Michael Jackson: superhombre en el escenario, niño solitario en el privado

Rosa Patricia Quintero Barrera

 

Hay cosas en la vida, que ellos simplemente no quieren ver. Pero si Martin Luther estuviera vivo, no dejaría que esto ocurriera (They dont’ care about us).

Golpéame, ódiame, nunca podrás vencerme. Sustitúyeme, asústame, nunca podrás matarme. Llámame judío. Denúnciame, todo el mundo lo hace, patéame, degrádame, no me tildes de negro o blanco (Black or White)

 

Katherine recuerda que su hijo -Michael Jackson- comenzó a bailar desde que tenía once meses, al escuchar el traqueteo de la vieja lavadora que tenían en casa. Creció en un ambiente familiar melómano, su padre fue un músico frustrado que compensó su sueño en la estricta disciplina musical y comercial que le inculcó a sus hijos. Los muchachos Jackson desde muy jóvenes incursionaron en la industria musical. Michael se inició como cantante de los Jackson 5 a los cinco años, interpretó My girl en el concurso de talentos de su escuela. Se les vino el contrato con la disquera Steeltown Records, que les estrenó al mundo musical y al aprendizaje de esa empresa con los artistas afroamericanos más reconocidos de la época.

De niño cantaba con el sentimiento de un hombre que sabía del dolor y de la alegría que traen los dramas de la existencia. De niño se comportaba como un adulto en el escenario. De hombre vivió como un niño solitario en su casa de Neverland, en alegoría al país del nunca jamás de Peter Pan. Quienes lo conocieron de cerca, sólo guardan elogios hacía su personalidad, carisma y talento. Kenny Gamble y Leon Huff coinciden en que su voz angelical siempre encontraba las notas perfectas. Según Dionne Warwich, él cantaba porque su corazón le decía que eso debía hacer. “Sólo habrá un Michael Jackson”, manifiesta Don Black (Gest, 2011).

Michael se entregó al mundo como la más bella e ingenua flor, se adueñó de las expectativas y de la fe de sus fanáticos, contó con la admiración de los talentosos músicos y con la codicia de los opulentos empresarios. No le resultó suficiente cantar como los ángeles, bailaba con la misma maestría que alcanzaban sus notas. En 1984 ganó ocho Grammys por Thriller. Billie Jean fue la primera canción de un cantante afroamericano que difundían con frecuencia en MTV. Tuvo que dejar su individualidad a causa del asedio de sus seguidores, a donde fuese, le seguían. Fue el Rey del Pop.

En Thriller se detiene en la oscuridad que deja la luna llena, para que los muertos con su hedor apestoso dejen sus criptas, se dispongan a poseer a los transeúntes desprevenidos, con el propósito de darles la primicia de que les llegó la hora de no volver a ver al sol. Michael, que gusta tanto de mutarse, deja su piel de ovejo para habitar la del terrorífico lobo que olvida proteger a su chica. En Black or White expresa su fastidio por la discriminación étnico-racial, y se vale del multicolor de las culturas subalternas, a través de los bailes y de las geografías. Nos deja suspendidos en la diversidad humana, cuando los rostros se convierten en otros, entre fenotipos y géneros, entre formas de ver y de sentir la vida. Por eso, se queja de la maldad, del negocio, del chisme. Manifiesta que ya no le tiene miedo a nada. Premisa que desarrolla con mayor vehemencia en They don’t care about us: “todo lo que quiero decir, es que a ellos no les importamos”. El video generó gran controversia por el contenido que algunos consideraron como violento, fue filmado en la favela Santa Marta de Río de Janeiro, con la participación del grupo Odulum y muchos lugareños.

Michael Jackson compuso, cantó, bailó a lo subalterno/extremo/paradójico de la condición humana. Sus líricas circulan entre antagonismos. Lo más tierno del amor, en I just can’t stop loving you. La dinámica implícita en la mercancía del amor, Dirty Diana, es la mujer sucia que seduce a los hombres, que se presta como juguete amoroso para obtener de ellos lo que se le antoja. Billie Jean es la bailarina del teatro de la vida que le acusa de esperar un hijo suyo; mientras él piensa: Y mamá siempre me dijo, ten cuidado con quien amas y ten cuidado con lo que haces, porque la mentira se convierte en verdad y no vayas rompiendo los corazones, sólo recuerda pensar dos veces.

En Smooth criminal se pregunta si Annie está bien, porque ha sido golpeada y abandonada por un criminal suave; además hay sangre en la alfombra. Remember the time transcurre en el Egipto de los faraones y de los felinos. Allí la reina sucumbe a su aburrimiento ante la magia que trae de la nada a Michael Jackson, le acuerda que había sido una mujer joven, enamorada, solía decir “te amo, así que nunca te dejaré ir”. Pero así como llegó, de la nada, ese hombre dorado, desapareció; igual que se desvanece el amor entre los que alguna vez se amaron y juraron no dejarse.

Son tantas las canciones que legó al mundo. Algunas detenidas en lo fronterizo de lo socialmente aceptado. En Bad, el amigo le reprocha “ya no eres malo, no eres como nosotros”, y deja surgir al álter ego, ese ser exuberante acicalado con prendas rudas de corte rockero-militar, emblemáticas en sus presentaciones. Se enfrentan dos pandillas que bailan por el subterráneo: ¿Quién es malo? Te portas mal, vete a encerrar antes de que agraves. En verdad soy malo y loco. Al final, se reencuentran en un apretón de manos. Bad transcurre en un ambiente masculino, como la mayoría de los escenarios que identifican sus vídeos.

We are the word la compuso a dos manos con Leonel Richie. Dedicaron la canción a África. Reunieron a una pléyade de artistas que al unísono, con sus voces más sentidas entonaron: es tiempo de tender una mano a la vida, el más grande regalo de todos, nos estamos salvando, haremos un día mejor, solamente tú y yo. El mensaje fue claro: reconocer la propia humanidad en la otredad.

Smile era su canción favorita. Se la cantó su hermano Jermain Jackson en su ritual fúnebre “sonríe, aunque tu corazón esté dolido, aunque esté roto”. Smile inunda la última escena de la inolvidable película Tiempos modernos de Chaplin. Y es que Michael Jackson tenía mucho de Charlot. La imposición del social, de su vida impresionantemente colectiva, todos se sentían con el derecho y la audacia de inmiscuirse en lo más hondo de su existencia, le juzgaron y le sacaron provecho.

Michael Jackson con sus líricas, ritmos y representaciones visuales narró el teatro dialéctico de lo humano. Cruzó las dimensiones existenciales, se metamorforseó a su propia voluntad, mostró los cruces posibles de lo obstinado: En Thriller se convirtió en el lobo muerto/vivo. En Bad fue pandillero. En Smooth criminal fue un gánster de los años treinta. En Billie Jean habitó al hombre que niega la paternidad de su propio hijo y que acusa a la mujer de ser muy generosa en el amor. En Remember the time es el hombre hermoso y vigoroso que se quiere robar a una mujer ajena. En Dirty Diana reta a la mujer que vive libremente su sexualidad y afecto. En la película Moonwalker se vale del surrealismo para mostrar su propia vida. En They don’t care about us se exacerba de la injusticia, de la pobreza, del descuido actual con el planeta y sus moradores.

Jackson encarnó a un personaje con atributos de superhombre en el escenario, protegió su delgadez con armaduras para la guerra, disimuló la fragilidad de su cuerpo con el intocable y mortífero del metal. Dejó su impronta indeleble en el arte; ya  Don Black había sentenciado “Sólo habrá un Michael Jackson”. Qué baile de esa manera, tan descaradamente sexual, con sus trajes excéntricos, su inglés de la barriada, del Harlem y de la favela, su comprensión del dolor, de la tragedia, de lo abyecto. Su voz estremecedora, no se apaga, como tampoco sucumbe la esperanza de un mundo sin racismo, clasismo y exclusión, ni de facto ni simbólico. Sigue leyendo

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Utopía y poder, espacios y tiempos de participación. Manfred Max-Neef

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Rosa Patricia Quintero Barrera

 

Nadie es tan poca cosa como para no poder provocar algo,

ni nadie es tan grande como para poderlo provocar todo.

 

Manfred Max Neef es de esos autores fantásticos que dejan conectar la aridez de la teoría y del método con la cotidianidad. Su obra Desarrollo a escala humana es una propuesta económica que considera que las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades. De ahí que hable de poblezas -en plural- porque para él, la persona es un ser de necesidades múltiples e interdependientes. Nos hace pensar en carencias de las necesidades según categorías axiológicas y existenciales. Además, sostiene que el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos; y que la economía debe estar al servicio de los humanos no al contrario.

Max-Neef se define como un hereje, porque piensa al revés. Su teoría es vista como una utopía por aquellos que hacen todo lo que pueden por ahondar y perpetuar las clasificaciones socioeconómicas piramidales. El no haber ganado la presidencia de Chile, no nos dejó sentisaber a los latinoaméricanos, cómo manejaría un científico holístico como él, a uno de los países más prolíferos del continente. Nos ha sido esquivo saberlo. Casi por norma los intelectuales se guardan de participar de lleno en la política y la ciudadanía se anida en los miedos al cambio estructural.

Les dejo este bello texto de Ricardo Luna Cano,  publicado en el Magazin Dominical de El Espectador N° 230 el 23 de agosto de 1987. Utopía y poder, espacios y tiempos de participación. Manfred Max-Neef en PDF


Bibliografía

Max-Neef, Manfred; con la colaboración de Antonio Elizalde y Martin Hoppenhayn. (1993).

Desarrollo a Escala Humana. Conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones.

Montevideo: Editorial Nordan-Comunidad.

Apropiación del espacio público en la Galería La Esmeralda

José Rodolfo Chantre Guaca

Estiven Hernando Solarte Tenorio

Este ensayo resulta del acercamiento a las herramientas del trabajo de campo que sugiere la etnografía: observación, escuchar/conversar con las personas, anotar en el diario de campo, fotografiar.

Rodolfo y Estiven nos comparten su texto sobre las causas de la apropiación del espacio público de la plaza de mercado La Esmeralda por parte de los comerciantes:

“La plaza de mercado La Esmeralda es un lugar en donde se encuentran gran variedad de productos, y donde la mayoría de comerciantes, trabajan desde muy tempranas horas del día. Algunos vendedores vienen de otros municipios y veredas cercanas a la capital caucana. La mayoría de estos comerciantes, no tienen un local propio para situarse; por ello, recurren a invadir el espacio público. Además de generar problemas de movilidad, se arriesgan a que la policía y trabajadores de la alcaldía les despojen de los productos que vienen a ofrecer. Pero que a pesar de estas circunstancias, estas personas siguen trabajando arduamente, ayudándose entre sí y atendiendo a sus clientes con amabilidad” (Chantre y Solarte, 2017).

Leer texto completo Apropiación del espacio público en la galería La Esmeralda 


Gratitud a José Rodolfo Chantre Guaca y a Estiven Hernando Solarte Tenorio, estudiantes de la asignatura Metodología de la investigación, Carrera de Diseño Visual – Facultad de Arte y Diseño – Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

Quino: etnógrafo permanente de los mundos vividos y de los posibles

Rosa Patricia Quintero Barrera

 Joaquín Salvador Lavado Tejón –Quino- es detallista en todo de lo cotidiano, desde lo aparentemente trivial, hasta los contextos nacionales/mundiales/universales, cruzados por la Guerra Civil Española, el Peronismo, la II Guerra Mundial, la Guerra Fría. Irradiado por el genio de contar historias con viñetas de una página, de algunos cuadros. Entremezcla del humor que cruza fronteras por los referentes conocidos, que por tanto resultan comunes. La maestría de quien sabe de las Artes Bellas, para poder expresarse con dibujos que rompen trazos naturalistas y clásicos. Insiste en que es necesario conocer las técnicas para desarrollar sus propias formas. Lo mismo ocurre en la etnografía, en la que no sólo vale la mirada juiciosa, sino también el talento de la escritura que amalgama de formas maravillosas lo observado y lo leído tantas veces, que da espacio a los giros literarios porque se ha entendido lo estudiado.

Quino ha sido muy cercano del cine, ya sabemos que Dar la cara le sirvió de algún punto de fuga para su vida junto a la niña rebelde que siempre quiere cambiar al mundo o bajarse de él. Con Chaplin se identificó, tampoco quiso hablar; Quino prefirió dibujar. Porque: del lápiz sale cualquier cosa, sale lo que uno quiera, con ese instrumento se tiene un poder increíble. Sí dentro de un lápiz puede salir todo esto, yo quiero hacerlo. A Quino, se le dio más expresarse con trazos excepcionales de crítica y humor. Ya lo dice varias veces, el humor se mueve entre el chiste y el dramatismo, es la junta de la risa y de la angustia.

Al publicar, evidencia errores que dibujó -según él-. Entre sus seguidores lejos estaría pensarlo. La autocrítica lo lleva a inquietarse por sí el lector entendió lo que quería decir. El afán del tiempo que es exigencia para tener listo el trabajo que se publica, a veces implica dejar inconclusa la idea que requería madurarse un poco más. Por fortuna, quedan otras páginas en blanco de su libreta de dibujo, para reconstruir sus ideas. Es la posibilidad en la creación e interpretación de volver/quedarse/irse en el dibujo de los contextos; sea con trazos o con palabras.

En el ser humano de Salvador Lavado convergen sus circunstancias familiares. Su abuela de pensamiento de izquierda; su orfandad temprana; su tío don Joaquín era pintor y hacía afiches de películas, lo incitó a sus primeros dibujos a manera de divertimento. También su desapego a la tecnología. El cine que le mostraba a unos personajes buenos y a otros malos, entre norteamericanos, rusos y japoneses. El mismo antagonismo de las cintas, lo veía en la religión. De la Biblia sacó historias fantásticas, gustó de coleccionarlas, las leía sin ánimo religioso; esas narraciones le sirvieron para desarrollar argumentos, para saber quién es quién.  El nazismo le generó un atractivo perverso, le inspiró para sus críticas al autoritarismo, sectarismo y también para algunos trajes de sus personajes.

Su obra más conocida, sin duda es Mafalda, y a ella no volvió a dibujarla desde 1973, de haber seguido con la historieta, habría sido de la mano de Libertad y de Miguelito: la junta de la angustia de lo imposible y del drama del capitalismo. Pero el Maestro Quino, no dejó de expresarse, ha tenido mucho que decirnos, con su infaltable análisis crítico y profundo acerca de los ámbitos humanos. Su manera de contar sobre los mundos transitados y los posibles, ha encontrado eco entre muchas personas de distintas coloraciones nacionales, por la cercanía de los contextos y de las preocupaciones por nuestro devenir como especie.

 


Fuentes consultadas

Conferencia de Quino: entre la angustia y el humor. Escuela SUR del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Publicado el 29 may. 2015. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=Eih5o_VCtUQ&t=444s

Página oficial Quino http://www.quino.com.ar/

 


Otra entrada de Etnicográfica relacionada con este tema

Película “Dar la cara” y Mafalda: la niña terriblemente ética

 

La sabedora de plantas para curar

 

Rosa Patricia Quintero Barrera

Doña Inocencia ha cogido camino por varias partes del litoral Pacífico, desde Guapi, el resto del Cauca y el Valle del Cauca; en la plenitud vivida de sus largos años. Es una mujer viajera, sabedora de los usos de las plantas para curar y de las maneras de venderlas en los lugares en donde bien la reciben. La conocí en las cercanías del Puente del Humilladero en Popayán. Se había apropiado a su antojo del espacio, dispuesto con el orden que ya tiene memorizado para colocar sus plantas, que entre formas redondas y alargadas, lucen bellos tonos de marrón. A pleno sol, ofrecía sus productos botánicos con el regalo de su eterna sonrisa. Por eso, resultó del todo inevitable arrimarse a conversar con ella, sobre los asuntos importantes de la sanagua, del chaparro, de la zarzaparrilla, de la hoja de gualanday.

Con algo de desconfianza, a que mis preguntas condujeran a que la Policía la quitara del sitio y la despojara de los productos que consigue en fincas de su tierra, algo me quiso contar de sus plantas. Cuando la semilla de la sanagua está biche, se puede beber para mejorar la digestión y las afecciones de la gastritis. La corteza es robusta y rugosa, por eso sirve para hacer botones y masajeadores. Pero también se lava muy bien, se machaca y se cocina en un litro de agua, e igual beneficia los procesos digestivos.

El bejuco del chaparro que se encuentra encima de los árboles de las montañas de la selva chocoana, cura la diabetes, la anemia, el paludismo y las afecciones de la próstata. El tronco de la zarzaparrilla es más común, se encuentra con facilidad en Buenaventura; al prepararse con la hoja del gualanday cura el cáncer.

Mientras me enseña sus plantas, conversa con sus compañeros que venden artesanías, hablan de sus viajes recientes a conseguir aquellos productos que comercializan en la ciudad. Al señor que le dice: Deme algo para la sexualidad, que eso ya no me funciona, y me lo ensayo con usted esta noche; ella le responde en medio de risas: ¡este peruano! Vuelve a la introspección de antes. Alude al origen de sus conocimientos botánicos y curativos, a sus abuelos que sabían del manejo de las plantas, a su tío que tiene una clínica botánica en Cali, a las mujeres de su familia que han sido parteras, que saben hasta recibir a los niños que vienen parados, ocasionándole a la madre los dolores que matan gente.

Doña Inocencia también vende pomadas de azufre para las quemaduras y los dolores; y el extracto de uña de gato balsámico que hace un señor de Leticia. Para volver a ver la sonrisa de doña Inocencia, por fortuna, quedaron expectantes a otra conversación: la costumbre de ombligar a los recién nacidos, las curas a la impotencia y las oraciones del Gran poder de Dios, del Justo Juez y de la Virgen del Carmen para la buena muerte y que el muerto no se quede penando, dándole sustos a los vivos.


Gratitud a:

Doña Inocencia por la generosidad de compartir su conocimiento y su sonrisa.

Alfredo Valderrutén por sus bellas fotografías y la motivación al encuentro con las plantas.


Asociado a este tema:

 

 

Lo predecible de saber preguntar

Rosa Patricia Quintero Barrera

El trabajo de campo como se le conoce al acercamiento a aquellos con quienes se quiere hablar a profundidad sobre algo, implica –tanto- interés de quien pregunta como de quien responde, para lograr enredarse ambos en el diálogo.

Así, ocurrió el encuentro entre dos conocedores de la etnografía y de sus propias historias. No sé, si entrevistar de esa manera sea propicio. Porque llegar a los puntos aparte o a los puntos suspensivos, a los silencios, a las omisiones que suelen decir más, convoca a la vicisitud de profundizar o de cambiar el punto de fuga. Conversar con alguien que transita movedizo entre  el método etnográfico, el tema y la vida misma, recuerda la pericia que no se quiere conservar para ahondar en los temas.

Tantas formas de entrevistar. Las más fáciles son las de preguntas establecidas seguidas por respuestas que se anticipan; y las otras, en las que también se prevé qué va a ser dicho, pero permiten un juego de palabras/miradas/complicidades más detenidas/elaboradas/dispuestas. Se alcanza a respirar antes el hipertexto que va a inundar el aire, que va a ser dicho. Sólo es la pericia de quien observa/induce/lleva casi a desiertos sin salida si tiene a bien detenerse o seguir.

Quizá similitudes buscadas, que satisfarán premisas por la obviedad que dispone lo empírico y lo que ya se conoce. Se quedan en lo vano/fútil/cotidiano del arte de saber preguntar. Anidan en el sinsentido, por el contexto de cualquier entrevista, en la que las respuestas se saben y las preguntas también.

Por eso, en la mirada antropológica preferimos la observación. Sin colocación/suelta/divertida/espontánea, in situ como dirían los que se guardan en el saber. Diálogos y encuentros de ethos que subsisten en el mismo calendario, pese a que las existencias no sintonicen. No tienen por qué acordar, son senti-razones plurales. Y justo, eso, hace tan excepcional/maravillosa/inquietante la naturaleza humana, que –siempre- merece ser sorprendida por unas ciertas notas en una libreta de campo; que con letras de tinta verde no sólo registran las palabras y las corporalidades, sino también las pausas, las metáforas y los silencios intermitentes que más cuentan.

 

Efecto Forer o Barnum: falacia de validación personal

Desde la astrología se considera que el movimiento de los planetas influye de manera causal en la vida de las personas. Richard Dawkins plantea que la astrología fue desarrollada en el siglo II DC por el filósofo Claudio Ptolomeo y no se actualizó desde entonces, pese a que se han descubierto nuevos planetas y a que el eje de rotación terrestre hoy tenga 33° de inclinación en relación al zodiaco de Ptolomeo. Dawkins complementa que en Inglaterra una cuarta parte de la población dice creer en la astrología, que cada día surgen más columnas supersticiosas que bombardean a la gente con estereotipos sin ningún sentido, en comparación con aquellas secciones de conocimiento científico. Alude al efecto Forer o Barnum (falacia de validación personal), desde la Psicología, para referirse a aquellos aspectos que resultan comunes a todas las personas, y que mediante la persuasión genera credibilidad. En suma, esa pseudociencia promueve la discriminación ya que divide a la humanidad en grupos exclusivos, que presume con arrogancia que los humanos son el único punto céntrico del universo (Dawkins, 2007).