Saberes y prácticas rituales en la religiosidad afro

Por: Rosa Patricia Quintero Barrera

José Jorge de Carvalho (2001) define la religión como: “[…] sistemas articulados de creencias, prácticas, rituales y explicación del mundo, los cuales pueden manifestarse en los casos más cerrados bajo el formato de dogmas o, en los más abiertos, en representaciones colectivas” (p,114).  Para el caso de la religiosidad afro hablaríamos de una relación entre esas dos manifestaciones: por un lado, el ritual afro se adecua al formato de la misa que norma la Iglesia católica y; por otro, se aparta de la sobriedad y solemnidad ortodoxa para dar paso a un encuentro social más cercano entre el oficiante y los feligreses, a partir de elementos discursivos y escenográficos atrayentes a las miradas y las expectativas de la gente.

Ligado a lo anterior, los estudiosos afroamericanistas confieren gran importancia a la religión dentro sus análisis, “al ser ésta uno de los más poderosos medios de transmisión de sus valores fundamentales; a su vez señalan el papel protagónico desempeñado por la muerte dentro de estos universos religiosos” (Serrano, 1998, p. 243). Una incidencia de las religiones afroamericanas en los sistemas de valores ha sido la consolidación de los afrodescendientes como grupo étnico. A partir de las diversas expresiones religiosas que han encontrado a lo largo de su historia y las transformaciones que han realizado, así: “la religión sería el factor que permitió el “reagrupamiento institucional” de los africanos traídos a la fuerza a América” (Serrano, 1998, p. 244), lo cual se torna evidente en la propuesta litúrgica afro, ya que sin apartarse del dogma católico adecua en el formato ritual aquellos elementos culturales significativos para los afrodescendientes, y a la vez, que resultan llamativos e interesantes para gran parte de mestizos. A propósito de este último sentido:

“Lo afro sigue siendo el significante favorito del entretenimiento blanco, no por el exotismo tout court, como ya lo fue Oriente en el siglo XIX, sino por una torsión sorprendente de la relación con el elemento exótico: la exofilia. Lo afro es ahora la contraparte necesaria del etnocentrismo occidental, el cual concibió a un extraño al que se le tiene aprecio, cuyo lugar ya se estableció como íntimo y seguro. Lo que la cultura afro trae de exótico no amenaza, sino que se suma al plan racional ya establecido; en fin, lo complementa. Ya es posible para los blancos africanizarse sin dejar de ser occidentales, del mismo modo como no les interesa islamizarse u orientalizarse en general” (Carvalho, 2005, p. 17).

En el escenario de producción simbólica de la misa afro, desempeñan un papel protagónico el baile y la música: ambos constituyen dos poderosas herramientas de comunicación y de motivación para los sujetos que asisten al rito. Pese a que los bailarines lucen las vestimentas apropiadas para seguir con sus cuerpos el ritmo de la música afro, sus coreografías son preparadas para el espacio sagrado que representa el recinto de la iglesia y el ritual en sí mismo. Igual acontece con la música, el toque del tambor y la lírica de los cánticos, son adaptaciones cuidadosamente diseñadas para ese escenario. Es decir, que ni el baile ni la música atentan contra los designios del catolicismo para realizar la misa. Y de cierta manera, afianzan el estereotipo de la experticia en esas artes de los afrodescendientes. Los diversos mensajes que circulan por la mente de la mayoría de espectadores funcionan como un fetiche culturalmente encarnado en su racionalidad y enmarcado en un contexto en el que: “las expresiones simbólicas afroamericanas juegan, en la fantasía, el papel de restituir los valores humanos perdidos en el Occidente actual: la fiesta, la risa, el erotismo, la libertad corporal, el ritmo vital, la espontaneidad, el relajamiento de las tensiones, la sacralización de la naturaleza y de lo cotidiano” (Carvalho, 2005, p. 19). Lo anterior no quiere decir que los cambios implícitos en el modo de ofrendar a la deidad sean bien recibidos y comprendidos por todos los asistentes del ritual. Mientras algunas personas se sienten regocijadas con esta manifestación religiosa, a otras les generan sentimientos opuestos. Entonces, no sólo se evidencia entre los asistentes ocasionales a la misa, sino también entre los clérigos.  Esto explicaría los inconvenientes que deben sortear los sacerdotes de la Pastoral afro para conseguir los permisos de las parroquias de la ciudad y poder oficiar sus misas. Pese a la apertura en el pensamiento monolítico de la iglesia católica con el Concilio Vaticano II y con los enfoques críticos de la teología de la liberación, muchos sacerdotes mestizos e incluso afrodescendientes no entienden ni aceptan que haya una pastoral exclusivamente para ellos.

Por otro lado, los elementos religiosos corresponden a un contexto eminentemente social.  Es decir, que esas representaciones son colectivas y expresan realidades a través del rito.  Así, “los ritos son una forma de actuar que no surgen sino en el seno de grupos reunidos, y que están destinados a suscitar, a mantener o rehacer ciertas situaciones mentales de esos grupos” (Durkheim 1993, p. 264). Los asuntos sociales que exterioriza la Pastoral afro son producto del pensamiento colectivo y de la cooperación entre el conocimiento y el trabajo de religiosos, grupos de mujeres, jóvenes y laicos que conforman la Pastoral afrobogotana. Precisamente uno de los principales objetivos de esta propuesta religiosa es influir en la consolidación de los afrocolombianos como una unidad social y contribuir al mantenimiento de sus miembros juntos, a través de elementos sociales que les resultan comunes, de ahí la insistencia de los oficiantes en enfatizar en la pobreza y la discriminación. Al respecto, valdría la pena evidenciar hasta qué punto reunirse en torno a la Pastoral afro significa unión social y su reafirmación étnica en el contexto urbano.

Bibliografía

Carvalho, José Jorge. (2001). “El misticismo de los espíritus marginales”. Revista Colombiana de Antropología, Vol 37, enero-diciembre. 

Carvalho, José Jorge. (2005). Las culturas afroamericanas en Iberoamerica: lo negociable y lo innegociable. Bogotá: Colección sin condición 3. Universidad Nacional de Colombia.

Durkheim, Emile. (1993). “Formas Elementales de la Vida Religiosa”, en Antropología Lecturas. Editado por Paul Bohannan y Mark Glazer. Pp 263-272. Madrid: McGraw-Hill.

Quintero, Patricia. (2005). “En el nombre del Padre, de la Madre, del Hijo y del Espíritu Santo”: dimensión afro de la religiosidad católica bogotana”. Tesis de maestría inédita. Departamento de Antropología. Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá

Serrano, José Fernando.  (1998).       “Hemo de Mori Cantando, porque Llorando Nací. Ritos fúnebres como forma de cimarronaje”.  En: Geografía Humana de Colombia.  Los Afrocolombianos.  Tomo IV. Instituto Colombiano de Cultura Hispánica. Pp. 243-262

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