Apropiación del espacio público en la Galería La Esmeralda

José Rodolfo Chantre Guaca

Estiven Hernando Solarte Tenorio

Este ensayo resulta del acercamiento a las herramientas del trabajo de campo que sugiere la etnografía: observación, escuchar/conversar con las personas, anotar en el diario de campo, fotografiar.

Rodolfo y Estiven nos comparten su texto sobre las causas de la apropiación del espacio público de la plaza de mercado La Esmeralda por parte de los comerciantes:

“La plaza de mercado La Esmeralda es un lugar en donde se encuentran gran variedad de productos, y donde la mayoría de comerciantes, trabajan desde muy tempranas horas del día. Algunos vendedores vienen de otros municipios y veredas cercanas a la capital caucana. La mayoría de estos comerciantes, no tienen un local propio para situarse; por ello, recurren a invadir el espacio público. Además de generar problemas de movilidad, se arriesgan a que la policía y trabajadores de la alcaldía les despojen de los productos que vienen a ofrecer. Pero que a pesar de estas circunstancias, estas personas siguen trabajando arduamente, ayudándose entre sí y atendiendo a sus clientes con amabilidad” (Chantre y Solarte, 2017).

Leer texto completo Apropiación del espacio público en la galería La Esmeralda 


Gratitud a José Rodolfo Chantre Guaca y a Estiven Hernando Solarte Tenorio, estudiantes de la asignatura Metodología de la investigación, Carrera de Diseño Visual – Facultad de Arte y Diseño – Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca.

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Matador: Cronista gráfico de la historia política colombiana

Rosa Patricia Quintero Barrera

Julio César González comenzó a dibujar caricatura política hacia 1994. Se decidió a firmar con el nombre Matador, inspirado en la profundidad sociopolítica del contenido de la lírica de la canción de Los Fabulosos CadillacsUsted puede matar con una pistola, o de la risa -dijo en su conversatorio en el Paraninfo Francisco José de Caldas – él prefiere lo segundo. Hace mamarrachos por mamar gallo, dice que ese es el mejor trabajo, junto al del fotógrafo de la Playboy.

Julio César se detuvo largo rato en la risa, en la inteligencia que amerita entender el humor, en la complicidad de los contextos entre el dibujante y el lector. Porque para él la interpretación se convierte en un juego entre ambos, en el que las reglas son los eventos acaecidos en el escenario político. Como buen sabedor de ese juego, Matador, cada día se levanta muy temprano, monta bici, toma café, en su oficina lee todos los periódicos, algunos blogs. Con la realidad  en la mente y las maneras como los medios de comunicación plantean las noticias; pero sobre todo, con su creatividad y sarcasmo sinfín, se arma unas tres caricaturas al día, que envía por correo electrónico a los impresos en donde publica sus obras.

Desde la aparente simplicidad de sus líneas, analiza la corrupción del poder, para volverla trizas con la caricatura: no sólo es exagerar, el humor mentiroso, no es humor. Ayuda a entender la realidad de una manera divertida, por eso, Matador es un cronista gráfico de la historia política colombiana; porque la cuenta, la cuestiona, la vive, la sospecha de otras formas posibles, más afables.  Para él, la caricatura tiene que ser subversiva, sí se le hace el juego al poder, no sería chistoso, va a contrapelo, ser la voz del poderoso no es chistoso. Tiene como premisa ética no meterse en la vida privada de ningún personaje, hacerlo sería bochornoso, sólo la retoma, sí la circunstancia en cuestión se hace pública.

Julio César gusta de la mirada subalterna, siempre está a favor de las víctimas. Comenta que sus seguidores le escriben y le dan ideas, que el humor de la cultura popular flota en el ambiente colombiano que está jodido, y lo que nos queda es reírnos: acá todo es grave, pero nada es importante, siempre pasan cosas terribles y, aun así algunos se refugian en los realities.

Para Matador, las personas son caricaturas ambulantes, esa es su mirada de artista. Experto en la lectura de la condición humana: encuentra semejanzas/diferencias, parámetros de representación en líneas. Hace las caricaturas con sus propias convenciones, se las sabe de memoria. Le preocupa la lagartería y arribismo del colombiano, que se muere de la envidia, que gusta de ver perder al otro, aunque la pérdida sea mutua, de la desunión. Esto lo ejemplifica con la obra La Apoteosis de Popayán del maestro Efraim Martínez (el óleo que engalana el recinto) la exaltación a la hidalguía y el poder económico, religioso, político, étnico-racial de los payaneses. Analiza que en esa obra se refleja la escala social: mirando al poderoso hacia arriba.

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Matador es muy cercano a la lectura, prefiere coger un libro –la quinta esencia de la imaginación– a coger el teléfono. Dice que las pantallas igualan toda la información, ahí está justo, la importancia de la lectura que permite ir más allá de la estupidez moderna, que no invita ni a pensar, ni a reflexionar.

Matador es un caricaturista a favor del respiro de la paz. Deja en el ambiente las ganas de seguir jugándosela por lo que gusta, a pensar lúdicamente, a hacer lo que encanta, así lo dice él: lo que hacía de niño, no lo traicioné de grande.

 

Fuentes

Conversatorio de Julio César González en la Universidad del Cauca, Claustro de Santo Domingo, invitado por la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales (22 de noviembre de 2017).

Entrevista con Matador. Co.marca Periodismo Universitario. Publicado el 24 nov. 2017. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?time_continue=14&v=_rkqFPTQrRQ

Las caricaturas de la galería fueron tomadas de El Tiempo.

Fotografías son de Alfredo Valderrutén.

Fotografía de María Fernanda Barberi. En, Silva Romero, Ricardo. (s.a.). “Las estocadas de matador”. Bogotá: Soho. Recuperado de http://www.soho.co/historias/articulo/matador-entrevista-de-ricardo-silva/36197


Patricia Marín Cardona

Matador es de esos personajes que me ha  emocionado conocer, me llenó de entusiasmo y ganas de aprender, especialmente de política. Ya está mandado a recoger aprender bajo el aburrimiento, el miedo, por apariencia o con esa seriedad que genera tensión. Dyer y Goleman aseguran que las actitudes positivas generan un mayor aprendizaje y, qué mejor que las sonrisas que nos trasmite Matador para ver las situaciones importantes con mejor disposición.

Él comparte su percepciones del mundo con esta forma graciosa generadora de alegría, mejorando el día con una sonrisa; porque sí, es así de simple: sólo sonríe un poco y tu actitud positiva resplandecerá  trasmitiendo alegría a todos. Dyer sostiene que el propósito de la vida siempre ha sido compartir lo aprendido. No hay un propósito más alto. Aprender a sonreír es uno de los aprendizajes vitales de la vida y sí le agregamos lo que dice Küppers: “El conocimiento y la habilidad suman pero la actitud multiplica”, tenemos un conjunto de propiedades y reflexiones que al ponerse en práctica no necesitan mucha ciencia para ser comprobados, son unos de esos puntitos esenciales para ser felices.

Matador también nos ha compartido su simple y efectiva manera de sentirse creativo, al contarnos que después de una lectura actualizada; hacer ejercicio en la mañana está listo para crear.  Es una confirmación más, de que somos seres biológicos fluctuando entre los pensamientos,  las emociones y toda nuestra neuroquímica. No hay nada mejor que un cerebro lleno de serotonina, endorfinas, adrenalina y oxitocina para empezar el día con un gran pensamiento positivo, una gran actitud y generar sonrisas. Sin duda Matador ha descubierto los secretos de la buena vida y lo mejor de todo: ¡los comparte!


Gratitud a:

Julio César Julio González por una vez más recordar la posibilidad de hacer lo se quiere y de reírse de uno mismo.

Patricia Marín Cardona por su risa contagiosa y disposición a compartir sus letras.

Alfredo Valderrutén por sus bellas fotografías.

Representación de las brujas en la Inquisición

Rosa Patricia Quintero Barrera

En Europa entre los siglos XV y XVII unas 500.000 personas murieron en la hoguera. Fueron declaradas culpables de pactar, adorar y besar al diablo bajo la cola, viajes por el aire montadas en escobas, reuniones ilegales en aquelarres, adoración al diablo, copular con íncubos y súcubos, matar la vaca del vecino, provocar granizadas, destruir cosechas, robar y comer niños (Harris, 1986, p. 181). La cacería de brujas se convirtió en una institución avalada por la Iglesia católica, que se popularizó debido al autorreconocimiento por parte de las propias acusadas como practicantes de la brujería, en el intento desesperado de evitar las terribles torturas y de ser llevadas a la hoguera. Esa práctica condujo a que las personas se delataran entre sí de tener poderes sobrenaturales para hacer el mal. Cada bruja torturada conducía por lo menos a la ubicación de otras dos. Este sistema, que gradualmente fue institucionalizándose bajo la forma de la Inquisición, exigía que la familia de la supuesta bruja asumiera los gastos provenientes de los servicios de los torturadores, los verdugos, los haces de leña, el banquete de los jueces; además de la confiscación de los bienes de la acusada (las siguientes fotografías las tomé en el Museo Histórico de Cartagena -Colombia).

Marvin Harris explica que las clases dominantes crearon y sostuvieron la noción de las brujas volando en escobas y haciendo males como medio de suprimir la naciente ola de un mesianismo cristiano. En el siglo XIII la Iglesia autorizó por primera vez el empleo de la tortura hacia miembros de organizaciones eclesiásticas que nacían en Europa y se constituían en una amenaza contra el monopolio de Roma. Para impedir la ruptura de la Francia meridional con la cristiandad, la Iglesia protagonizó la guerra santa o cruzada albigense. Además de las tensiones que se derivaron del ocaso del feudalismo y el surgimiento de monarquías fuertes, lo cual ocasionó graves crisis en cuanto al comercio, el mercado y la tenencia de la tierra. En este sentido, “el significado práctico de la manía de las brujas consistió, así, en desplazar la responsabilidad de la crisis de la sociedad medieval tardía desde la Iglesia y el Estado hacia demonios imaginarios con forma humana” (Harris, 1986, p. 205).

La brujería, la magia y la hechicería han trascendido barreras del tiempo y de las culturas en cuanto a las prácticas sociales y, por supuesto, en cuanto a los variados estudios desde las ciencias sociales. Las diferencias entre la magia, la brujería y la hechicería, de acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, son sutiles. La “magia” definida como un arte o ciencia oculta que lleva a resultados contrarios a las leyes naturales. La “brujería” se refiere a prácticas mágicas o supersticiosas que ejercen las brujas. La “hechicería” se desprende del término hechizo, que corresponde a ejercer un maleficio sobre alguien por medio de creencias extrañas a la fe religiosa y contraria a la razón. Según James Frazer la magia era una ciencia bastarda, síntoma de inferioridad, propio de pueblos primitivos e infantiles, cuyos actos expresivos estaban basados en medios metafísicos (Leach, 1985, p. 39). Entonces, la Real Academia y Frazer guardan cierta concordancia, sobre todo al definir a los tres términos – magia, brujería y hechicería- con: arte, ciencia oculta – extraña – bastarda, seres imaginables, contrario a las leyes naturales – a la razón – superstición – maleficios – brujos.

Edmund Leach critica la perspectiva de Frazer argumentando que en la magia y en hechicería se entrecruzan asociaciones de ambigüedades propias de la comunicación humana y que deben distinguirse de errores (Leach, 1985, p. 39). Al mencionarse que la magia se aparta de la razón, se arguye que la intervención que realizan los magos no es técnica, debido a que no existe un nexo mecánico que los conecte; ya que lo mágico se identifica de manera esencial, precisamente en que “el mago pretende cambiar el estado del mundo mediante una acción a distancia” (Leach, 1985, p. 40).

En la actualidad, la brujería ocupa un tópico destacado en la vida cotidiana de muchas personas pero también en la literatura y en prácticas lúdicas, como en el argumento de la obra The Lord of the Rings de J. R. R. Tolkien que gira en torno a los magos  Galdalf y Saruman, sobre quienes recae la trama que se debate en la lucha del bien y del mal; variedad de juegos de rol que se inspiran en mitologías y centenares de cuentos infantiles y juveniles, sólo por nombrar algunos ejemplos.


Bibliografía

Harris, M. (1986 [1974]). Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura. Madrid: Alianza Editorial.

Leach, E. (1985). Cultura y comunicación. La lógica conexión de los símbolos. Madrid: Siglo XXI Editores.

Real Academia Española. (2001). Brujería, magia y hechicería. En Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Recuperado de http://buscon.rae.es/draeI/

Los adentros y los afueras en fotografías

Rosa Patricia Quintero Barrera

Dedicado a los míos, mis tíos, María e Iván.

A unas horas de viaje queda el hogar rodeado de arcoiris de verdes, de música para la bohemía, como diría Willie Colón y el cariño de los que se quieren desde siempre. La amplitud que se hace posible en el Valle del Cauca, en los adentros y los afueras de las casas. Afuera los árboles que crecen erectos hacia el azul-cielo. Dicen que el que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija; y de eso, bien sabe el samán. Ellos, los árboles, son longevos, sobreviven a los homo-sapiens que los siembran; y, guardan con celo el secreto de sus vidas, mientras les cubrieron con su manto y con sus frutos. Al samán le acompañan, los tulipanes que conservan sus modos de acuerdo a las estaciones del viejo continente, el árbol de coco, las orquídeas, el viñedo enredado en guaduas, que servirá para los vinos. No faltan las gallinas, sus gallos, sus pollitos, conversando sobre la cotidianidad de la finca El Amparo, en Ginebra, la ciudad musical de Colombia.

Adentro, el calor del hogar, de la familia que ha sabido resistir los catorce años fatídicos, que aún celebra hasta los chistes repetidos. Se cruzan allí novedades tecnológicas con las viejeras para escuchar música y dejar el vestigio del momento en la fotografía.

Entre los dos ámbitos, el adentro y el afuera, están Dana y Tora, han perdurado a otros queridos perros, que ya acompañaron y que como ellas, recibieron y esperaron a sus humanos, con la sonrisa de su ladrido, de sus pelos por doquier y de sus ganas inagotables de merecer caricias y juegos.

Acá sólo brevedad, porque los tres días dejaron recuerdos, de esos que consolidan los lazos de parentesco, que renacen impulsos del seguir pese a tanto.

 

La sabedora de plantas para curar

 

Rosa Patricia Quintero Barrera

Doña Inocencia ha cogido camino por varias partes del litoral Pacífico, desde Guapi, el resto del Cauca y el Valle del Cauca; en la plenitud vivida de sus largos años. Es una mujer viajera, sabedora de los usos de las plantas para curar y de las maneras de venderlas en los lugares en donde bien la reciben. La conocí en las cercanías del Puente del Humilladero en Popayán. Se había apropiado a su antojo del espacio, dispuesto con el orden que ya tiene memorizado para colocar sus plantas, que entre formas redondas y alargadas, lucen bellos tonos de marrón. A pleno sol, ofrecía sus productos botánicos con el regalo de su eterna sonrisa. Por eso, resultó del todo inevitable arrimarse a conversar con ella, sobre los asuntos importantes de la sanagua, del chaparro, de la zarzaparrilla, de la hoja de gualanday.

Con algo de desconfianza, a que mis preguntas condujeran a que la Policía la quitara del sitio y la despojara de los productos que consigue en fincas de su tierra, algo me quiso contar de sus plantas. Cuando la semilla de la sanagua está biche, se puede beber para mejorar la digestión y las afecciones de la gastritis. La corteza es robusta y rugosa, por eso sirve para hacer botones y masajeadores. Pero también se lava muy bien, se machaca y se cocina en un litro de agua, e igual beneficia los procesos digestivos.

El bejuco del chaparro que se encuentra encima de los árboles de las montañas de la selva chocoana, cura la diabetes, la anemia, el paludismo y las afecciones de la próstata. El tronco de la zarzaparrilla es más común, se encuentra con facilidad en Buenaventura; al prepararse con la hoja del gualanday cura el cáncer.

Mientras me enseña sus plantas, conversa con sus compañeros que venden artesanías, hablan de sus viajes recientes a conseguir aquellos productos que comercializan en la ciudad. Al señor que le dice: Deme algo para la sexualidad, que eso ya no me funciona, y me lo ensayo con usted esta noche; ella le responde en medio de risas: ¡este peruano! Vuelve a la introspección de antes. Alude al origen de sus conocimientos botánicos y curativos, a sus abuelos que sabían del manejo de las plantas, a su tío que tiene una clínica botánica en Cali, a las mujeres de su familia que han sido parteras, que saben hasta recibir a los niños que vienen parados, ocasionándole a la madre los dolores que matan gente.

Doña Inocencia también vende pomadas de azufre para las quemaduras y los dolores; y el extracto de uña de gato balsámico que hace un señor de Leticia. Para volver a ver la sonrisa de doña Inocencia, por fortuna, quedaron expectantes a otra conversación: la costumbre de ombligar a los recién nacidos, las curas a la impotencia y las oraciones del Gran poder de Dios, del Justo Juez y de la Virgen del Carmen para la buena muerte y que el muerto no se quede penando, dándole sustos a los vivos.


Gratitud a:

Doña Inocencia por la generosidad de compartir su conocimiento y su sonrisa.

Alfredo Valderrutén por sus bellas fotografías y la motivación al encuentro con las plantas.


Asociado a este tema:

 

 

Una noche en la New York de Pueblillo

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Rosa Patricia Quintero Barrera

En la noche del viernes brillan las luces de la Discoteca New York, en Pueblillo, Cauca. Es un negocio de familia, que lleva más de 62 años, cumpliendo su cometido de reunir a los que gustan bailar la buena salsa, cuenta Don Ovidio, el dueño del lugar. Por el momento sólo tres bellas mujeres están en la barra, conversando con él. Dice que ojalá llegue más gente, porque las chicas quieren bailar.

Son unos 10.200 discos de vinilo, coleccionados en dos generaciones, colocados en las estanterías, con el orden que Don Ovidio conoce a la perfección; tanto que la canción que los rumbiadores de la salsa de antes y de siempre, le pidan, él la encuentra y la pone a rodar en el tocadiscos.

New York es una maravilla para los ojos. No se sabe en dónde detener la mirada. Sí en los objetos colgados del techo, en el armario a la vista colmado de trajes y de disfraces, en la enorme caja de zapatos de tacón y de charol, en las máscaras como la del Diablo, en el mobiliario que de tantas historias habrá sido partícipe, en el teléfono de discado, en las luces de colores que se persiguen en el suelo, redondas, intermitentes y sinfín. Parece navidad, parece cualquier época, parece ayer. Es la parranda de música que brota por cada toque de cueros, con esa ancestralidad negra, del África ardiente.

Del techo suspendidos casi que sin gravedad, los objetos recuerdan a los juguetes de la infancia, como el yas y la pelotica de goma, que tantas horas y risas se robó ya hace unos tantos años; las artesanías que hacía la abuela; el calendario Bristol que le servía al abuelo para planear sus cultivos de trigo y café; la crema de la mamá. También están suspendidos los rulos, las bolas de navidad, los zapaticos de bebés, los botones, las campanas, la novela de Arandú, el lapicero azul que tanto escribió.

El sitio llama a los salseros. Llegan en parches de amigos, en parejas de amantes; que beben lo que quieren. Pero, van es a bailar, a azotar baldosa. Como es el suin en Colombia: brinquitos, amacices, soltadas, vuelticas; al puro estilo de bailar en cualquier caseta de barrio de Cali. No se miran los pies; porque la música, el cuerpo y la respiración del otro se siente; se anticipa antes del movimiento, no se piensa, ni se planea; porque se baila, simplemente. La costumbre lleva a que los hombres inviten a bailar a las mujeres, las sacan del privado de la barra, al público de la pista de baile: el que baila rico y lleva bien; el que baila mal y es una mamera, tanto que la canción se vuelve eterna, dice una chica.

Suenan tantas canciones: a caballo vamos pal monte… el guajiro… carretero en el campo vive bien… Cuba, mi patria querida, para ti es mi inspiración… que pone a los bailadores a cantar al unísono, porque les recuerda el hondo sueño de la Latinoamérica del Ché y de Martí. Oh, qué sera, qué sera, que anda suspirando por las alcobas, que se oye susurrando en versos de trova…

Y las cinco horas en New York se pasaron como un suspiro de luces, salsa y son. Quedaron muchas risas e historias compartidas, para regresar al normal y con ganas de volver para detallar con más juicio los objetos y curiosear los discos de Don Ovidio.