le conmovió tanto, su tránsito de la Bulgaria Comunista a la Francia Demócrata Liberal, al punto de asirse al estudio de lo que sucede cuando se encuentran los mundos. Cómo se piensa, se entiende o no se entiende al otro.

Su oficio de Crítico Literario le permite situarse entre él mismo y sus sujetos/objetos de estudio. Se detiene en la historia de los conflictos, sin dejar de lado las presencias inherentes, quien escribe y el hermeneuta de sus textos; ya que en últimas, ambos terminan familiarizándose con ciertas problemáticas de estudio. El intelectual mira desde sus herramientas abstractas, se le convierten en improntas conceptuales y metódicas de viajes de encuentros con esos otros, también dotados de identidades.

Todovov se tomó cuarenta de sus años para escribir su primer libro, La Conquista de América, porque el tiempo precedente lo dedicó a estudiar y a estudiarse, quizás a anidar filosóficamente. Su maravilla por América, nació en un curso de Crítica Literaria que hizo en México, y para narrar el mundo que quiso ver, se dejó atrapar por los relatos. Por eso, cuenta la Conquista de América valiéndose de historias de los Conquistadores; como aquella en que Cristóbal Colón, alardeando de sus saberes astronómicos, que le anticipaban un eclipse, amenazó a los oriundos de la costa de Jamaica, con robarles la luna sino le daban alimentos a él y a su tropa.

Todovov va más allá del texto, más allá de la descripción; le da por detenerse en las proyecciones de sueños y de fantasmas sobre realidades que se juntan -a ratos- entre quien estudia y los sujetos protagónicos de fragmentos de vida.

Les dejo con su propia voz, en la siguiente entrevista a cargo de los profesores Miguel Giusti y Fidel Tubino en el campus de la Universidad Católica de Perú:

Odio al año nuevo de Antonio Gramsci

Cada mañana, cuando me despierto otra vez bajo el manto del cielo, siento que es para mí año nuevo. De ahí que odie esos año-nuevos de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión.

Estos balances hacen perder el sentido de continuidad de la vida y del espíritu. Se acaba creyendo que de verdad entre un año y otro hay una solución de continuidad y que empieza una nueva historia, y se hacen buenos propósitos y se lamentan los despropósitos, etc., etc. Es un mal propio de las fechas. Dicen que la cronología es la osamenta de la historia; puede ser. Pero también conviene reconocer que son cuatro o cinco las fechas fundamentales, que toda persona tiene bien presente en su cerebro, que han representado malas pasadas. También están los año-nuevos. El año nuevo de la historia romana, o el de la Edad Media, o el de la Edad Moderna. Y se han vuelto tan presentes que a veces nos sorprendemos a nosotros mismos pensando que la vida en Italia empezó en el año 752, y que 1192 y 1490 son como unas montañas que la humanidad superó de repente para encontrarse en un nuevo mundo, para entrar en una nueva vida.

Así la fecha se convierte en una molestia, un parapeto que impide ver que la historia sigue desarrollándose siguiendo una misma línea fundamental, sin bruscas paradas, como cuando en el cinematógrafo se rompe la película y se da un intervalo de luz cegadora.

Por eso odio el año nuevo. Quiero que cada mañana sea para mi año nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me siente borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor.

Ningún disfraz espiritual. Cada hora de mi vida quisiera que fuera nueva, aunque ligada a las pasadas. Ningún día de jolgorio en verso obligado, colectivo, a compartir con extraños que no me interesan. Porque han festejado los nombres de nuestros abuelos, etc., ¿deberíamos también nosotros querer festejar? Todo esto da náuseas.

Espero el socialismo también por esta razón. Porque arrojará al estercolero todas estas fechas que ya no tienen ninguna resonancia en nuestro espíritu, y si el socialismo crea nuevas fechas, al menos serán las nuestras y no aquellas que debemos aceptar sin beneficio de inventario de nuestros necios antepasados.


Fuente: Tomado textual del Libro “Bajo la Mole – Fragmentos de Civilización”, de Antonio Gramsci. Editorial Sequitur, Págs. 9-10. Disponible en

http://www.izquierdadiario.es/Odio-el-ano-nuevo-de-Antonio-Gramsci?id_rubrique=2653

 

Etnografía de sonidos y voces

Rosa Patricia Quintero Barrera

Los cueros y el son de Niche, interrumpen la cotidianidad, con sus voces: ¡Si por la quinta vas pasando! Es mi Cali bella que vas atravesando. Se junta con el ruido de la moto, con los pasos del hombre que trepa la escalera metálica para armar la estructura de guadua en pleno Parque Bolívar, con la cadena de la bici, con el saludo de los compadres que hacía tiempo no se veían. Llega el joven que ofrece planes de celular: ¡Buenos días! ¿Cómo está, le interesa un plan con Claro? Ya maneja plancito. Ahhh bueno, qué esté bien.

El punto de fuga de la mirada etnográfica queda detenido por un instante en la barra de Tintindeo Salsa BarClub. Allí varios hombres comparten unos guaros: ¡Oiga mona, acompáñenos! Ella les regala un no, con una mirada coqueta, aunque las ganas no se le quitan. Hablan duro porque  –si por la tarde las palmeras, se mueven alegres, la noche está esperando fiesta- continúa esparciéndose por el ambiente. Llegan al convite Willy Colón y Celia Cruz; hasta que Gan Gan y Gan Gon al modo de Richie Ray y Bobby Cruz, quedan interrumpidos por la publicidad rodante, que a través del altavoz invita al Estadero campestre El Arado a la Viejoteca que da la bienvenida al final del 2016.

Muy cerca, Maryuri ocupa una banca del parque. No me sigue el diálogo. Está concentrada escribiendo. Su mirada está detenida en algo que después leeré, se encuentra en ese preciso momento de la etnografía en que observa con todos sus sentidos, convierte en palabras escritas fluidas y creativas, lo que sus ojos tienen a bien resaltar de lo cotidiano. Carlos dice: acá se percibe el olor a comida, el viento lo trae: sopas y caldos. A él, también le llama la atención el escaso ruido de carros, le genera algo de tranquilidad el estar en una ciudad más pequeña, menos globalizada que la capital del Cauca.

Llega una oleada sonora con Yo me levanto por la mañana, me doy un baño y me perfumo, me como un buen desayuno y no hago mas na’ mas na’ del Gran Combo, que recuerda a esos hombres instalados en el Tintindeo Salsa BarClub, que siguen conversando sobre los acontecimientos de la semana, de la política del país y de las mujeres que desean; mientras brindan con Caucano Verde y Póker.

Detengo el andar en los Funerales La Ermita. Allí Rocío me ofrece planes funerarios, que contemplan distintas calidades de ataúdes y de servicios. Los cofres están sobrepuestos, lucen diferentes colores, aguardan algún cuerpo frío pronto. Rocío habla de las religiones y de los rituales que cada una dispone para sus creyentes. Comenta de las querellas entre parientes que profesan creencias diferentes, evidentes en el momento de definir las ceremonias fúnebres a sus difuntos. También se refiere a los costos, a los entierros y las bóvedas para quienes son sometidos a la cremación. Reanudo el recorrido por el mercado sabatino, registro expresiones que quieren asistir alguna necesidad de compra:

…por acá señor, por acá caballero, con mucho gusto, ahora sí fue cierto, se armó el bumbum, es cortesía para todos, les entregamos la degustación de arroz flor huila platino para toda la familia, sí la sacó a pasear, venga la atrae a que deguste el arroz, vamos entregando el cachetero para la niña, gafas desde $2000, todo en remate, aprovechen aprovechados que estamos votados, prestobarba a $500, brasier, media a $1000, remates, contra-remates en Varidades Jerry

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Dentro de la Galería en todo su centro, se encuentra Nuestra Señora de Fátima. A su cuidado están 55 peticiones y agradecimientos, algunas son individuales, secretos; otros colectivos. Cada llamita encendida de las veladoras de distintos colores y tamaños envuelve historias y añoranzas que no se conocerán, que sólo forman parte de la vida de quien eligió el color, talvez al encenderla también hizo algún rezo, siempre con la ilusión del milagro.

¡A la orden, mamita!

Me cautiva el señor bello, que está por los sesenta y tantos años. Vende canastos, cucharas de palo y materas. Me le llevo dos jabones de tierra. Ahí, me atrapa doña Elsa, que tiene aguacates y hierbas. Ella habla sobre los riegos, que no les dan a algunos, porque la gente no sabe. Su local no es tan grande. Arma dos atados verdes. Uno con nogal, ajenjo, altamisa, romero, alcachofa, hoja de naranjo agrio y ruda. El otro contiene manzanilla, hinojo, viravira, albahaca que no puede faltar, destrancadera de páramo seca porque -no la traen todos los días, abrecaminos original de la costa de la parte caliente-, valeriana y mejorana. Doña Elsa se esmera en explicarme sobre las propiedades de las plantas, a la vez que refuerza la enseñanza que gusta dedicarle a su hijita, quien ya sabe reconocer los olores, texturas, nombres y tantos usos de las plantas aromáticas, dulces y amargas. Insiste en los días en que se deben hacer los baños y riegos; recomienda tener prudencia con realizar rituales mágicos los domingos, porque es el día dedicado a Dios.

118_7157Ya culminando el periplo hacia el parque, qué me va a comprar, ¿a cuánto me da esto? Deme $45.000 para que se la lleve, le dice el vendedor a la señora que quiere lucir, justo esa chaqueta. Al lado se encuentran dos familiares, el más joven saluda en nombre de Dios, ¿cómo está el tío? Se abrazan y conversan, con la calidez de dos generaciones que se juntan en los afectos y en la vida. Las voces no dejan de llegar al diario de campo: ¡me gustó este ma´, me lo rebaja!, lleve la taza. Y de nuevo música, ésta vez del Mahattan Disco Bar, un cuadro es incoloro, desvanecido del color, le dije a mi corazón que te olvidara, en dónde estarás, nadie lo sabrá.

Por fin, me encuentro con mis compañeros que se acercan a la etnografía, a deleitarse con el estudio de la cotidianidad de los humanos y a la maravilla de escribir. Conversamos sobre los antagonismos de las situaciones: los divertimentos, el alcohol, las músicas, los sonidos de los vehículos, los olores, las arquitecturas, la inmanencia de las creencias, la diversidad étnica y cultural, la vendedora de maní, los intercambios económicos, el amor, la melancolía y el abandono de las muertes.


Relato inspirado en una rápida etnografía centrada en el registro de voces y sonidos en la mañana del sábado, día de mercado en la pequeña ciudad de Timbío (Cauca-Colombia), el 5 de noviembre de 2016.


 

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Gratitud a Jenny Pajoy, Alex Yasnó, Carlos Valencia, Claudia Solarte, José Narváez, Anggie Mosquera, Andrés Solarte y Alejandro Erira; estudiantes del curso de Antropología de Diseño Visual del Colegio Mayor del Cauca.

 

 

 

 

Las casualidades y la Kaláshnikov

Rosa Patricia Quintero Barrera

Guillermo y su hijo se divierten juntos, al frente del televisor marca Sankey, con un programa de tríos de guitarras con voces. Luego con una comedia que logra arrancarles francas carcajadas a ambos, el padre se mece en su silla y el niño está sentado en el piso. Vamos a dormir que mañana hay que madrugar, pero antes mire lo que le traje. Y le mide un saco. Andrés se lo pone y exclama: ¡Me parezco al abuelo! Se van a descansar con la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

A Guillermo le llega un cajón, del tamaño de un ataúd pequeño. Al abrirlo descubre unas metralletas: ¡vida hijueputa! Esto nos va a traer problemas. A su mente se viene la situación de violencia por la que atraviesa el país y en particular su tierra antioqueña, en donde unos son soldados, otros son guerrilleros y a los otros nadie los quiere denominar. La cacería de brujas entre unos y otros logra aterrorizarlos a todos. Por eso, decide enterrar la caja en terrenos de su casa, pero antes, se guarda una de las Kaláshnikovs.

Mientras ocurre ese entierro metálico, Andrés en sus sueños se ve a sí mismo, vestido con su saco nuevo, camina descalzo por un suelo de madera, sólo iluminado con velas y escucha: cantemos mujeres, ya que el niño se va.

Al amanecer ambos, van a casa de doña Marina, quien le ofrece aguadepanela al muchacho. Guillermo aprovecha para preguntarle por el paradero de su esposa. Ella le responde que sólo ha escuchado chismes, que algunos dicen que la han visto en Medellín con el hijo de don Luis.

Luego, Guillermo busca a don Rafael para venderle la Kaláshnikov, recibe $500.000: tenemos que acabar con todos esos hijueputas, nos tienen locos. Le dice, al tiempo que le invita a formar parte de su ejército.

El hombre se interna por las calles del pueblo, con una sonrisa dibujada en su rostro por el producto de su venta y porque va a poder comprar la bicicleta que su hijo añora desde hace tiempo. Encuentra al cura en su oficio de confesar a los pecadores, a las chicas bellas que se ofrecen en el burdel, a los que se ocultan detrás de las cortinas para espiar a sus vecinos, escucha la música de carrilera.

Entonces, se antoja de quedarse en la cantina, un ambiente masculino, juegan billar, beben guaro, charlan, cantan. Saluda a un amigo. Brindan tragos dobles de Antioqueño hasta el fondo blanco. Ambos se van embriagando, la melancolía comienza a adueñarse de Guillermo: ¡Caliche, súbale, súbale, súbale! Porque quiso escuchar justo esa canción más fuerte. Ya borracho del licor y del dolor, canta para sí mismo: me dejaste la ilusión de mi existencia, me dejaste envenenada una herida. Él prefirió seguir embriagándose para pensar más en ella, que lo abandonó, sin darle explicaciones, sin dejarle un adiós. Siguió bebiendo como si fuese un exorcismo, para tenerla más cerca y a la vez, alejarla de sus sentires. El amanecer le sorprende con el sol en su cara, tirado en el andén de la cantina. Con esa conocida sensación que suele dar, que combina la liviandad del alcohol en las venas con la obligación social que se hace para aparentar sobriedad y, se va presuroso a su casa.

Al llegar, doña Marina le cuenta del tiroteo de la noche anterior, se encuentra con las miradas de los gallinazos que algo malo le vaticinan. Desesperado busca a su hijo, hasta que lo encuentra en el pastizal, pero ya yerto a balazos. El dolor es tanto que no le cabe en el pecho, abraza a su hijo, le acaricia, le llama, le llora, le extraña para siempre. Ya no pudo verlo más sonreír, ni siquiera al entregarle la bici que le había comprado antes de entrar a la cantina. Tuvo que enterrarlo con el traje nuevo en la caja en donde estaban las Kaláshnikovs que de manera extraña le llegaron. El altar lo tienen bien bonitico, tóqueme la marcha, mis ojos lloran, yo he de verte.  


Relato inspirado en el Cortometraje Kalashnikov (2013) Director: Juan Sebastián Mesa, proyectado en Popayán, Colombia, en el 8 Festival de Cine Corto de noviembre de 2016.