Lo predecible de saber preguntar

Rosa Patricia Quintero Barrera

El trabajo de campo como se le conoce al acercamiento a aquellos con quienes se quiere hablar a profundidad sobre algo, implica –tanto- interés de quien pregunta como de quien responde, para lograr enredarse ambos en el diálogo.

Así, ocurrió el encuentro entre dos conocedores de la etnografía y de sus propias historias. No sé, si entrevistar de esa manera sea propicio. Porque llegar a los puntos aparte o a los puntos suspensivos, a los silencios, a las omisiones que suelen decir más, convoca a la vicisitud de profundizar o de cambiar el punto de fuga. Conversar con alguien que transita movedizo entre  el método etnográfico, el tema y la vida misma, recuerda la pericia que no se quiere conservar para ahondar en los temas.

Tantas formas de entrevistar. Las más fáciles son las de preguntas establecidas seguidas por respuestas que se anticipan; y las otras, en las que también se prevé qué va a ser dicho, pero permiten un juego de palabras/miradas/complicidades más detenidas/elaboradas/dispuestas. Se alcanza a respirar antes el hipertexto que va a inundar el aire, que va a ser dicho. Sólo es la pericia de quien observa/induce/lleva casi a desiertos sin salida si tiene a bien detenerse o seguir.

Quizá similitudes buscadas, que satisfarán premisas por la obviedad que dispone lo empírico y lo que ya se conoce. Se quedan en lo vano/fútil/cotidiano del arte de saber preguntar. Anidan en el sinsentido, por el contexto de cualquier entrevista, en la que las respuestas se saben y las preguntas también.

Por eso, en la mirada antropológica preferimos la observación. Sin colocación/suelta/divertida/espontánea, in situ como dirían los que se guardan en el saber. Diálogos y encuentros de ethos que subsisten en el mismo calendario, pese a que las existencias no sintonicen. No tienen por qué acordar, son senti-razones plurales. Y justo, eso, hace tan excepcional/maravillosa/inquietante la naturaleza humana, que –siempre- merece ser sorprendida por unas ciertas notas en una libreta de campo; que con letras de tinta verde no sólo registran las palabras y las corporalidades, sino también las pausas, las metáforas y los silencios intermitentes que más cuentan.

 

algo de lo que dice la noche de museos

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cómo no voy a decir que me gustas… es lo primero que se escucha, en la Plazoleta de Santo Domingo; al son de un bolero. Unos pasos más, hacia el Parque de Caldas: ¿de qué signo eres?Virgo. Ahhh, para qué quiere la piedra. Los números no me cuadran, son las rápidas cuentas que el artesano le hace a su compañera de viaje.

Llega la Noche de Museos en la Blanca Ciudad. Las personas se vuelcan a las calles del Centro Histórico. Los cafés, restaurantes, bares se extienden/adueñan de las vías públicas. Los bailarines de la Escuela de Danza  contornean sus cuidados cuerpos al ritmo del mambo, pasodoble, bolero, tango; justo al frente de la Gobernación del Cauca. El animador pide aplausos y la gente responde entusiasta.

Las personas caminan, van en parejas, en grupos de amigos. Conversan, se ríen, se saludan, se abrazan. Se respira diversión, calidez; en medio del aire un poco frío que recuerda de quién será ese cielo.

A mi, se me dificulta escribir.

Dale, inténtalo! Piensa en que le vas a contar a alguien que no conoce este evento y, tú le vas a dibujar con palabras lo que tus ojos quieren ver

Una niña se ha extraviado. – Sí, vé, por estar chatiando, se les pierden los niños. Pongan atención… Invitamos a la gente a que se acerque.

La apropiación humana de la calle, genera un ambiente de cordialidad. Las sonrisas instaladas en los rostros se vuelven contagiosas. Los pasos de quienes deambulan en grupo se colocan al mismo ritmo, por la proximidad de los afectos y de las complicidades.

La chica se colocó con una mesita improvisada a vender obleas. Dan ganas de la hostia gigante con arequipe y crema de leche, que con $2000 se pueden satisfacer. Mientras los muchachos en la banca, se ríen al unísono, se acomodan para las impuestas fotografías. El domicilio de la oblea vale $2000, le dice la chica que le lleva una, a la niña que se alegra un jurgo al recibirla.

– Mi amor bella, tú eres muy bella, cuándo me das una vuelta en tu bici, o mejor, yo te llevo.

Le arranca una sonrisa. Es el vecino que siempre se encuentra en la Panadería de La Pamba. Mientras sólo escucha y responde con un algo de cortesía; ella, espera verle entre la gente. Lo imagina con esa sonrisa que antes se posaba en su mirada de cristal. Le da escalofrío la -ya- prohibida remembranza, le recuerda la extrañeza del corazón, y va ocupando su lugar, la permanente melancolía.

Llega una oleada de Rap. El que está orgulloso de Colombia, no niega sus raíces. Acompáñenme con el coro: Rap consciencia, rap de verdad, rap con inteligencia. El cantante deja la a capela e inunda de nuevo -al aire- el son callejero, ahora con acompañamiento instrumental, que siempre ha fascinado: no tengo el conocimiento que tiene un doctor, pero tengo la autoridad de un mesías. Pide un aplauso a Dios. Canta/habla: mujer tu no eres perra, ni rata… porque eres valiosa. Se hunde en el discurso  religioso de coloración de evangelización aculturada, de algunos jóvenes de hoy.

De regreso a la Plaza de Santo Domingo, además de los cafés y restaurantes, se hallan varios vendedores ambulantes, que ofrecen variedad de alimentos y bebidas. Los transeúntes se han aglomerado en el lugar, a escuchar a la chica de pelo rojo que bellamente canta. Algunos caminan lento, se detienen, se rozan las corporalidades. Convergen olores de comidas con el fondo de la chirimia, que no puede ausentarse en el social payanés.

Y la noche llama al recogimiento del guardarse en las letras azules, de lo que se pudo escribir, porque no siempre fluye la posibilidad de querer profundizar en la mirada etnográfica.

 

 

Tzvetan Todorov y el descubrimiento del otro

todorovRosa Patricia Quintero Barrera

 

Tzvetan Todorov, piensa y vuelve a pensar sobre su propio quehacer intelectual y vital. Le conmovió tanto, su tránsito de la Bulgaria Comunista a la Francia Demócrata Liberal, al punto de asirse al estudio de lo que sucede cuando se encuentran los mundos. Cómo se piensa, se entiende o no se entiende al otro.

Su oficio de Crítico Literario le permite situarse entre él mismo y sus sujetos/objetos de estudio. Se detiene en la historia de los conflictos, sin dejar de lado las presencias inherentes, quien escribe y el hermeneuta de sus textos; ya que en últimas, ambos terminan familiarizándose con ciertas problemáticas de estudio. El intelectual mira desde sus herramientas abstractas, se le convierten en improntas conceptuales y metódicas de viajes de encuentros con esos otros, también dotados de identidades.

Todovov se tomó cuarenta de sus años para escribir su primer libro, La Conquista de América, porque el tiempo precedente lo dedicó a estudiar y a estudiarse, quizás a anidar filosóficamente. Su maravilla por América, nació en un curso de Crítica Literaria que hizo en México, y para narrar el mundo que quiso ver, se dejó atrapar por los relatos. Por eso, cuenta la Conquista de América valiéndose de historias de los Conquistadores; como aquella en que Cristóbal Colón, alardeando de sus saberes astronómicos, que le anticipaban un eclipse, amenazó a los oriundos de la costa de Jamaica, con robarles la luna sino le daban alimentos a él y a su tropa.

Todovov va más allá del texto, más allá de la descripción; le da por detenerse en las proyecciones de sueños y de fantasmas sobre realidades que se juntan -a ratos- entre quien estudia y los sujetos protagónicos de fragmentos de vida.

Les dejo con su propia voz, en la siguiente entrevista a cargo de los profesores Miguel Giusti y Fidel Tubino en el campus de la Universidad Católica de Perú:

Discurso sobre escribir de Alfredo Molano al recibir el Premio a Vida y Obra Simón Bolívar

Para el sociólogo colombiano Alfredo Molano al merecerse el máximo galardón del Premio Simón Bolívar escribir es:

“Es ir hasta mis confines guiado por la vida del que está al otro lado. Para mí, escribir es enfrentarme al ruido y al tiempo. Los primeros palotes, largos y negros, hechos con un lápiz sin punta, desbordaban los renglones del cuaderno; cuando aprendí a hacer las letras, palmer, con pluma, las manchas eran mi firma… No aprendí a escribir bien a máquina, pero me gustaba oír el timbre al final de la línea. En una vieja Olivetti logré sacar en limpio una denuncia sobre las injusticias que a mi manera de ver se cometían en el colegio cuando cursaba tercero de bachillerato…

En la universidad mi escritura se volvió acartonada y seca, no encontraba ni el tono ni el tema porque mis lectores eran profesores… Mi primer libro, escrito a mano y con lápiz como todos los de aquellos días, tenía tantas enmiendas como frases. Contaba mi encuentro con los ríos del piedemonte, con las guerrillas y con la coca. No fue propiamente un libro sino un cuaderno de campo escrito en una canoa, en una hamaca, en una estación de bus. No buscaba contar sino contarme. Quería conservar el eco de una madrugada a orillas del río Guayabero oyendo los micos churucos –que gruñen como tigres mariposos–; la peligrosa desconfianza de los guerrilleros y el vértigo alucinado con que los colonos machacaban con sus botas las hojas de coca, para sacar de ellas lo que ninguna promesa de gobierno había hecho realidad…

Escribí buscando los adentros de la gente en sus afueras, en sus padecimientos, su valor, sus ilusiones. Borraba más que escribía, hurgaba, rebuscaba el acorde de las sensaciones que vivía la gente con las que yo mismo llevaba cargadas en un morral. Un río crecido, una noche oscura, un jadeo debajo del aguacero que golpea un techo de zinc, el terror de oír armas en las sombras eran caminos por donde entraba la vida que se jugaba en las selvas y por donde llegaba su soplo a mis letras. Creo que sólo ahí, en el acecho, en el peligro, en el miedo aparecía el reclamo de justicia que yo buscaba para contarlo.

Escribir para mí es templar mis más secretas cuerdas y por eso tengo que borrar hasta traspasar la hoja, hasta encontrar el tono de la pasión por la vida y por la belleza que tiene la gente con la que me topo. La gente cuenta cuando se le oye y lo hace con una sinceridad limpia, cuenta lo pasado como si lo estuviera viviendo, en presente. Y lo hace con generosidad, con soltura, con humor, con fuerza. Chisporrotea. No es difícil oírla porque habla lo que vive. La dificultad comienza cuando el que trata de escribir no oye porque está aturdido de juicios y prejuicios, que son justamente la materia que debe ser borrada para llegar al hueso.

Mi oficio de escribir se reduce a editar voces que han sido distorsionadas, falsificadas, ignoradas. No puedo escribir una línea que, de alguna manera, yo no haya vivido. Por eso no escribo una sola sobre tecnología de la comunicación, sobre química o sobre jurisprudencia. Y por eso escribo con gusto cuando lo hago en primera persona. Escribir para mí, es ir hasta mis confines guiado por la vida del que está al otro lado. Mi escritura –o lo que yo llamo así– es un puente construido sobre los escombros del prejuicio, incluido el mío. He pagado un alto precio por apartarme de la mirada oficial, la que llaman “políticamente correcta”: tan falsamente objetiva como parcial y aséptica. He tomado partido contra las imputaciones criadas por el interés privado contra la gente que anda por las trochas y por los atajos, por las calles sin asfaltar, y que nada esconde porque nada tiene que perder.

El país está lleno de prejuicios, sometido a ellos. Han sido construidos con método, calculadamente, a mansalva y sobre seguro. Surgen de los miedos e intereses de los poderosos. Y avasallan, envuelven y destruyen. No sólo no dejan oír, sino que tampoco dejan ver. O más bien, dejan ver sólo lo que a través de sus oscuros cristales quieren ellos que se vea: un mundo de buenos y malos donde estos no son nunca ellos. Desde hace más de un siglo se está elaborando esa mirada, esa muralla, esa frontera. Transgredirla tiene costos: el aislamiento, el señalamiento, el bloqueo, en fin, el arrinconamiento. No es posible seguir mirándonos con un solo ojo, debemos desnudarnos para saber quiénes somos, para poder vivir juntos con todas nuestras flaquezas y nuestros errores. Hay que ir más allá, el horizonte alumbra y llama. El tiempo de la sangre está siendo sepultado”.


Felicitaciones al siempre bienvenido Alfredo Molano, sus geniales letras juntas, nos inspiran tanto y a tantos. Gracias, compartimos el merecido premio.

 

Fuente: Las inspiradoras palabras de Alfredo Molano al recibir el Premio a la Vida y Obra. Revista Semana. 3 de noviembre 2016

Tejiendo y destejiendo: ensoñaciones en la investigación

Alexander Luna Nieto

Rosa Patricia Quintero Barrera

 

…soñé tu figura lejos,

esperando en los suburbios del olvido (Penélope)

Y me vi solo,

zarpando en barcos de oro que llené con regalos para ti…

 

Roby Draco Rosa

 

penelopeEn su pretensión de responder a la pregunta qué es la ciencia, la investigación realiza aproximaciones, unas muy conceptuales, –metafóricas como es el caso de Penélope- y otras muy viscerales. Penélope nos muestra la metáfora que va de lo conceptual a lo visceral. Quizá quien investiga se descubre habitando el mundo en que trabaja tejiendo y destejiendo. Quizá esto diga acerca del carácter contradictorio de nuestra condición humana.

Ella –como nosotros- teje de día y desteje de noche. En la investigación nos arrimamos a alteridades y a otredades de colores, sabores, texturas, sonidos cambiantes. Ya Levinas nos ha recordado que el otro es aquel que rompe mis cuadros de contenido pensado. Esa ruptura con inherentes antagonismos es lo extraordinario de deshilar lo aparentemente aprendido, pensado, actuado, capturado en la fotografía, anotado en el diario de campo. En Penélope, no sólo anidan los contenidos, ni sus redes construidas. También habitan sus propias formas de entretejer, de armar las texturas, de recolectar materiales, de hilar sus provisiones abstractas y empíricas, de apropiarse de técnicas: unas nuevas, otras usadas, reconfiguradas por ella misma. La investigación es una artesanía. Elaborada con el apasionamiento y la sorpresa de ser partícipes de editar con palabras -que juntas- adquieren algún sentido de ese otro y de esa otredad, de ese yo, que sí queremos nos lleva el encantamiento de la incertidumbre. La asiduidad nos lleva a que siempre deseemos querer.

Quizá, provisiones como otredades o alteridades indique mucho más que conceptos vacíos de sentido. Quizá sea necesario volver a pensar en la investigación  como la metáfora que nos dice que somos más que aquello que producimos, que los resultados que entregamos, que categorías indexadas, que meras cifras de códigos de barras. Quizá investigar es aquello que hacemos cuando nos encontramos al calor del aroma del café y de una buena conversación. ¿Será que aquello que ha caído en el olvido es el encuentro?

El encuentro de existencias, de cosmologías, de maneras de habitar, que pueden converger en caminos transitados de hilarantes diálogos. También en desencuentros, en ausencias, en silencios, en lo que se quiere olvidar o no se quiere recordar. Penélope –como nosotros- teje y desteje en los barcos de oro provistos de regalos del tiempo, para volver a armar sus posibilidades del encuentro deseado en los suburbios del olvido, mientras llega a casa Odiseo.

La versión actual del plagio: Copy-paste y el “Rincón del vago”

El plagio es definido por la Real Academia de la Lengua Española como: “Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Hoy día ésta práctica se ha convertido en un hábito en las distintas etapas de la academia. Fomentada desde la educación en los colegios, en la que pocos profesores enseñan a sus estudiantes la manera de citar adecuadamente las  fuentes secundarias. Tampoco exigen que la bibliografía sea señalada.

Luego en la Universidad, se evidencia sobremanera cómo algunos de los muchachos al realizar un texto, proceden a leer de distintas fuentes, casi todas de internet, y después escriben con los datos que les queda en la mente. Ellos piensan que con señalar algunas referencias en la bibliografía es suficiente.

Sin embargo, es necesario citar en el cuerpo del documento, incluso cuando se trata de un resumen y por supuesto cuando se está copiando de manera textual. Además de señalar los datos completos en la Bibliografía. Existen varios modelos de citación, sobresale el uso en las revistas académicas y científicas: IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers) y APA (American Psychological Association).

Muchas personas consideran que copiar y pegar es investigar. Esa práctica alimentada y fomentada por sitios gratuitos como: http://www.monografias.com/ (El centro de tesis, documentos, publicaciones y recursos educativos más amplio de la Red), http://www.buenastareas.com/ (Una exclusiva base de datos de ensayos para estudiantes) y http://www.rincondelvago.com/ , entre otros.  

Recurrir a estos sitios para copiar información y luego presentarla como propia, o sea, plagiar, es un recurso de personas que quieren obtener resultados en el estudio y en el trabajo, sin el menor esfuerzo. En la Revista Semana #24 de 2011, se sostiene que: “El promedio actual es de 1.800.000 visitantes únicos al día, con un aumento del tráfico de 29 por ciento cada año”.

El problema no es que existan esos sitios en el cibermundo, sino que al momento de realizar un escrito o cualquier tipo de trabajo académico, no se presenten las fuentes bibliográficas y no se aluda al autor. Lamentablemente, desde el sistema educativo, son los mismos profesores y las personas encargadas de los estudiantes – incluyendo a los padres de familia- quienes no asumen una responsabilidad en cuanto a los derechos de autor y a la ética en la labor intelectual.

Por supuesto, surge otro tema en el debate, relacionado con la calidad de la educación y la formación de individuos no sólo en saberes específicos sino también en valores. Personas que en lugar de caracterizarse por ser mediocres, tramposas y perezosas; más bien se dediquen a hacer por sí mismas las actividades que les corresponde en su propia formación y en su responsabilidad con la sociedad.

Fuentes recomendadas para profundizar sobre el tema:

El refugio de los perezosos, en la Revista Semana 24/09/2011 – Edición 1534 

La generación ‘copy paste’, en la Revista Semana 01/11/2008 – Edición 1383 

Fetichismo de las citas a pie de página

Nota al pie de las notas al pie. Mauricio Gómez Morín. Malpensante.

Nota al pie de las notas al pie. Mauricio Gómez Morín. Malpensante.

A las referencias bibliográficas en la academia se le atribuyen los poderes sobrenaturales  de explicar o de relacionar aquellos argumentos que al escritor le quedan caros. Quizá no, pero que se vale de otro autor, uno afamado en el mundo científico, para validar su disertación.

No basta que un estudioso escriba sobre el tema que le ha cobrado tiempo, esfuerzo energético, cavilaciones constantes, a veces hasta el borde del sin fin de horas insomnes.   Más aún, sí no goza del prestigio y del reconocimiento de sus colegas que forman parte de las pléyades intelectuales: “La doblez académica del yo subordinado al autor famoso pasa al periodismo: el entrevistador que se arrastra, fingiendo admiración, para exhibir al entrevistado” (Zaid, 2005). En Colombia ese reconocimiento debe ser avalado por Colciencias, en donde aparecen las trayectorias de publicaciones en revistas que están clasificadas en categorías de indexación que indica la -supuesta- calidad del escrito y de paso de quien escribe.

Las notas a pie de página tienen distintas colocaciones en la geografía de los escritos, van de acuerdo a las modas vigentes en la escritura. Pueden estar al final de los capítulos, al final del texto, en las margenes o en la misma página. Hoy día es más común verlas en la misma página, en consideración a la comprensión rápida de quien lee.  En los pie de página se consigna información complementaria y en algunos modelos de referenciación son utilizados para indicar las fuentes bibliográficas. “La multiplicación de llamadas obliga a numerarlas. La hinchazón del segundo autor llega al extremo de crear un andamiaje crítico aparatoso que sepulta al primero. En vez de usar los andamios para facilitar la lectura del texto, éste se reduce a pretexto: una especie de cita extensa, total, para el verdadero texto, que son los comentarios” (Zaid, 2005).
La idolatría a las referencias bibliográficas se manifiesta en algunos centros académicos que exigen números determinados de notas al pie de página de referenciación bibliográfica, con el pretexto de demostrar la cantidad de textos leídos por quien escribe. Como sí el hecho de señalar una referencia indícase que en efecto el texto ha sido estudiado a plenitud; o se trata de la estrategia de citar por citar, sin conocer a los autores ni a sus obras. Según Gabriel Zaid (2005) las notas a pie de página “son molestas, recurrentes y omniscientes. Están en todas partes. Infestan los trabajos académicos. Entorpecen la prosa. No dejan pensar. Y encima se apoderan de la totalidad del texto”

Y escribiendo sobre la necesidad de validar lo escrito, les dejo con el análisis que -sin duda- mejor hace Gabriel Zaid en la Revista Malpensante:

Zaid, Gabriel. (2005). Nota al pie de las notas al pie. Revista El Malpensante. N.62. Bogotá