Palomas en el Parque de Caldas

Rosa Patricia Quintero Barrera

Susana, María, Juan, Leopoldo, Liliana, son sólo algunas de las palomas que socializan frente a la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción de la Ciudad Blanca. Algunas caminan siguiendo la misma dirección, mueven sus extremidades inferiores al mismo ritmo que su cabeza, parece que afirmaran algo. Van de izquierda a derecha, se devuelven, se quedan suspendidas.

Otras, en grupos más reducidos, de a dos, de a cuatro conversan sobre los asuntos del día. Alcanzo a escuchar que comentan sobre los resultados  del Plebiscito en Colombia. Unas argumentan sus decisiones volcadas en el voto que realizaron el dos de octubre de 2016. Se debaten entre el sí y el no, entre la reinserción de los guerrilleros de las FARC-EP a la vida civil. Aluden a la impunidad, a las repercusiones en la tenencia de la tierra, al papel de los medios de comunicación, a los comentarios de los políticos.

palomaLlega al grupo una joven paloma, vestida para la ocasión con su exuberante plumaje entre tonalidades de violetas, verdes y azules. Con su voz ronca, dice que ya que los humanos simbolizan a la paz –precisamente- con palomas, como ellas: entonces sí tienen muchos contextos para debatir sobre este tema.

De pronto, las palomas se agrupan con avidez porque un humano les echó maíz. Comen lo más rápido que pueden ya que así pueden consumir más. Los humanos que les brindan el alimento, le dicen a don Leopoldo que no sea tramposo, que las demás también tienen derecho a granitos de maíz. Él omite el reclamo y persiste en su avaricia de apropiarse de todo lo que está a su alcance. Me recuerda a los humanos que se adueñan de las tierras, de los bienes y de los modos de producción que sus congéneres les permiten.

A María y a Juan les llama la atención un grupo de humanos, alojados en una banca del Parque de Caldas. Los ven concentrados, observan el movimiento social del lugar.

Mira están escribiendo, parecen divertirse, dice ella.

¿Qué pensarán? Le responde Juan.

Observan que a veces los humanos conversan entre ellos, que su proximidad indica que se conocen, se sonríen y se tratan con afecto. Ven a otro humano que toma fotografías, que captura para siempre esos momentos irrepetibles. Pasa una joven humana con su cachorro, van contando las bicicletas que están parqueadas en el lugar. Tantas actividades que pueden realizar los humanos mientras el día apenas comienza, desde la atenta mirada de las palomas.

¡A mí me dan miedo las palomas! Dice un humano.

Susana y Liliana, que lo escuchan, se susurran para ellas mismas: a nosotras también nos dan miedo los humanos.

¿Por qué volaran contra el viento?

Entre palomas y humanos resultan hondas preguntas que nos mueven a pensar más allá de lo aparente. Quizá entre los que se matan entre sí, por avaricia y gusto de someter a los suyos, y aquellas plumíferas grises/violáceas que representan a la paz se pueda construir ese añorado estado de reconciliación en el espacio/tiempo que compartimos.

paloma_paz_chocolo

Del Maestro Chócolo


 

Agradecimientos especiales a: Edinson Añazco, Alex Yasnó, Anggie Mosquera, Julián Solarte, Francisco Bazante, José Manuel Narváez, Maryury Pajoy y Camilo Navarro; estudiantes de Diseño del Colegio Mayor del Cauca. Salida de campo en la Clase de Antropología.

 

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