Aniversario de Etnicográfica

Justo hoy, etnicografica.wordpress.com, cumple nueve años de transitar en el cibermundo.

Especial gratitud a quienes han tenido la generosidad de publicar acá, a los Blogeros de WordPress, a quienes lo siguen por correo electrónico y a quienes les gusta por Facebook y Twitter; por su constancia, participación, cariño y paciencia.

También agradecimientos a WordPress que es un maravilloso sistema de gestión de contenidos y la plantilla Quintus que le ha sido característica al Blog desde su inicio. Ya contamos con 372 entradas, 23 páginas, 243 comentarios y 1065 seguidores.

Los aniversarios son fechas especiales, ciclos que se cumplen y otros que vendrán. Reflejan momentos de introspección sobre el pasado y un planeamiento sobre aquello que se hará. Seguiremos experimentando y divirtiéndonos con la etnografía y con la antropología literaria de lo subalterno y de lo cotidiano.


¡Éste aniversario es por todos ustedes!

Etnicográfica les espera con sus publicaciones, comentarios, visitas y sugerencias.

¡Un enorme y cálido abrazo a todos los seguidores de este sitio!

Lo predecible de saber preguntar

Rosa Patricia Quintero Barrera

El trabajo de campo como se le conoce al acercamiento a aquellos con quienes se quiere hablar a profundidad sobre algo, implica –tanto- interés de quien pregunta como de quien responde, para lograr enredarse ambos en el diálogo.

Así, ocurrió el encuentro entre dos conocedores de la etnografía y de sus propias historias. No sé, si entrevistar de esa manera sea propicio. Porque llegar a los puntos aparte o a los puntos suspensivos, a los silencios, a las omisiones que suelen decir más, convoca a la vicisitud de profundizar o de cambiar el punto de fuga. Conversar con alguien que transita movedizo entre  el método etnográfico, el tema y la vida misma, recuerda la pericia que no se quiere conservar para ahondar en los temas.

Tantas formas de entrevistar. Las más fáciles son las de preguntas establecidas seguidas por respuestas que se anticipan; y las otras, en las que también se prevé qué va a ser dicho, pero permiten un juego de palabras/miradas/complicidades más detenidas/elaboradas/dispuestas. Se alcanza a respirar antes el hipertexto que va a inundar el aire, que va a ser dicho. Sólo es la pericia de quien observa/induce/lleva casi a desiertos sin salida si tiene a bien detenerse o seguir.

Quizá similitudes buscadas, que satisfarán premisas por la obviedad que dispone lo empírico y lo que ya se conoce. Se quedan en lo vano/fútil/cotidiano del arte de saber preguntar. Anidan en el sinsentido, por el contexto de cualquier entrevista, en la que las respuestas se saben y las preguntas también.

Por eso, en la mirada antropológica preferimos la observación. Sin colocación/suelta/divertida/espontánea, in situ como dirían los que se guardan en el saber. Diálogos y encuentros de ethos que subsisten en el mismo calendario, pese a que las existencias no sintonicen. No tienen por qué acordar, son senti-razones plurales. Y justo, eso, hace tan excepcional/maravillosa/inquietante la naturaleza humana, que –siempre- merece ser sorprendida por unas ciertas notas en una libreta de campo; que con letras de tinta verde no sólo registran las palabras y las corporalidades, sino también las pausas, las metáforas y los silencios intermitentes que más cuentan.

 

algo de lo que dice la noche de museos

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cómo no voy a decir que me gustas… es lo primero que se escucha, en la Plazoleta de Santo Domingo; al son de un bolero. Unos pasos más, hacia el Parque de Caldas: ¿de qué signo eres?Virgo. Ahhh, para qué quiere la piedra. Los números no me cuadran, son las rápidas cuentas que el artesano le hace a su compañera de viaje.

Llega la Noche de Museos en la Blanca Ciudad. Las personas se vuelcan a las calles del Centro Histórico. Los cafés, restaurantes, bares se extienden/adueñan de las vías públicas. Los bailarines de la Escuela de Danza  contornean sus cuidados cuerpos al ritmo del mambo, pasodoble, bolero, tango; justo al frente de la Gobernación del Cauca. El animador pide aplausos y la gente responde entusiasta.

Las personas caminan, van en parejas, en grupos de amigos. Conversan, se ríen, se saludan, se abrazan. Se respira diversión, calidez; en medio del aire un poco frío que recuerda de quién será ese cielo.

A mi, se me dificulta escribir.

Dale, inténtalo! Piensa en que le vas a contar a alguien que no conoce este evento y, tú le vas a dibujar con palabras lo que tus ojos quieren ver

Una niña se ha extraviado. – Sí, vé, por estar chatiando, se les pierden los niños. Pongan atención… Invitamos a la gente a que se acerque.

La apropiación humana de la calle, genera un ambiente de cordialidad. Las sonrisas instaladas en los rostros se vuelven contagiosas. Los pasos de quienes deambulan en grupo se colocan al mismo ritmo, por la proximidad de los afectos y de las complicidades.

La chica se colocó con una mesita improvisada a vender obleas. Dan ganas de la hostia gigante con arequipe y crema de leche, que con $2000 se pueden satisfacer. Mientras los muchachos en la banca, se ríen al unísono, se acomodan para las impuestas fotografías. El domicilio de la oblea vale $2000, le dice la chica que le lleva una, a la niña que se alegra un jurgo al recibirla.

– Mi amor bella, tú eres muy bella, cuándo me das una vuelta en tu bici, o mejor, yo te llevo.

Le arranca una sonrisa. Es el vecino que siempre se encuentra en la Panadería de La Pamba. Mientras sólo escucha y responde con un algo de cortesía; ella, espera verle entre la gente. Lo imagina con esa sonrisa que antes se posaba en su mirada de cristal. Le da escalofrío la -ya- prohibida remembranza, le recuerda la extrañeza del corazón, y va ocupando su lugar, la permanente melancolía.

Llega una oleada de Rap. El que está orgulloso de Colombia, no niega sus raíces. Acompáñenme con el coro: Rap consciencia, rap de verdad, rap con inteligencia. El cantante deja la a capela e inunda de nuevo -al aire- el son callejero, ahora con acompañamiento instrumental, que siempre ha fascinado: no tengo el conocimiento que tiene un doctor, pero tengo la autoridad de un mesías. Pide un aplauso a Dios. Canta/habla: mujer tu no eres perra, ni rata… porque eres valiosa. Se hunde en el discurso  religioso de coloración de evangelización aculturada, de algunos jóvenes de hoy.

De regreso a la Plaza de Santo Domingo, además de los cafés y restaurantes, se hallan varios vendedores ambulantes, que ofrecen variedad de alimentos y bebidas. Los transeúntes se han aglomerado en el lugar, a escuchar a la chica de pelo rojo que bellamente canta. Algunos caminan lento, se detienen, se rozan las corporalidades. Convergen olores de comidas con el fondo de la chirimia, que no puede ausentarse en el social payanés.

Y la noche llama al recogimiento del guardarse en las letras azules, de lo que se pudo escribir, porque no siempre fluye la posibilidad de querer profundizar en la mirada etnográfica.

 

 

Turumama, Viuda, Bruja y Duende: habitantes de otros mundos posibles

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La Turumama por tanta belleza que la adornaba, enamoró para siempre al Arcoiris, que no dudó en preñarla. Al dar a luz, perdió a su bebé entre las aguas del río. Al ver lo sucedido, Dios pensó que ella había actuado con premeditación y la condenó a andar de río en río, por sí lograba encontrar a su hijo. Desde entonces, cumple ese sino. Mientras se divierte comiéndose a los hombres que tienen la desgracia de topársela en algún camino apartado del pueblo. Ella huye cuando hacen una cruz en el aire con un machete o a la voz de algún rezo católico.

Por su parte, a la Viuda también la divierte hacerle maldades a los hombres que se le atraviesan en su deambular por sitios solitarios y escabrosos. Al lograr seducir a los infieles les quita el entendimiento.

La Bruja disfruta chupándole la Gracia/Virtud a los niños. Sin embargo, esta nefasta situación se puede evitar, sí a los infantes se les coloca una paila caliente con una varita de aluminio en la cabeza. A veces cuando los cazadores de brujas la capturan, la ven en su transformación de bimbo a una mujer desnuda.

Mientras estas fatales y encantadoras mujeres de otros mundos, hacen lo suyo, por que así les tocó, porque en vida  se excedieron o por su destino; el Duende puede enseñar dones, como tratamientos para el Mal de Ojo, maestría en interpretar la guitarra o en el arte de coser. Pero, para que a él se le dé enseñar, primero debe aterrorizar a los aprendices, porque el miedo forma parte del mágico encuentro. Dicen, quienes lo han visto, que el travieso Duende vuelve tontas a las niñas, que comen excremento de vaca pensando que saborean un rico pastel.

De nuevo, los personajes que visten a las leyendas colombianas llenan de sentipensares, de controles sociales, de representaciones del miedo a las personas que los ven y los escuchan. También refuerzan las doctrinas hegémonicas, al censurar comportamientos apartados de lo socialmente aceptado.


Entradas de Etnicográfica asociadas a este tema:

Mitos y leyendas colombianas: representaciones simbólicas del multicolor étnico

El Guando


Gratitud a:

Victor David Aranda Rivera, Yenhy Liliana Burbano Urbano, Yeny Alexandra Chamizo Villaquiran, Luisa Mercedes Díaz Del Castillo, Jhon Alexander Fernández Olivares, Paola Andrea Jiménez Viveros, Leidy Johana Moreno Meneses, Tania Isabel Muñoz Gallardo, Julieth Alexandra Ojeda Palacios, Angie Tatiana Ortiz Pulido, Adriana Victoria Rivera Narváez, Yesica Marcela Ruiz Castillo, Deisy Lorena Salamanca Acosta y María Fernanda Velasco Hernández. Estudiantes de Comunidad 1 del Programa Trabajo Social de la Fundación Universitaria de Popayán.

Clase del 31 de octubre de 2016 dedicada al estudio de epistemologías de otros mundos posibles.

 

 

 

Palomas en el Parque de Caldas

Rosa Patricia Quintero Barrera

Susana, María, Juan, Leopoldo, Liliana, son sólo algunas de las palomas que socializan frente a la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción de la Ciudad Blanca. Algunas caminan siguiendo la misma dirección, mueven sus extremidades inferiores al mismo ritmo que su cabeza, parece que afirmaran algo. Van de izquierda a derecha, se devuelven, se quedan suspendidas.

Otras, en grupos más reducidos, de a dos, de a cuatro conversan sobre los asuntos del día. Alcanzo a escuchar que comentan sobre los resultados  del Plebiscito en Colombia. Unas argumentan sus decisiones volcadas en el voto que realizaron el dos de octubre de 2016. Se debaten entre el sí y el no, entre la reinserción de los guerrilleros de las FARC-EP a la vida civil. Aluden a la impunidad, a las repercusiones en la tenencia de la tierra, al papel de los medios de comunicación, a los comentarios de los políticos.

palomaLlega al grupo una joven paloma, vestida para la ocasión con su exuberante plumaje entre tonalidades de violetas, verdes y azules. Con su voz ronca, dice que ya que los humanos simbolizan a la paz –precisamente- con palomas, como ellas: entonces sí tienen muchos contextos para debatir sobre este tema.

De pronto, las palomas se agrupan con avidez porque un humano les echó maíz. Comen lo más rápido que pueden ya que así pueden consumir más. Los humanos que les brindan el alimento, le dicen a don Leopoldo que no sea tramposo, que las demás también tienen derecho a granitos de maíz. Él omite el reclamo y persiste en su avaricia de apropiarse de todo lo que está a su alcance. Me recuerda a los humanos que se adueñan de las tierras, de los bienes y de los modos de producción que sus congéneres les permiten.

A María y a Juan les llama la atención un grupo de humanos, alojados en una banca del Parque de Caldas. Los ven concentrados, observan el movimiento social del lugar.

Mira están escribiendo, parecen divertirse, dice ella.

¿Qué pensarán? Le responde Juan.

Observan que a veces los humanos conversan entre ellos, que su proximidad indica que se conocen, se sonríen y se tratan con afecto. Ven a otro humano que toma fotografías, que captura para siempre esos momentos irrepetibles. Pasa una joven humana con su cachorro, van contando las bicicletas que están parqueadas en el lugar. Tantas actividades que pueden realizar los humanos mientras el día apenas comienza, desde la atenta mirada de las palomas.

¡A mí me dan miedo las palomas! Dice un humano.

Susana y Liliana, que lo escuchan, se susurran para ellas mismas: a nosotras también nos dan miedo los humanos.

¿Por qué volaran contra el viento?

Entre palomas y humanos resultan hondas preguntas que nos mueven a pensar más allá de lo aparente. Quizá entre los que se matan entre sí, por avaricia y gusto de someter a los suyos, y aquellas plumíferas grises/violáceas que representan a la paz se pueda construir ese añorado estado de reconciliación en el espacio/tiempo que compartimos.

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Del Maestro Chócolo


 

Agradecimientos especiales a: Edinson Añazco, Alex Yasnó, Anggie Mosquera, Julián Solarte, Francisco Bazante, José Manuel Narváez, Maryury Pajoy y Camilo Navarro; estudiantes de Diseño del Colegio Mayor del Cauca. Salida de campo en la Clase de Antropología.

 

Memento mori

Alexander Luna Nieto

Enrique Ocampo Castro

Rosa Patricia Quintero Barrera

Caricatura de Quino

Caricatura de Quino

Recuerda que puedes morir, dice la Dama Negra, la Parca, la Catrina, la Llorona, la muerte inefable. Constante siempre, desde la primera hasta la última respiración. Nos asiste sin que la veamos, sólo que a veces muestra su rostro en cada esquina. «Ave, Caesar, morituri te salutant», afirmaban los participantes del Circo romano: con plena consciencia, escasa libertad y nula voluntad, ya que la muerte era su más próxima posibilidad. Luego Martin Heidegger diría que somos seres para la muerte. No obstante, valdría la pena pensar sí la muerte es sólo facticidad o una inmensa posibilidad.

(G)Rito último de todos, único que no podemos disfrutar, al que debemos asistir. Mordaz e implacable nos visita sin permitir devolverse. La muerte como facticidad es nuestra más inmediata posibilidad. ¿Pero será que lo humano se limita o reduce a su muerte? ¿Será que en nuestra condición humana habita la posibilidad de la trascendencia?

La Gran Dama, la Vedette, con sus seductoras vestimentas de acuerdo a los inventarios simbólicos y cognoscentes que armamos los seres humanos: nos contempla, nos asiste, nos acorrala en tiempos de perplejidad, de lluviosos sentimientos hasta que podemos darnos a la eventualidad de devolvernos, descualquierarnos o irnos. Entonces se trata de mementos mori, de muertes, de fines/inicios, usados soles, nuevas lunas, que se van quedando en el olvido.

La muerte se constituye en la metáfora de la condición humana, siempre tan falible y tan vulnerable. Nos descubrimos en nuestra corporalidad, habitando un vestido de cristal: tan falaces y falibles que las circunstancias nos derrumban o constituyen lo que somos. En el dolor y en el sufrimiento es en donde se constituye lo que somos, en los límites de lo humano. Burlamos sus límites para trascender a través de nuestra fugaz historicidad escrita a retazos a lo largo de nuestras vidas.

La muerte como posibilidad nos pone ante una inmensidad de posibilidades. Ella, La Llorona, que gusta de lucirse con tantos trajes, y justo por eso, es la más Vedette. ¡La siempre bienvenida, Gran Señora! Incluso cuando porta esa vestimenta que la motiva a interrumpir las palpitaciones, las respiraciones y el calor corporal para siempre. También cuando se adorna con esos otros trajes que finalizan encuentros, de los que sólo quedan fotografías como evidencia de lo que alguna vez fue dotado de algún sentido en el instante. Ese soplo inconmensurable que nos grita al oído que somos finitos, que nos hace añorar que quizá se pueda habitar en corporalidades de unos otros tiempos/espacios.

Tejiendo y destejiendo: ensoñaciones en la investigación

Alexander Luna Nieto

Rosa Patricia Quintero Barrera

 

…soñé tu figura lejos,

esperando en los suburbios del olvido (Penélope)

Y me vi solo,

zarpando en barcos de oro que llené con regalos para ti…

 

Roby Draco Rosa

 

penelopeEn su pretensión de responder a la pregunta qué es la ciencia, la investigación realiza aproximaciones, unas muy conceptuales, –metafóricas como es el caso de Penélope- y otras muy viscerales. Penélope nos muestra la metáfora que va de lo conceptual a lo visceral. Quizá quien investiga se descubre habitando el mundo en que trabaja tejiendo y destejiendo. Quizá esto diga acerca del carácter contradictorio de nuestra condición humana.

Ella –como nosotros- teje de día y desteje de noche. En la investigación nos arrimamos a alteridades y a otredades de colores, sabores, texturas, sonidos cambiantes. Ya Levinas nos ha recordado que el otro es aquel que rompe mis cuadros de contenido pensado. Esa ruptura con inherentes antagonismos es lo extraordinario de deshilar lo aparentemente aprendido, pensado, actuado, capturado en la fotografía, anotado en el diario de campo. En Penélope, no sólo anidan los contenidos, ni sus redes construidas. También habitan sus propias formas de entretejer, de armar las texturas, de recolectar materiales, de hilar sus provisiones abstractas y empíricas, de apropiarse de técnicas: unas nuevas, otras usadas, reconfiguradas por ella misma. La investigación es una artesanía. Elaborada con el apasionamiento y la sorpresa de ser partícipes de editar con palabras -que juntas- adquieren algún sentido de ese otro y de esa otredad, de ese yo, que sí queremos nos lleva el encantamiento de la incertidumbre. La asiduidad nos lleva a que siempre deseemos querer.

Quizá, provisiones como otredades o alteridades indique mucho más que conceptos vacíos de sentido. Quizá sea necesario volver a pensar en la investigación  como la metáfora que nos dice que somos más que aquello que producimos, que los resultados que entregamos, que categorías indexadas, que meras cifras de códigos de barras. Quizá investigar es aquello que hacemos cuando nos encontramos al calor del aroma del café y de una buena conversación. ¿Será que aquello que ha caído en el olvido es el encuentro?

El encuentro de existencias, de cosmologías, de maneras de habitar, que pueden converger en caminos transitados de hilarantes diálogos. También en desencuentros, en ausencias, en silencios, en lo que se quiere olvidar o no se quiere recordar. Penélope –como nosotros- teje y desteje en los barcos de oro provistos de regalos del tiempo, para volver a armar sus posibilidades del encuentro deseado en los suburbios del olvido, mientras llega a casa Odiseo.