Preámbulo sobre el miedo

Rosa Patricia Quintero Barrera

El miedo ha funcionado como una columna estructural de toda organización social. Es inculcado desde la educación, la religión, las historias de descubrimiento y de colonización de los pueblos, los ideales de valores, hasta los mitos y cuentos infantiles. El miedo surge ante la incertidumbre, lo móvil, aquello que no ofrece conocimiento ni explicación. Adquiere solidez en la oscuridad, la noche, el silencio, lo insondable, lo desconocido, lo solitario, la inseguridad, la muerte.

El miedo se convierte en maldiciones de dioses, demonios, monstruos, castigos, enfermedades, malquerencias. Jean Delumeau (1989) alude a una “auténtica hipocresía” al silencio prolongado del miedo en la historia hasta que Sartre en 1945 diferenció los componentes de la ecuación interpretativa que funcionó largo tiempo en occidente entre: el miedo y la cobardía, el “bajo nacimiento” y la burguesía (p. 21). Con Sartre comenzó a construirse la noción del miedo como natural e inherente al hombre.

El miedo permite sobrevivir en situaciones de riesgo, conlleva a tomar decisiones de maneras inmediatas e insospechadas. El miedo conduce a las ciudades sitiadas, con poternas de hierro, puentes colgantes e intrincados sistemas de vigilancia y control en el Medioevo. A conjuntos residenciales, cámaras por doquier, alarmas en la actualidad. Han cambiado las formas de implantar la seguridad y de apropiarse de la tecnología, pero la sensación de vulnerabilidad hacia la otredad ha prevalecido.
El ejercicio del miedo y del terror han sido unas prácticas recurrentes en nuestra historia, como fuertes mecanismos para controlar las maneras de pensar, los estilos de vida, las formas de explotar el medio ambiente, los comportamientos y, por supuesto, las intencionalidades políticas tanto de quienes ejercen el poder como de quienes se someten a sus dinámicas. Se hace institucional en aquello que no se aparta de lo hegemónico. De ahí la trascendencia y vigencia en las prácticas culturales del modelo capitalista, de los sofismas que pretende inculcar a través de la familia, la religión, el Estado y los medios de comunicación en las maneras como los sujetos representan sus expectativas y comportamientos de diferente índole, tanto desde su mismidad como desde su alteridad identitaria. El miedo como agencia política es un instrumento que la élite ha utilizado para gobernar y sostenerse en el poder.


Fuente citada

Delumeau, J. (1989). El miedo en Occidente (siglos XIV-XVIII): una ciudad sitiada. Madrid, Taurus. P. 9-49.

 


¿Cómo citar esta entrada?

Quintero, P. (2017, noviembre, 11). Preámbulo sobre el miedo. Recuperado de https://etnicografica.wordpress.com/2017/11/13/preambulo-sobre-el-miedo/

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