Año viejo, año nuevo

De acuerdo al calendario gregoriano que rige en casi todo el mundo, el año se termina en 31 de diciembre. Para los chinos el 2020 iniciará el 25 de febrero y será el año de la Rata de metal. El final de cada año es un momento cargado de simbolismos de acuerdo a los contextos culturales. Una tradición que se resalta en Latinoamérica es la del “Año viejo”: Un muñeco elaborado generalmente con ropa vieja, inspirado en personajes del mundo político y social reconocido, y que genera impacto de renovación, cambio, expectativas para las personas. Aunque en el presente se encuentra prohibido, aún en algunas partes de Colombia, en particular zonas rurales y ciudades intermedias se acostumbra a llenarlo con pólvora, para ser prendido justo a las 12 de la noche.

La tradición del año viejo nos hace pensar en aquello que se quiere dejar atrás. Es una especie de catarsis que elimina lo malo, desagradable y desafortunado del año que termina; y los nuevos propósitos para el que comienza. Cuando deseamos “Feliz año”, hacemos una alegoría a los buenos augurios. Por eso, la intencionalidad de muchos de los rituales que algunos suelen hacer: usar ropa interior amarilla o roja, comer 12 uvas junto con el mismo número de deseos, darle una vuelta a la manzana con una maleta deseando viajar, regalar espigas de trigo, comer lentejas para la abundancia, abrazar a alguien del género opuesto para tener relaciones afectivas exitosas, portar dinero en los bolsillos para que no falte la plata a sus portadores, encender todas las luces de la casa para las buenas vibras, entre otras.

Sea cual sea la tradición cultural o su ausencia, acá en Etnicográfica aprovechamos la oportunidad para desearle a todo el parche cibernético un 2020 pletórico de nuevas ideas, innovación, creatividad, responsabilidad con nuestro planeta, mucha lectura y escritura y, sobre todo mucha unión y amor familiar. Felicidades y abrazos a todos.

 

 

2 comentarios en “Año viejo, año nuevo

  1. Gracias querida Patty por tu interesante interpretación desde la antropología del cambio de año viejo a año nuevo. La catarsis que mencionas nos tiene que servir para enfrentar la vida todos los días como si fuera el último que viviremos. Los rituales nos permiten afianzar las costumbres que hemos adquirido desde la niñez y nos han dado la identidad que nos permite ser únicos y a la vez formar parte de nuestras familias. También te deseo felicidad y te envío un gran abrazo desde la fría y muy hermosa Bogotá.

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