Colombia la tierra que todos quieren: análisis político de las elecciones del 27 de mayo de 2018

Isabel Cristina Melo Legarda

Edison Alexander Añazco Murillo

 

Colombia es un país democrático. La participación ciudadana consiste en ir a votar por aquellas propuestas que más le convengan a la nación, ese debería ser el orden de las cosas, pero tristemente no se cumple al pie de la letra. Desde hace algún tiempo, las calles, los medios de comunicación, los periódicos y las redes sociales, entre otros; se han convertido en una pantalla para vender la política.

El 11 de marzo de 2018 fueron elegidos los representantes a la Cámara y al Senado de nuestro país, fue el preámbulo para la elección más importante y transcendental: la presidencial. En esta ocasión seis candidatos aparecieron como elegibles para pasar a segunda vuelta, pero a lo largo de los debates casi siempre asistieron cinco.

Se escuchó un discurso coherente, con promesas que aún suenan hasta bonito y que dan ganas de pensar que todos los problemas de este país, en el que la corrupción se ha apoderado de casi todos los rincones de las instituciones, como una gran maleza, puedan ser solucionados.

Pero la realidad es todo lo contrario, mientras estos candidatos salían en televisión y gritaban sus propuestas en algún balcón o plaza pública, sonaban como redentores y como los únicos que podían organizar este desorden; lo cierto es que Colombia se sumerge más y más en el barrizal. Las elecciones se han convertido en demostrar el poder que tienen unos partidos, por encima de los otros, buscan hacer quedar mal al opositor, metiéndose en su vida personal y en su pasado, burlándose del mejor plan ambiental propuesto. Algún candidato saca tajada de su participación en la Constitución del 91 y en los acuerdos de Paz de 2016 creyendo que esto es suficientes para que pueda subir al poder. Otro candidato por el contrario piensa que porque su abuelo ha sido presidente, él también lo puede llegar hacer. Otro piensa que las matemáticas se aplican a todos los campos existentes y que ilusamente cree que a este país le puede llegar a interesar tanto la educación como para votar por él, la cereza del pastel y que le da esperanzas a tantos jóvenes que buscan trabajo y que no tienen experiencia laboral, porque nadie se la quiere dar, nos demuestra que lo más importante y lo único que se necesita es un buen padrino y el otro candidato, bueno él salió en el tarjetón.

Ahora bien, después de tantos discursos, propuestas y promesas, los colombianos se sulfuraron, cada uno defendiendo lo que pensaba de su candidato, las redes sociales se convirtieron en el mejor escenario para apoyar, criticar, burlarse y tratar de demostrar que su candidato era el que Colombia necesitaba. Aquí es donde queda demostrado que el colombiano es apasionado por lo que quiere y piensa. Se leyeron insultos de toda clase, se deseó el mal y se perdieron amistades.

Apareció un fenómeno llamado castrochavismo, que -era o es- utilizado como arma para amenazar e intimidar a la gente para que -no votara o vote- por Gustavo Petro. Irónicamente tenemos nuestro propio fenómeno -el uribismo- que sin razón aparente y como un pueblo sin memoria, perpetúa esta condena.

Después de mucho esperar para saber qué iba a pasar, el 27 de mayo por fin llegó. Se salió a votar, no sólo con la esperanza que a quien marcara con una X fuera el ganador, sino también para reclamar el certificado electoral que asegura el 10% de descuento en la matrícula.

Las horas pasaban y por fin el cierre de todas las urnas. La Registraduría comenzó a emitir los resultados y como Condorito, quedamos ¡PLOP!

Colombia olvidó sus muertos, los desastres ambientales, los días de paz, la esperanza del cambio. Las matemáticas que enseñaban en el colegio y que recalcan una y otra vez que son lo más importante en la vida quedó en cero. El negociador de la paz no pudo negociar el cambio. El legado familiar político tampoco fue suficiente. Y el otro, bueno el otro tampoco pudo.

Como era de esperarse la maquinaria movió todas las fichas para que su candidato pudiera dar el discurso por haber pasado a la segunda vuelta, Duque casi duplicando la votación para ganar esta primera vuelta y es que el problema no es que sea él y su falta de experiencia en el campo, el problema son los intereses políticos que lo acompañan. Por otro lado, Petro riñó hombro a hombro con Fajardo, pero al final fue él quien alcanzó la mayoría de los votos. Entonces, según la Revista Dinero, esto quedó así:

Duque con el 39,1% que equivale a 7.569.693 votos.
Petro con el 25,1%   que equivale a 4.851.254 votos.
Fajardo 23,7% – 4.589.696 votos.
Vargas Lleras 7,3% – 1.407.840 votos.
Voto en blanco 2,1% – 401.399 votos.
De la calle 2,1% – 399.180 votos.
Trujillo Sarmiento 0,4% -75.614 votos.
Morales 0.2% – 41.458 votos y eso que esta postulante se retiró de la candidatura.

Luego de la alegría de unos, la tristeza de otros y la desilusión de los demás, se empiezan a utilizar las matemáticas para tabular lo que puede pasar, comienza una campaña para generar alianzas, estrategias para atraer a los votantes y los colombianos una vez más empiezan apasionarse por lo que se le viene a este país.

Lo cierto es que Colombia, se alista para el 17 de junio de 2018, día en que se define quien continúa con este legado presidencial, pero lo más importante no es que sea de izquierda, extrema izquierda, derecha o centro o del lado que sea, lo importante es que le duela lo que le pasa a este país, a los muchos enfermos que claman una mejor salud, a los campesinos que piden ser escuchados para que les mejoren las vías y poder sacar las frutas y verduras que alimentarán a todos, que escuchen a la tierra que clama no ser explotada, a los cientos de pobres que se rebuscan el sustento de su familia, a los muchos viejitos y viejitas que se mataron toda la vida para disfrutar de una pensión, que ayuden a las madres que perdieron a sus hijos por la violencia y los falsos positivos, a tantos colombianos que guardamos la esperanza de vivir esta tierra.

De las conclusiones de este proceso electoral queda un sinsabor, no por los candidatos que fueron elegidos para segunda vuelta, sino por la coherencia de los que habitamos esta tierra. Se nos revuelve el estómago al pensar en una posible comparación a un régimen castrochavista, sin darnos cuenta de que aquí se tiene implantado el fenómeno uribista, que no deja de manipular las maquinarias de este país.

Que lo malo de la rosca, es no estar en ella.

Que las matemáticas al final no sirvieron para lograr un cambio, pero que continúan siendo exactas.

Que los colombianos nos apasionamos por todo y al igual que el mundial de fútbol que ocurre cada cuatro años, esperamos que los candidatos que se disputen este puesto tan apetecido, se coloquen la camiseta y puedan hacer el cambio en la política colombiana.

Que la ética y la moral está en cada una de las acciones que hacemos y que está en cada uno ser consciente, de lo que queremos vivir para los próximos cuatro años.

Y que Colombia es una tierra hermosa, que merece el respeto de todos y que nos falta esperar hasta el 17 de junio para saber, cómo termina este cuento.


Fuentes consultadas

Caricaturas de El Tiempo y El Espectador. Bogotá, 27 de mayo de 2018.

https://www.dinero.com/pais/articulo/resultados-de-las-elecciones-presidenciales-2018/258863


Gratitud a,

Isabel Cristina Melo Legarda

Edison Alexander Añazco Murillo

Estudiantes de octavo semestre de la asignatura Ética (Carrera de Diseño Visual, Facultad de Arte y Diseño, Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca, Primer semestre, 2018).

 

 

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Michael Jackson: superhombre en el escenario, niño solitario en el privado

Rosa Patricia Quintero Barrera

 

Hay cosas en la vida, que ellos simplemente no quieren ver. Pero si Martin Luther estuviera vivo, no dejaría que esto ocurriera (They dont’ care about us).

Golpéame, ódiame, nunca podrás vencerme. Sustitúyeme, asústame, nunca podrás matarme. Llámame judío. Denúnciame, todo el mundo lo hace, patéame, degrádame, no me tildes de negro o blanco (Black or White)

 

Katherine recuerda que su hijo -Michael Jackson- comenzó a bailar desde que tenía once meses, al escuchar el traqueteo de la vieja lavadora que tenían en casa. Creció en un ambiente familiar melómano, su padre fue un músico frustrado que compensó su sueño en la estricta disciplina musical y comercial que le inculcó a sus hijos. Los muchachos Jackson desde muy jóvenes incursionaron en la industria musical. Michael se inició como cantante de los Jackson 5 a los cinco años, interpretó My girl en el concurso de talentos de su escuela. Se les vino el contrato con la disquera Steeltown Records, que les estrenó al mundo musical y al aprendizaje de esa empresa con los artistas afroamericanos más reconocidos de la época.

De niño cantaba con el sentimiento de un hombre que sabía del dolor y de la alegría que traen los dramas de la existencia. De niño se comportaba como un adulto en el escenario. De hombre vivió como un niño solitario en su casa de Neverland, en alegoría al país del nunca jamás de Peter Pan. Quienes lo conocieron de cerca, sólo guardan elogios hacía su personalidad, carisma y talento. Kenny Gamble y Leon Huff coinciden en que su voz angelical siempre encontraba las notas perfectas. Según Dionne Warwich, él cantaba porque su corazón le decía que eso debía hacer. “Sólo habrá un Michael Jackson”, manifiesta Don Black (Gest, 2011).

Michael se entregó al mundo como la más bella e ingenua flor, se adueñó de las expectativas y de la fe de sus fanáticos, contó con la admiración de los talentosos músicos y con la codicia de los opulentos empresarios. No le resultó suficiente cantar como los ángeles, bailaba con la misma maestría que alcanzaban sus notas. En 1984 ganó ocho Grammys por Thriller. Billie Jean fue la primera canción de un cantante afroamericano que difundían con frecuencia en MTV. Tuvo que dejar su individualidad a causa del asedio de sus seguidores, a donde fuese, le seguían. Fue el Rey del Pop.

En Thriller se detiene en la oscuridad que deja la luna llena, para que los muertos con su hedor apestoso dejen sus criptas, se dispongan a poseer a los transeúntes desprevenidos, con el propósito de darles la primicia de que les llegó la hora de no volver a ver al sol. Michael, que gusta tanto de mutarse, deja su piel de ovejo para habitar la del terrorífico lobo que olvida proteger a su chica. En Black or White expresa su fastidio por la discriminación étnico-racial, y se vale del multicolor de las culturas subalternas, a través de los bailes y de las geografías. Nos deja suspendidos en la diversidad humana, cuando los rostros se convierten en otros, entre fenotipos y géneros, entre formas de ver y de sentir la vida. Por eso, se queja de la maldad, del negocio, del chisme. Manifiesta que ya no le tiene miedo a nada. Premisa que desarrolla con mayor vehemencia en They don’t care about us: “todo lo que quiero decir, es que a ellos no les importamos”. El video generó gran controversia por el contenido que algunos consideraron como violento, fue filmado en la favela Santa Marta de Río de Janeiro, con la participación del grupo Odulum y muchos lugareños.

Michael Jackson compuso, cantó, bailó a lo subalterno/extremo/paradójico de la condición humana. Sus líricas circulan entre antagonismos. Lo más tierno del amor, en I just can’t stop loving you. La dinámica implícita en la mercancía del amor, Dirty Diana, es la mujer sucia que seduce a los hombres, que se presta como juguete amoroso para obtener de ellos lo que se le antoja. Billie Jean es la bailarina del teatro de la vida que le acusa de esperar un hijo suyo; mientras él piensa: Y mamá siempre me dijo, ten cuidado con quien amas y ten cuidado con lo que haces, porque la mentira se convierte en verdad y no vayas rompiendo los corazones, sólo recuerda pensar dos veces.

En Smooth criminal se pregunta si Annie está bien, porque ha sido golpeada y abandonada por un criminal suave; además hay sangre en la alfombra. Remember the time transcurre en el Egipto de los faraones y de los felinos. Allí la reina sucumbe a su aburrimiento ante la magia que trae de la nada a Michael Jackson, le acuerda que había sido una mujer joven, enamorada, solía decir “te amo, así que nunca te dejaré ir”. Pero así como llegó, de la nada, ese hombre dorado, desapareció; igual que se desvanece el amor entre los que alguna vez se amaron y juraron no dejarse.

Son tantas las canciones que legó al mundo. Algunas detenidas en lo fronterizo de lo socialmente aceptado. En Bad, el amigo le reprocha “ya no eres malo, no eres como nosotros”, y deja surgir al álter ego, ese ser exuberante acicalado con prendas rudas de corte rockero-militar, emblemáticas en sus presentaciones. Se enfrentan dos pandillas que bailan por el subterráneo: ¿Quién es malo? Te portas mal, vete a encerrar antes de que agraves. En verdad soy malo y loco. Al final, se reencuentran en un apretón de manos. Bad transcurre en un ambiente masculino, como la mayoría de los escenarios que identifican sus vídeos.

We are the word la compuso a dos manos con Leonel Richie. Dedicaron la canción a África. Reunieron a una pléyade de artistas que al unísono, con sus voces más sentidas entonaron: es tiempo de tender una mano a la vida, el más grande regalo de todos, nos estamos salvando, haremos un día mejor, solamente tú y yo. El mensaje fue claro: reconocer la propia humanidad en la otredad.

Smile era su canción favorita. Se la cantó su hermano Jermain Jackson en su ritual fúnebre “sonríe, aunque tu corazón esté dolido, aunque esté roto”. Smile inunda la última escena de la inolvidable película Tiempos modernos de Chaplin. Y es que Michael Jackson tenía mucho de Charlot. La imposición del social, de su vida impresionantemente colectiva, todos se sentían con el derecho y la audacia de inmiscuirse en lo más hondo de su existencia, le juzgaron y le sacaron provecho.

Michael Jackson con sus líricas, ritmos y representaciones visuales narró el teatro dialéctico de lo humano. Cruzó las dimensiones existenciales, se metamorforseó a su propia voluntad, mostró los cruces posibles de lo obstinado: En Thriller se convirtió en el lobo muerto/vivo. En Bad fue pandillero. En Smooth criminal fue un gánster de los años treinta. En Billie Jean habitó al hombre que niega la paternidad de su propio hijo y que acusa a la mujer de ser muy generosa en el amor. En Remember the time es el hombre hermoso y vigoroso que se quiere robar a una mujer ajena. En Dirty Diana reta a la mujer que vive libremente su sexualidad y afecto. En la película Moonwalker se vale del surrealismo para mostrar su propia vida. En They don’t care about us se exacerba de la injusticia, de la pobreza, del descuido actual con el planeta y sus moradores.

Jackson encarnó a un personaje con atributos de superhombre en el escenario, protegió su delgadez con armaduras para la guerra, disimuló la fragilidad de su cuerpo con el intocable y mortífero del metal. Dejó su impronta indeleble en el arte; ya  Don Black había sentenciado “Sólo habrá un Michael Jackson”. Qué baile de esa manera, tan descaradamente sexual, con sus trajes excéntricos, su inglés de la barriada, del Harlem y de la favela, su comprensión del dolor, de la tragedia, de lo abyecto. Su voz estremecedora, no se apaga, como tampoco sucumbe la esperanza de un mundo sin racismo, clasismo y exclusión, ni de facto ni simbólico. Sigue leyendo

El oficio del profesor

Rosa Patricia Quintero Barrera

 

 

En el sistema socio-económico que caracteriza a los homo sappiens para vivir juntos, estamos clasificados en un intrincado sistema de diferenciación en el acceso a los modos de producción; que nos obliga a desempeñar determinadas actividades de acuerdo a los dones, habilidades, posibilidades que nos adornan. En particular, estipuladas por el acceso a la educación formal, que nos permite al cabo de unos años de dedicación, especializarnos en alguna ventana del conocimiento científico, filosófico, artístico, técnico. Allí desempeñan, especial labor los profesores. Bourdieu diría que son determinantes en el papel de la escuela -el Demonio de Maxwell- en tanto que clasifican a los individuos; mediante el cumplimiento de programas académicos, de odiosas maneras de evaluación y de control.

La educación es un bien muy preciado. Está en la boca de los políticos, quienes engalanan sus discursos y lemas publicitarios, con la promesa al pueblo de reformas que lleven a posibilidades más generosas para el grueso de la población. La educación se ha convertido en un intercambio de privilegios. Cada vez, es más fácil titularse; las universidades presentan opciones de grado, sin mayor esfuerzo por parte de los estudiantes. Los estudiantes se han convertido en clientes. Y como los clientes tienen la razón, a los futuros graduandos se les ha conferido toda suerte de indulgencias y de excusas al cumplimiento de sus labores en el estudio. El gremio de profesores se distingue por profesionales subcontratados; que no reciben las recompensas económicas que corresponderían a sus curriculums vitae. Están sujetos a las evaluaciones amañadas de los estudiantes y a las peculiares maneras laborales de cada institución.

Los profesores no tienen horario. Sí, el de las clases que deben orientar. Pero no se cuentan las horas invertidas en la preparación de las cátedras, en la evaluación; además de su propia producción intelectual. En el gremio académico prima la competencia, la adulación, el egocentrismo, el intercambio de beneficios. Es necesario evidenciar el producto del propio capital cultural, para representarse en las fronteras sociales, es una cosificación del intelecto y de la innovación investigativa para estar acorde a las jerarquías de Colciencias y a los Estatutos Docentes.

En esta sociedad de la toga; también, vale la pena decir que a los profesores les pagan por estudiar. En las cátedras se reproducen/construyen/dinamizan/polemizan las posibles maneras de describir/correlacionar/explicar los mundos. Es el escenario ideal para pensar y reflexionar, para leer y perderse en las teorías y en los métodos más extraordinarios, de acercarse a entender y a elucubrar sobre nosotros mismos como los homínidos sabios que hemos colonizado el planeta del agua del sistema solar.


Fuente considerada

Bourdieu, Pierre. (1997). Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona: Editorial Anagrama.

El oficio de madre

Rosa Patricia Quintero Barrera

Madre solo hay una. Porque primero conoció mamá, que a amigos, que a novia.

 

Fuente: Gilbert, Harriett y Roche, Christine. Historia ilustrada dela sexualidad femenina. Relaciones humanas y sexología.

La posibilidad biológica de ser madres, ha sido tradicionalmente reforzada por la idea de que al tener hijos ellas se realizan como mujeres, porque -la función de una fémina- es reproducirse; así lo naturalizan los estamentos culturales. Pero para lograr este cometido deben contar con un hombre y pasar por las etapas previas a la consolidación de la pareja.

En la caricatura adjunta vemos la mujer dentro de la casa, con la indumentaria de desempeñar labores domésticas, sosteniendo en sus brazos a los críos, preguntando a su marido con cierto halo de miedo tímido, sí volverá a la hora de la cena; mientras él está en el espacio de lo social y sin mirarla le contesta con desdén que no lo hará, porque estará resolviendo los asuntos verdaderamente importantes de la humanidad. Lo femenino está asociado al ámbito doméstico, cultural, privado; mientras que lo masculino corresponde a lo externo, social, colectivo.

 

 

Otro aspecto a considerar, es la necesidad del reconocimiento de la paternidad del hijo. Situación que en muchos casos se torna difícil y hasta humillante. El embarazo en sí mismo, se vuelve embarazoso. Cuando el hombre lo niega, evade y se excusa para exonerarse de las responsabilidades económicas, afectivas y sociales que se vienen de por vida.

Hace unos años, a los hijos no reconocidos o a aquellos que nacían fuera de una relación bendecida por la religión y por la ley, se les llamaba bastardos, hijos naturales. Además del escarnio y del señalamiento para las madres y sus hijos, ambos eran desatendidos y quedaban a la deriva. Aún hoy día, hay mujeres que asumen su maternidad de manera individualizada, afrontan todas las responsabilidades económicas y el desgaste energético que requiere el cuidado de un hijo. Muchas madres en efecto, y esa es la palabra –sacrifican- su propio proyecto de vida por propender en todos los sentidos del bienestar de su prole.

A manera de refuerzo a la herencia patriarcal, aún se conserva la añoranza por tener hijos varones, en particular el primogénito.

 

La lactancia alimenta al recién nacido y cimienta los lazos de humanidad y de cultura entre madre e hijo.

 

Los hijos también son reconocidos porque aparecen en las redes sociales.

 

Nuestro aprendizaje es por repetición, algunos de los comportamientos y pensamientos racistas, excluyentes y discriminatorios los aprendemos desde la casa.

 

 

Las posibilidades económicas representan el acceso a los bienes y servicios. Este aspecto es fundamental para el desenvolvimientos de los miembros de una familia en el orden social. Sí hace unas décadas era común que las mujeres permanecieran en el ámbito doméstico, como lo ilustra la primera caricatura; hoy, en consecuencia a la exacerbación del capitalismo y a las incursiones de las mujeres en todas las esferas del mundo público, se ha convertido en obligación que ellas también actúen como proveedoras en los hogares. Desenlaza en que las madres desempeñan una doble función: asumen algún trabajo de acuerdo a sus posibilidades en la educación formal y a sus habilidades, en horarios por lo menos de ocho horas diarias; y al llegar a casa deben cumplir su rol tradicional de atender lo doméstico.

No es de poca monta el trabajo cotidiano. Grosso modo, involucra la preparación de alimentos de acuerdo a las exigencias de cada miembro de la familia; actividades de aseo, que parecen no tener fin; ocuparse de las tareas de los hijos; atender al marido (tema que amerita otra entrada en este blog). En son de chiste se emplea la expresión es de lavar y planchar, referida a las personas que se caracterizan por ser todo terreno, como lo son las madres que deben hacer literalmente de todo, sin horario ni fecha de caducidad. Otra analogía es que a la música de género romanticón se le llama “de plancha”. Cómo sí planchar fuese una actividad femenina/doméstica/fácil/cursi/grata y por ende el amor también (tema que también amerita otra entrada en este blog).

Solemos olvidar que las madres, ante todo son mujeres que tienen humanidad, que el parto es insoportablemente doloroso, que la lactancia sí bien es el vínculo con el bebé, también es dolorosa e incómoda, que la actividad en la cocina cuando es permanente deja de ser un gusto, que las exigencias de los hijos saturan y se tornan inexplicables, que las presiones sociales y los modelos de crianza de los hijos perfectos y las madres incólumes no funcionan con la lógica de una ecuación, que a la larga nadie sabe qué ocurre en un hogar cuando la puerta se cierra, salvo quienes lo habitan. Aún así, madre sólo hay una.


Bibliografía de las caricaturas

El Tiempo y El Espectador. Fechas señaladas en cada una.

Gilbert, Harriett y Roche, Christine. Historia ilustrada de la sexualidad femenina. Relaciones humanas y sexología. Barcelona. Editorial Grijalbo.

Utopía y poder, espacios y tiempos de participación. Manfred Max-Neef

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Rosa Patricia Quintero Barrera

 

Nadie es tan poca cosa como para no poder provocar algo,

ni nadie es tan grande como para poderlo provocar todo.

 

Manfred Max Neef es de esos autores fantásticos que dejan conectar la aridez de la teoría y del método con la cotidianidad. Su obra Desarrollo a escala humana es una propuesta económica que considera que las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades. De ahí que hable de poblezas -en plural- porque para él, la persona es un ser de necesidades múltiples e interdependientes. Nos hace pensar en carencias de las necesidades según categorías axiológicas y existenciales. Además, sostiene que el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos; y que la economía debe estar al servicio de los humanos no al contrario.

Max-Neef se define como un hereje, porque piensa al revés. Su teoría es vista como una utopía por aquellos que hacen todo lo que pueden por ahondar y perpetuar las clasificaciones socioeconómicas piramidales. El no haber ganado la presidencia de Chile, no nos dejó sentisaber a los latinoaméricanos, cómo manejaría un científico holístico como él, a uno de los países más prolíferos del continente. Nos ha sido esquivo saberlo. Casi por norma los intelectuales se guardan de participar de lleno en la política y la ciudadanía se anida en los miedos al cambio estructural.

Les dejo este bello texto de Ricardo Luna Cano,  publicado en el Magazin Dominical de El Espectador N° 230 el 23 de agosto de 1987. Utopía y poder, espacios y tiempos de participación. Manfred Max-Neef en PDF


Bibliografía

Max-Neef, Manfred; con la colaboración de Antonio Elizalde y Martin Hoppenhayn. (1993).

Desarrollo a Escala Humana. Conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones.

Montevideo: Editorial Nordan-Comunidad.

1 de mayo: día de las reivindicaciones del trabajo digno

Rosa Patricia Quintero Barrera

 

 

“Henry Ford decidió un día «duplicar» el salario de sus obreros. La razón (públicamente) declarada, la celebrada expresión «quiero que mis obreros ganen lo suficientemente bien para comprar mis autos», fue, obviamente, un chiste. Las compras de los trabajadores constituían una fracción ínfima de sus ventas, pero sus salarios representaban una parte muy importante de sus costos […] La verdadera razón por la cual Ford duplicó los salarios fue que de esa manera podía enfrentarse al formidable cambio de la fuerza laboral. Decidió dar a los obreros un aumento espectacular para evitar que rompieran sus cadenas […]” Cohen (citado por Bauman, 2009, p.64).

El mundo de Aldous Huxley era feliz porque todo estaba controlado. El lema planetario era “comunidad, identidad, estabilidad”. Para lograr su cometido, el sistema estaba basado en el proceso Bokanovsky que les aseguraba la estabilidad social, mediante un complejísimo sistema de crear seres idénticos clasificados en castas diferenciadas que resultaban en una predestinación social. Cada ser desempeñaba la función que le había sido escogida y ninguno se increpaba al respecto. El mundo laboral en que nos desenvolvemos funciona con ciertas similitudes. Nuestro proceso Bokanovsky nos regula por los títulos académicos, los centros de educación, las ciudades; también, por las habilidades y privilegios de acuerdo a las disposiciones socio-económicas.

Cada persona -hace algo- en la gran máquina productiva, de acuerdo a lo que sabe hacer y a lo que le dejan hacer. Como retribución recibe un salario que debe invertir en su sostenimiento en un sistema cíclico en donde el dinero regresa a su origen. Es el fordismo en pleno. Las aparentes facilidades laborales -sí las hay- es al modo de Henry: prestar dinero a sus obreros, para que se endeudaran con la misma empresa y no pudiesen liberarse por su propio monto. Al trabajador se le va la vida cumpliendo horarios, marcando tarjeta, mostrándose sumiso con los jefes, a la defensiva y en competencia permanente con los compañeros de trabajo, indulgente con los clientes, mordaz con sus familiares.

El trabajo es una necesidad, algo hay que hacer: unos roban y asesinan para que otros juzguen y encarcelen, unos prometen paraísos de cucaña para que otros se llenen de miedos y no se increpen por nada, unos mandan otros obedecen, unos se endeudan otros se enriquecen. El trabajo es un derecho fundamental que debe basarse en la dignidad y respeto. Por eso el 1 de mayo se celebra el día internacional del trabajo, y son justas las exigencias por las reivindicaciones sociales y laborales de las clases trabajadoras.


Bibliografía

Bauman, Zygmunt. (2009). Modernidad líquida. México: Fondo de Cultura Económica.

Caricaturas de El Tiempo y El Espectador (Fechas señaladas en cada caricatura).

Huxley, Aldous. (2005). Un mundo feliz. México:Grupo Editorial Tomo, S.A. de C.V.

El síndrome de Doña Florinda

Alex Guardiola Romero en Opinemos’s Blog analiza el síndrome de Doña Florinda, muy presente en la ideología y en las prácticas sociales que vemos por doquier. Centrado en el arribismo de comportarse con pleitesía con quienes tienen más dinero, asumen colocaciones de aparente superioridad moral, lucen la estereotipia occidental; y por ende, se expresan como los depositarios de la verdad y de la razón. Les invito a leerlo.

Opinemos

En Colombia, votar por “gente de bien” es un acto consciente de arribismo social, una manera de negar de dónde venimos y de reafirmar a dónde queremos llegar, cueste lo que cueste.

 Por: Alex Guardiola Romero

En Colombia, la gente vota por quien se parece a lo que él mismo quiere llegar a ser, por el candidato o la candidata que representa sus aspiraciones sociales, por la figura que sintetiza su sueño no de sociedad o de país sino de figuración social; votar se convirtió en un acto de arribismo. Ese, que en nuestro país también podría ser llamado el “Síndrome de Doña Florinda”, expuesto hace pocos años por el argentino Rafael Ton, en el que la persona pese a vivir en una humilde vecindad se siente de mejor clase que los demás y denigra de las medidas que benefician a la “chusma” a pesar de que sigue cobrando…

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